El fútbol del "pan y el circo"

Por Enrique Macaya Marquez Especial para La Nación Deportiva
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31 de octubre de 2000  

Cuando -video mediante- se observa con atención la reacción de los jugadores de Racing al festejar sus goles, parece hasta desproporcionada la celebración si se pretende considerar el significado del logro y la envergadura del rival.

No se trata de una final, no alcanza para mezclarse en la pelea por un lugar cercano a la punta, y sin embargo las expresiones de júbilo se abrazan compartidas con la multiplicada presencia de un público sometido al sufrimiento, como si se hubiera conseguido un campeonato.

En un profesionalismo duro, son gestos difíciles para explicar y para entender. No resignarse aun en la resignación.

Porque en la competencia laboral no parecen estar presentes algunos valores que más acentuadamente se notan en la práctica lúdica. Hay quienes sostienen que las propias características del deporte albergan connotaciones psicológicas al involucrar al jugador con el inicio del juego. Se abre la puerta de ingreso en un mundo en el que puede llevar a cabo una actividad excitante, llena de sentido, que lo aleja y libera de sus preocupaciones cotidianas, que -paradójicamente- están mucho más vinculadas con la responsabilidad del trabajo.

¿Cómo entender que los que juegan a la vez trabajan? ¿Que sus responsabilidades cotidianas están referidas directamente a la calidad del juego y sus resultados..?

Allí, en la alternancia entre el placer y malestar, entre tensión y distensión, se supone que el aspecto lúdico quedará enterrado por el cúmulo de presiones y por la racionalidad de los fines que exige la alta competencia.

Pero el jugador, este tan familiar y extraño protagonista, se somete con gusto al código del estrés. Y algunos entienden que no sólo es parte de su vida, sino que es su vida. Este fútbol que produce gladiadores y actores, también exhibe a sus héroes y a sus proscriptos. Los hinchas se identifican con ellos o los maldicen. Son juguetes de quienes desde el lugar de la observación les bajan el pulgar o los convierten en ídolos.

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Está muy claro que la actualidad de este deporte en la Argentina refleja la imperiosa necesidad de desprenderse de quienes son su parte vital y sostén de su misma existencia.

Claro que hay una obligada y casi rutinaria reposición, pero por impericia o por falta de ingenio, o por razones que señalan concretamente al subdesarrollo que vive más allá del mismo fútbol, lo mejor se exporta.

Hoy, con Boca puntero, se hacen cálculos de quienes ya no estarán el próximo campeonato. Con la discusión abierta sobre la explotación de los contenidos, del cambio del rumbo comercial, de la imperiosa necesidad de conseguir otros alimentos que sostengan el esfuerzo de permanecer en competencia.

Así, River declara su necesidad de vender. Y todos los otros que se mezclan en la pelea, como Gimnasia o Talleres, no pueden evitar hacerlo e incrementan su voluntad por concretarlo. Es una indiscutible realidad que castiga el contenido del espectáculo. Los jugadores se van sin siquiera saludar. Se fue el joven Ricardo Verón, de 19 años, se fue el gladiador Chilavert, de 35, y se seguirán escapando empujados por la necesidad propia y la de los clubes.

Se dice que el fútbol moderno cumple con las funciones de "pan y circo" o pan y juegos para los grandes grupos, tal como se lo conoce desde los tiempos de los romanos. Kant se detuvo para sostener; el hombre necesita de ambas cosas. El pan y los juegos. El pan para existir y los juegos para disfrutar de esa existencia. Amigo Kant, lamento comunicarle que cada vez hay menos pan por lo que es casi imposible conceptuarlo en términos de juego. Hasta pronto, en cualquier picado.

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