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Hay una discusión que se debe el rugby de alta competencia de los últimos años, ese mismo que viajó más rápido de lo imaginado en el tiempo y que aún, en varios temas, parece sufrir el efecto del mareo propio del jet lag: ¿A dónde ir con un juego cada vez más global, cada vez más competitivo, cada vez más exigente desde lo físico y, también, cada vez más profesional y con múltiples actores externos (TV, patrocinadores, empresarios) disputando distintos y determinantes tipos de partidos? Ahora el tema que quema es el scrum, pero ocuparse sólo de esto es como colocar un parche en una cañería llena de agujeros. Hay, y lo atañe a la Argentina especialmente, un contexto que va más allá de si se empuja un centímetro más o menos en el fijo, que, dicho sea de paso, es todavía una de las formaciones distintivas del Rugby Union.
En ese contexto –siempre esencial es el contexto para poder analizar la gran foto- se ha perdido de vista que se está legislando para evitar la trampa y que, en pos de ser más exitosos y más competitivos, ya existen campeonatos nacionales de M16 en un deporte amateur que, proyectándolo, apunta de ese modo a tener contratados a jugadores cada vez de menor edad. Hasta dónde van a llegar es una incógnita que nadie de los que tienen poder de decisión plantea ni contesta. Precisamente, las nuevas reglas del scrum determinadas el lunes por la UAR (tras reuniones de gente idónea en el tema y otra no tanto) y que mutilan gran parte de su técnica, se pondrán en práctica en un Campeonato Argentino M16.
Se ha valorado, y se lo sigue haciendo, cómo, con el scrum, la UAR tomó el tema de la seguridad de los jugadores, que es lo que no se debe negociar bajo ningún aspecto. La grave lesión cervical del pilar del SIC Jerónimo Bello significó un límite que ya no vale discutir si no se debió ponerlo antes. La cuestión es que se tomaron medidas que funcionaron en los partidos finales del URBA Top 14. Los cuatro ojos arbitrales y la decisión de castigar a aquel que no cumple con el reglamento permitieron lo básico del rugby: el scrum se jugó.
Pero estas nuevas resoluciones dictadas por la UAR, aprobadas por la World Rugby -que había tomado a la Argentina como banco de pruebas para el futuro del scrum- tienen, especialmente en limitar la distancia del empuje, aristas que no apuntan sólo a cuidar el físico de los jugadores, porque no hay nada que garantice que un jugador no se va a lesionar porque el scrum sólo se deslice hasta un metro y medio. Parece, simplemente, una regla efectista para que el scrum deje de ser una formación por la cual se pueda doblegar lealmente al otro equipo, a cambio de que el juego sea más atractivo para los actores externos.
No se ha llegado al tire y saca o a la muerte del scrum, pero sí se ha legislado a propósito de los que hacen trampa y no a favor de aquellos que planten una puja leal en el fijo, que, por otra parte, en el rugby internacional ya se lo ha desvirtuado permitiendo a los medio scrum arrojar la pelota torcida; o sea, a hacer trampa.
La discusión alrededor del scrum continuará. Aún no se abordaron otros debates que también atañen a la salud del contexto del juego del rugby.
gs


