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LA HABANA (Especial).- Cuando el 22 de enero de 1993 la atleta cubana Ana Fidelia Quirot sufrió graves quemaduras en un accidente doméstico estuvo a punto de morir. Estaba embarazada de siete meses, y a pesar de los esfuerzos de los médicos por salvar a su hija, la pequeña Javiana Fidelia falleció unos días después de nacer.
Le pronosticaron que difícilmente podría volver a desempeñarse en su deporte, pero ella estaba dispuesta a trazar una conmovedora historia de vida. Con notable esfuerzo y voluntad se recuperó, fue dos veces campeona mundial en los 800 metros. La historia deportiva de Quirot, de 36 años, recorrió el mundo. Pero sin duda ayer, cuando nació su hija Karla Fidelia, le torció el brazo definitivamente al destino.
"Este es el premio a la vida, es el más merecido triunfo de toda su carrera", dijo el tres veces campeón olímpico y actual presidente de la Federación Cubana de Atletismo, Alberto Juantorena, en una entrevista con el noticiero vespertino de la televisión nacional de Cuba.
Ana Fidelia Quirot nació en Palma Soriano, una localidad cercana a Santiago de Cuba. Su carrera en el atletismo siempre la tuvo entre las mejores. Fue cuarta en los 800 m en el Mundial de Roma, en 1987, y segunda en la misma distancia en Tokio ´91. En los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992, obtuvo la medalla de plata, y ya se la conocía como "La tormenta del Caribe".
Pero entonces llegó el accidente, en el que sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en un 38 por ciento de la parte superior del cuerpo. El doloroso camino de la recuperación duró más de dos años. En ese tiempo fue sometida a siete operaciones.
Pero volvió. Fue en el Mundial de Gotemburgo, en Suecia, en 1995, cuando se consagró campeona de los 800 metros (1m56s11/100). Después, fue medalla de plata en los Juegos de Atlanta ´96 y repitió su título mundial en 1997, en Atenas, Grecia.
Desde hace muchos años, Quirot -casada con un empresario italiano- comentó sus intenciones de dejar la actividad para dedicarse a ser madre. Ya comienzos de este año cumplió su sueño, cuando anunció que no iba a participar en los Juegos Panamericanos de Winnipeg porque estaba embarazada.
