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Mientras tecleaba con fervor sobre la querida y ruidosa Olivetti Lettera 32, en una sala de prensa del Mundial de México ´86, ni se me cruzaba por la cabeza que, 20 años después, estaría preparándome para cubrir mi sexto Mundial sumando una nueva tarea periodística: ser blogger.
En aquel tiempo, mi mayor preocupación era escribir la nota lo más rápido posible, porque ese papel impreso pasaría a manos de un operador que, a su vez, lo tipearía en una cinta de telex que, a su vez, se conectaría a una máquina para ser transmitido a Buenos Aires donde, a su vez, otro periodista debería retipear lo que recibía para recién empezar a plantarlo sobre la página.
Hoy, habiendo pasado por encima al fax de Italia 90, a las lentas transmisiones por computadora de Estados Unidos 94, a las más rápidas de Francia 98, a las conexiones inalámbricas de Japón Corea 2002, parece haber llegado el tiempo de Su Majestad Internet.
El tema es que Internet no excluye, sino todo lo contrario. Utilizada con criterio y aprovechada con ingenio es, a la vez, un medio en sí mismo -con la inmediatez y la interactividad como máximos valores- y también una herramienta que permite optimizar el rendimiento de otros formatos de comunicación, entre los que la información impresa reina por su capacidad de análisis y por la trascendencia de lo imperecedero. Que no se caiga el sistema, entonces, será el gran objetivo de los organizadores del Mundial: en materia de seguridad, todo se controlará por Internet; los tickets sólo se podrán comprar por Internet, y sacar pasajes, averiguar recorridos y consultar horarios, se hará por Internet. ¿Por qué no habríamos de potenciar el uso de la Red también nosotros, entonces?
Y ser bloggers , por ejemplo. Que por fea que resulte la palabra, no deja de ser otra manera -una más, complementaria y enriquecedora- de hacer periodismo.




