

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Madrid.– La muerte en Nueva York de Ken Caminiti, el ex beisbolista de las Grandes Ligas, vuelve a unir de manera fatal la cocaína con el deporte, una relación que se llevó por delante la vida de otros grandes deportistas como Marco Pantani, Reggie Lewis y la carrera de muchos otros, con Diego Armando Maradona al frente.
Caminiti, distinguido como “jugador más valioso” de la Liga Nacional de béisbol en 1996, con San Diego Padres, había sido arrestado varias veces por posesión y consumo de cocaína desde que se retiró en 2001. Siguió distintos programas de rehabilitación, incumplió varias veces las condiciones de su libertad condicional, intentó volver al béisbol como entrenador y, finalmente, murió anteanoche de un paro cardíaco, a los 41 años. Usuario confeso de esteroides durante su trayectoria profesional, advirtió que la mitad de los jugadores de las Grandes Ligas de béisbol hacen lo mismo.
Otro de los grandes del deporte mundial, el ciclista italiano Marco Pantani, murió en febrero último en la soledad de una habitación de hotel en Rímini, en su país. El resultado de la autopsia, conocido cuatro meses después, fue categórico: sobredosis de cocaína. El Pirata, ganador en 1998 del Giro de Italia y del Tour de Francia, estaba preso “de un delirio de cocaína y prácticamente había perdido el contacto con la realidad”, dijo el médico forense.
En sus últimos años, Pantani frecuentó clínicas especializadas en depresión y desintoxicaciones. Un destino muy parecido al del español José María “Chaba” Jiménez, otro gran ciclista muerto en diciembre de 2003, mientras residía en una de esas clínicas. Falleció de un paro cardíaco, después de años de lucha contra la depresión y las adicciones.
Una noche de fiesta en un período de baja por una lesión condujo a dar positivo por cocaína al ciclista alemán Jan Ullrich, que estuvo a punto de retirarse como consecuencia del escándalo, pero que logró superarlo y volvió a la alta competición con un cuarto puesto en el último Tour de Francia.
El deporte profesional norteamericano ofreció numerosos ejemplos de grandes estrellas enganchadas al polvo blanco: desde casos extremos, como el del basquetbolista Reggie Lewis, que murió de un infarto en un entrenamiento en 2003, hasta otros con final feliz, como el de Jennifer Capriati, rehabilitada y de regreso en la elite del tenis mundial.
Lewis, llamado a ser la gran estrella de la década de los 90 en Boston Celtics, murió a los 27 años. Ya había sufrido antes problemas de corazón. Dos años después de su muerte, un informe periodístico reveló que el alero consumía habitualmente cocaína, incluso antes de los partidos. Los Celtics ya habían perdido a otro hombre de futuro, Len Bias, en 1986, cuando el aún juvenil murió por sobredosis mientras celebraba su incorporación al equipo de Boston.
Ray “Sugar” Leonard, uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos, reconoció en 1990 que en la década anterior había sido consumidor de cocaína y alcohólico; otro gran pugilista, Pernell Whitaker –ganador de seis títulos mundiales en cuatro pesos distintos– fue hospitalizado en 2001 por sobredosis y juzgado en 2002 por posesión de cocaína.
En una clínica norteamericana de rehabilitación estuvo también internado el ex tenista australiano Pat Cash, campeón de Wimbledon en 1987, que admitió que las lesiones y la obsesión por triunfar lo condujeron al consumo de distintas drogas hasta colocarse “al borde del suicidio”.
El fútbol tiene una larga historia de positivos por cocaína y una abultada la lista de jugadores, activos y retirados. Diego Armando Maradona es el gran protagonista en este rubro, pero la lista se prolonga con Claudio Caniggia, los uruguayos Carlos Aguilera y, más recientemente, Fernando Correa, el colombiano René Higuita y el australiano Mark Bosnich.
La cocaína, con dos positivos distintos, puso un negro punto final a la brillante trayectoria del cubano Javier Sotomayor, recordman mundial de salto en alto (2,45 metros). En el primer positivo en los Juegos Panamericanos de 1999, su orina presentaba una concentración de coca 40 veces superior al permitido.


