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BALCARCE.– Las fatalidades o las tragedias duran apenas un segundo. Es ese instante que queda grabado a fuego para quienes son testigos de esos momentos que cambian el destino. Suele ser en la vía pública, en los accidentes domésticos, en las actividades de "alto riesgo", como el automovilismo deportivo.
Ayer se sucedieron una serie de "segundos fatales", que derivaron en la muerte de Guido Falaschi. Y a ello se suma también una serie de características que competen a la seguridad y que se potencian ahora con las trágicas consecuencias. En el automovilismo deportivo hay dos situaciones que los pilotos tratan de evitar por su alta peligrosidad: el impacto frontal y la desaceleración a cero (el golpe de Ayrton Senna en la F.1 en Imola, por ejemplo, o el impacto de Roberto Mouras contra el talud de tierra, en Lobos, ambos en los años 90) o el auto cruzado en medio de la pista, expuesto al impacto lateral, como el de ayer.
En medio de los cuestionamientos de la seguridad del circuito balcarceño, el accidente de ayer (el auto cruzado) puede ocurrir en cualquier lugar. Lo que se interroga ahora es lo que sucedió antes de esa instancia.
Al margen, hay elementos que ahora se observan con la lupa de la seguridad. Neumáticos sueltos, que volaron cuando los coches impactaron contra las filas de contención. Este tipo de protección se realiza con columnas de 5 o 6 cubiertas, enzunchadas entre sí y sujetas a una distancia prudencial del muro de contención, para evitar el rebote del auto en cuestión.
Más allá de las carencias o no de cada escenario, la mirada también hace foco en la actitud de los propios protagonistas. Muchos de ellos no desaceleraron ante una situación caótica como la que se produjo ayer en la última vuelta. Es cierto que es un lugar "ciego", de poca visibilidad al salir debajo del puente a una curva a la derecha. Segundos antes, Leonel Larrauri fue advertido por los banderilleros de que estaba por ser rezagado. Y allí comenzó el caos, con su despiste y el de Falaschi. En el otro sector del circuito, Emanuel Moriatis había quedado "colgado" con su Ford en la chicana. No apareció el auto de seguridad. Mariano Calamante, uno de los comisarios deportivos, aseguró que se encendió la luz amarilla del SIF, un dispositivo lumínico ubicado dentro de los autos que indica a los pilotos que no deben superarse.
Elementos sueltos en medio del dolor. Para reflexionar…
rberasategui@lanacion.com.ar


