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LA PLATA.- Tan particular como su forma de ser, Rubén Luis Di Palma observó la carrera inolvidable de Marcos, su hijo, desde su helicóptero.
Durante las últimas vueltas, la máquina sobrevoló muy de cerca al Chevrolet número ocho. Junto con el veterano piloto, de 55 años, que ayer no corrió por falta de presupuesto, se encontraba el fotógrafo Oscar Mosteirín, de la revista Corsa, que comentó: "Era impresionante cómo se ponía nervioso. Miraba a su hijo desde arriba y escuchaba la radio. Le gritaba que no acelerara tanto, que ya tenía la carrera ganada. Hasta parecía que se paraba en el helicóptero".
Durante la revisión técnica, Marcos salió del parque cerrado y se encontró con su padre. Ambos se abrazaron muy emocionados.
"Es una gran alegría. Este triunfo es muy importante para él. Era un peso que se sacó de encima. La otra vez, en casa, decía que hasta mi hija Andrea ganó en el TC, porque ella me había acompañado en mi victoria de Buenos Aires, y él todavía no había festejado. Yo notaba que él se sentía mal", comentó Rubén Luis DiPalma, que dejó su helicóptero estacionado a la vera de la recta principal, mientras buscaba al ladrón que le quitó una puerta de su aparato.
"Yo me puse mal porque Marcos sacaba más diferencia y gastaba el auto. Si llegaba a entrar el auto de seguridad, se quedaba sin nada", comentó Rubén Luis.
Sobre las comparaciones entre la victoria de Marcos y las suyas, el viejo DiPalma reflexionó:"Es muy difícil hacer paralelismos. Yo gané en la cuarta carrera. Pero hoy (por ayer) presencié la victoria de mi hijo. Eso me pone tan bien como cuando triunfan mis otros hijos. Ahora, Marcos va a correr más distendido. Yo tengo 55 años y él apenas 24. Tiene 21 años más para superar mi trayectoria en el TurismoCarretera y en el automovilismo en general".


