

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
Elida Sandra Agüero es una suerte de show woman. Un poco forzada por la situación económica propia de los argentinos, que la obliga a buscarse un sustento para vivir, y un mucho porque le gusta cada cosa que hace. Ella trabaja en una joyería céntrica de la que está a cargo; se dedica a la música –está en la preproducción de su segundo disco– y a la esgrima, disciplina en la que más se destaca, ya que es multicampeona argentina e internacional.
Y como esgrimista de alto nivel que es, Elida encarna esa figura –tan desarrollada en los países no desarrollados– del atleta por mero amor al deporte, aun cuando ese amor resulte deficitario para la economía personal. “A nosotros nos ilusiona tener una copa, una medalla, algo lindo que el día de mañana sea un legado a nuestras generaciones posteriores como muestra del esfuerzo que uno hizo”, rescata Eli en su aspecto romántico, que por cierto no puede desentenderse del pragmático: “Hoy por hoy, si uno no acompaña el deporte con el trabajo, no puede vivir, porque el trabajo le ganó al deporte”, lamenta.
Agüero es de lo mejor en el país; basta echar un vistazo al ítem “logros” de la ficha personal contigua para conocer su magnitud como esgrimista. Viene de una familia tradicional en este deporte, llena de pergaminos entre padre, madre y un hermano, pero ella empezó tarde, a los 26 años –hoy tiene 34–, unos quince después de lo normal. Desde entonces, su trayectoria se montó a un meteórico ascenso, pero los éxitos no fueron gratuitos, sino que llegaron mucho sudor mediante: Elida se levanta muy temprano; se entrena –antes y/o después de ir a trabajar– durante cuatro horas, que llegan a seis en vísperas de competencia; si lo necesita recurre al living y hasta a la terraza de la casa de su entrenador para ensayar; afronta los gastos de su deporte, en el que un traje puede valer 1000 dólares y los repuestos que hay importar, por ejemplo, de Rusia, pueden variar entre 30 y 150.
Ese sudor y sus consiguientes lauros le valieron a la esgrimista una de las becas de 300 pesos mensuales que otorgaba la Secretaría de Deportes de la Nación, pero... “Tengo un trabajo estable que es lo que me permite vivir. Y –no quiero ser desagradecida– algo de ayuda de la Secretaría, pero estoy un poco enojada porque desde hace cuatro meses no cobramos, más allá de que jamás la recibí en término. Eso quita las ganas, la ilusión, la fuerza, no sólo a mí, sino también a los entrenadores, a los pibes que vienen atrás... Uno se levanta a las 5 de la mañana, trabaja, le dicen: «Vos tenés que rendir para medalla de oro, ¿eh?» y para comer le tiran un pan duro... Hace poco gané el Panamericano, en Porto Alegre; si no quedaba campeona, no me mantenían la beca. Cuando uno sale del país tiene que solventarse los gastos y la plata se va...”, explica Agüero.
Pero la autoexigencia y los sinsabores económicos se compensan con su otra pasión: la música. “Canto desde chica, cuando estaba en Villa Gesell, donde viví hasta que empecé la facultad. Es un lugar de playa, de guitarreadas, de estar desinhibida y cantar, compartiendo con amigos. Grabé un disco de pop latino hace tres años como solista y tuvo mucha aceptación en la gente. Ahora estoy en la preproducción del segundo, con bastante aire, porque la gente del deporte me dice: «Dejate de hinchar con la música porque tenés que abocarte al deporte»”, cuenta complacida, con la idea de incluir varios temas de letra propia.
Entre otras cuestiones personales, Elida planeó varias veces casarse, pero siempre la presencia de un gran torneo por delante lo posterga. Sería ése otro costo por reprochar a la esgrima, pero por fin ella admite: “Me encanta lo que hago; sarna con gusto no pica. Me quejo de quejumbrosa que soy, porque me gusta que me digan «¡ay, pobrecita, cómo lucha!», porque a las mujeres nos encanta que siempre estén levantándonos el ánimo. Sí me da tristeza, en un país que tiene tantos deportistas y tanto talento, no poder brindar más a mi patria. A mí no me gusta que en un Mundial icen la bandera francesa y tener que quedarme parada: me emociona que icen la mía. Uno trabaja por la ilusión de que otros vengan atrás y digan: «Sí, es posible. Hay un camino». Si perdemos la esperanza, estamos acabados”.
Elida Agüero es una clara exponente de lo que hace unos días LA NACION Deportiva denominó “la otra Argentina”, o sea, la de los atletas que consiguen grandes resultados en las adversas condiciones que imponen el amateurismo y el medio local. Por eso, un deseo de Eli para el final: “Que sigan apoyándonos de alguna forma para que el deporte se difunda. Vale la pena que sigan alentando a los deportistas, porque uno compite con pura ilusión, sueños, ganas de ganarles a muchos países y decir «vamos, Argentina, todavía»”.
Nombre y apellido: Elida Sandra Agüero
Lugar y fecha de nacimiento: Buenos Aires, 18/5/67
Apodo: Eli
Estatura y peso: 1,80 m, 68 kilos (se lamenta porque debe estar en 64, pero con culpa dice que está bajando)
Estudios universitarios: licenciatura en Demografía y Turismo, en la Universidad Argentina John F. Kennedy (le falta un final).
Actividad: esgrima
Arma: espada
Club por el que compite y en el que ensaya: De La Salle
Entrenador: José María Pampín
Logros: medalla de bronce en los Juegos Panamericanos Winnipeg 99, 9 veces campeona argentina, 7 veces campeona nacional, 11er puesto en el Mundial de Bochum, campeona panamericana en Porto Alegre 2001, 3er puesto por equipos en el Mundial de Clase A Río de Janeiro



