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Son, La Dolfina y Ellerstina, los dos mejores equipos de este siglo. El primero, de hecho, desde su creación en 2000, jugó todas las finales de Palermo hasta hoy, salvo la de 2004. Y en 8 de ellas se enfrentó con su clásico rival, al que aventaja por 5-3 en esos duelos apasionantes. Nadie discute que este clásico del polo moderno, que mañana vivirá otro capítulo decisivo, se fundamenta en la calidad de sus jugadores. Pero cuando se consulta a expertos sobre el rotundo éxito de ambos equipos, una de las primeras respuestas que surge es la organización que los rodea.
Visitar Ellerstina, en General Rodríguez, es casi un deber para cualquier amante de este deporte. Con nueve canchas de primer nivel y boxes para 322 caballos, este club es sinónimo orden y eficiencia. "En los palenques somos alrededor de 50 personas. Diez por jugador que se ocupan exclusivamente de los caballos y otros diez que nos repartimos diversas tareas", comenta Fernando Marenco, quien hace 6 años trabaja en el club como encargado de la logística del equipo. "Así como ellos son 10 goles arriba del caballo, nosotros tenemos que ser 10 goles abajo. Desde saber qué bebida le gusta a cada jugador, hasta tener preparada la toalla mojada entre cada chukker", agrega.
Otro factor clave es la constancia. Gustavo Gómez es petisero y está con Adolfo Cambiaso, el crack de La Dolfina, desde hace 18 años. Forma parte del equipo de 14 personas que lo asisten los días de partido. "Hace 12 años que somos los mismos y la rutina la sabemos de memoria. El día de partido es como cualquier otro. Para nosotros, el sábado no existe, sabemos que esto es así, pero nos gusta hacerlo", comenta Gómez, que comenzó en la profesión a los 14 años, siguiendo los pasos de su padre. "Durante el partido hay que estar muy concentrados porque cualquier cosa puede pasar. Tenemos que hacer todo para que Adolfito esté cómodo", comenta.
Algo parecido sucede en Ellerstina. "Llegué al club en 1986 y estuve 14 años con Gonzalo Pieres. Después trabajé con Cambiaso, con Agustín Merlos y con Carlos Gracida, pero en 2007 me llamaron porque necesitaban alguien que les diera una mano", explica Ricardo Force, de 60 años, que hoy trabaja con Gonzalito. "A los Pieres les debo todo, son una familia para mi", detalla, graficando el compromiso que tiene con el equipo.
"El jugador, el petisero y nosotros somos las tres patas de una misma mesa. En cuanto uno le erra, se cae todo", dice el veterinario Santiago Buigues, quien cuida los caballos de Polito, Facundo y Nicolás Pieres. Buigues tiene a su cargo 45 caballos para el Abierto, a los cuales debe revisar todos los días. "En esta época no podés faltar. Hay que estar en cada detalle. Se realizan chequeos para que no hayan sorpresas ni lesiones que puedan prevenirse. Generalmente, las novedades aparecen en la semana que los chicos quieren guardar a su mejor lote", reflexiona, dejando en claro la importancia del cuidado y la prevención.
El veterinario de Adolfo Cambiaso y Pelón Stirling es Juan Pablo Quiroga. "Son 30 los caballos aptos para el Abierto, aunque a Palermo llevamos unos 12 o 13", cuenta este catamarqueño, de 36 años, que comenzó a trabajar con Cambiaso ni bien se recibió, en Río Cuarto. "Estando hace tanto tiempo no te das cuenta de lo que son estos caballos, lo tomás como algo normal. A muchos de los que hoy juegan los vi nacer o los conozco de la doma", dice, y agrega: "El que arma la lista es Cambiaso. A mi me pregunta si los vi bien, si comieron bien o si tuvieron algún problema puntual".
Si bien en el polo resulta fundamental la caballada, desde hace algunos años los jugadores comenzaron a tomar recaudos en cuanto a su físico. Uno de los precursores fue el ex futbolista Pablo Erbín, que trabaja en Ellerstina hace más de 10 años. "Llegué por medio de Gonzalo. Empecé a entrenarlo a él y a unos amigos cuando se retiró y en 2005 Gonzalito y Facundo me pidieron que los ayudara a ellos. Cuando terminó la temporada me ofrecieron unirme al equipo y así se armó esta relación. Hoy son mi familia", cuenta el ex defensor de Boca, River y Estudiantes, que pasa más de 7 meses al año de gira con los hermanos.
Juan Carlos Menchón fue preparador físico de Erbín en Estudiantes en 1992. Actualmente trabaja con Cambiaso y Stirling, y al igual que Erbín, acompaña a Dolfi todo el año. "Junto a María (Vázquez) hacemos un plan integral. Ella organiza la comida y yo el entrenamiento. Adolfito es difícil porque pasa mucho tiempo en las caballerizas y así se saltea muchas comidas. Tratamos de cambiarle el mate por algún alimento saludable", cuenta entre risas. "De todos modos, él hace mucho trabajo de prevención y este fue un año muy bueno", agrega satisfecho, dada la notoria recuperación física del N° 1, que había estado aquejado en los últimos tiempos por distintas lesiones.
Otros de los roles es el de DT. Tal es la importancia que ambos equipos le dan al puesto que eligieron para ello a dos personas de vasta experiencia. Aunque Milo Fernández Araujo prefiere mantener un bajo perfil y piensa que apenas da "su opinión", Pelón Stirling considera a este tricampeón de Palermo como "el quinto elemento" del equipo.
En cuanto a Ellerstina, no hay mucho que agregarle al nombre de Mariano Aguerre. Con 9 goles de handicap, Aguerre cumple la doble función de coach y suplente. "En lo que más ayudo es en la puesta a punto de los caballos. También conozco las virtudes y falencias y puedo aportar una mirada externa", apunta quien ganó 9 veces el Argentino Abierto.
Aunque son sólo cuatro los que entran en la cancha, hay un gran equipo detrás del equipo; para ellos, "una familia", que trabaja en función de los logros y que La Dolfina y Ellerstina den siempre un paso adelante. ¡Y vaya si hacen la diferencia!



