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Dedicación es un término bastante en desuso en el boxeo argentino, aunque está comprobado que su aplicación constante puede llevar a lo que se anhela. Pese a que no sobran, los ejemplos existen. Marcelo Domínguez construyó su carrera siguiendo este dogma y llegó a lo más alto: fue campeón mundial de los cruceros durante casi tres años, luego de intentarlo sin éxito en una oportunidad.
Tras perder la corona, a principios de 1998, a pesar de la falta de competencia que su categoría ofrecía -y lo sigue haciendo- en la Argentina, Domínguez continuó abollando a golpes las bolsas de entrenamientos, en los gimnasios de la Federación y de la sede de Huracán. Se encontró con un escollo impasable, el cubano Juan Carlos Gómez, que no le permitió recobrar el título.
"En ese momento me encontré con un gran boxeador, no tuve excusas", recuerda Domínguez, en conversación telefónica con La Nación . Se le adivina una sonrisa a la distancia. El Gordo (como se lo conoce) se encuentra en Hamburgo, Alemania, y desde allí espera subirse al "último tren", como él mismo se encarga de calificar. El 21 del actual, Domínguez peleará con el británico Johnny Nelson, campeón crucero de la OMB, en Sheffield, Inglaterra. "Es una oportunidad que no puedo dejar pasar. Ya no tengo más ganas de volver a escalar, más en la Argentina, donde no hay tanta competencia. Hay que acordarse de que varias peleas las tuve que hacer en Uruguay", afirma el peleador de Parque de los Patricios, de 31 años.
¿Qué hace en Alemania? De un tiempo a esta parte, Hamburgo se convirtió en la capital europea del boxeo. Allí tiene su sede la empresa Universum Box Promotion, que cuenta entre sus filas a pugilistas de la talla de Artur Grigorian, los hermanos Klitschko e Istvan Kovacs (vencido por Chacón el mes último). Domínguez también tiene un convenio con Universum, cuyo dueño, Klaus-Peter Köhl, le ofreció sus instalaciones para ultimar su preparación y adaptarse al horario y al clima.
"Acá tengo todo lo que necesito -sostiene Domínguez-. La puerta de mi habitación da al gimnasio, así que llego a entrenarme hasta cuatro veces por día. Encima me trajeron sparrings de las mismas características que Nelson; hay uno de Ghana, un norteamericano y un serbio trabajando conmigo."
No hay demasiado tiempo ni lugar para la dispersión. Cuenta que las partidas de yenga con Carmelo Cuello, su entrenador, y con Norberto, su padre -los únicos que viajaron con él-, cada vez aplacan menos la nostalgia que siente por la lejanía de su familia. Echa de menos a su esposa, Nancy, a sus hijos Julián (tres años) y Melina (3 meses), pero es consciente de que es un sacrificio que merece la pena.
"¿Si extraño? ¿Tenés hijos vos?", pregunta sin necesidad de oír una respuesta. "Es cierto que tengo la paz que necesito para concentrarme en mi desafío. En Buenos Aires, llegaba a casa y me recibían los gritos de los chicos. Pero acá vuelvo a la habitación y están Carmelo y mi viejo que sólo me hablan de boxeo", suena su risa, imagina uno la mueca de su mandíbula tan peculiar.
-¿Contemplás la posibilidad de perder?
-(Hace una pausa) Obviamente. Podés ser el mejor del mundo, pero tenés un mal día y te noquearon. Eso sí: si pierdo, es automático el retiro. No quiero seguir para que me usen de escalera...
No se le escuchan declaraciones altisonantes ni soberbias. Prefiere centrar esa energía en el gimnasio. "La dedicación es lo que me permitió llegar a donde estoy. A mí nadie me regaló nada; al contrario, siempre me pusieron piedras en el camino", dice y no suena a queja.
Compromiso, sacrificio..., dedicación. Marcelo Domínguez ubicó estas máximas bien al frente, sin importarle las discusiones sobre si es pegador o no, si su estilo es tal o cual. Por eso, señala, le llegó justo un regalo de Carlos, su hermano: una biografía sobre José de San Martín. "Me sirve mucho en lo anímico; en menor medida, yo también busco realizar una proeza."
El lunes próximo Marcelo Domínguez viajará rumbo a Sheffield para esperar la pelea del 21 del actual, por la que cobrará una bolsa bruta de 70.000 dólares (incluye sponsors y derechos de televisación -en nuestro país se verá por Space-). Esta será la 10a pelea de Domínguez por un título mundial y la cuarta ocasión en la que intenta ganarlo.


