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El VAR ya es un punto de inflexión en la Copa América como para no detenerse a reflexionar sobre su uso en Brasil. En ocasiones es recomendable analizar por qué a las cosas conviene llamarlas por su nombre para entender cuál es su funcionalidad. El VAR (sigla de video assistant referee) es una herramienta creada en el fútbol para darle asistencia de video al árbitro para la toma de decisiones en cuatro aspectos del juego. No es un recurso para que utilicen los entrenadores, no es un soporte de airados reclamos de los futbolistas y mucho menos un instrumento de medición para que relatores y comentaristas evalúen sus propios aciertos o pareceres. Si el cuchillo sirve para cortar, no podemos culparlo de que no pueda levantar un poco de sopa.
Lo que sí es posible debatir, más allá de que en fútbol se considera que todo es discutible todo el tiempo, es si el recurso tecnológico es el mejor que puede tener el juego en este momento histórico. En ese sentido, la FIFA mantiene esa conversación abierta con la idea de permitir que los espectadores escuchen el intercambio del árbitro con sus pares en la sala de control. La promesa viene desde el propio Mundial de Rusia, pero no hay precisiones sobre ese agregado al sistema.
A esta altura, la FIFA entiende que dio un paso gigante para hacer más limpio el juego y ofrecer cierta dosis de justicia: durante Rusia 2018 hubo en promedio 19 situaciones por partido analizadas con el VAR, con 16 cambios de decisiones. Como se explicó en muchas ocasiones, el VAR es una herramienta de monitoreo constante y no ocasional, como suele creerse cuando el árbitro hace explícita su utilización en la cancha. El nivel de precisión fue del 95 por ciento en todo el torneo. Gianni Infantino, presidente de FIFA, se jactó de que en el Mundial no hubo ninguna tarjeta roja por juego violento (los jugadores cambiaron su comportamiento a partir del VAR) contra 16 expulsiones registradas en Francia 98, veinte años antes. Infantino también decretó la muerte de los goles en offside en los Mundiales. Todo gracias al VAR.
En noviembre del año pasado, Nicolas Evans, responsable del departamento de investigación e innovaciones tecnológicas de la FIFA, ofreció una conferencia para directivos de clubes en la Superliga. Durante su charla dejó en claro cual es el objetivo del uso de la tecnología en el fútbol: "Ver un buen partido. Asegurarnos de que el jugador está protegido, en buena salud, y que el árbitro está en condiciones de tomar las mejores decisiones. Desde nuestra área técnica buscamos la manera de ayudar. El ejemplo del VAR es claro: el árbitro era el único tonto sin acceso a la televisión. Todos en el estadio podían enterarse con sus celulares. Por eso había una necesidad real de cambiar esa situación..".
El VAR implica ir hacia un cambio cultural en el modo de apreciar el juego. Si hubo quienes predijeron el apocalipsis décadas atrás, cuando el arquero ya no pudo tomar con la mano la pelota por un pase del compañero, el hecho de incorporar algo que se enchufa traería otra "muerte" del fútbol para el largo historial de vaticinios. Las equivocaciones en el uso del VAR, en todo caso, podrán ser adjudicadas al factor humano. Todo es posible en la órbita de la Conmebol donde en la formación oficial de la Argentina puede jugar un tal "Guido Messi" y Radamel Falcao ser bautizado "Radamar" en la transmisión en vivo de un partido.

