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El periodismo, el de la máquina de escribir y un papel tiene sus propios códigos. Uno, inalterable: la presencia de maestros en las redacciones. Hoy se fue uno de ellos: don Alfredo Parga. Con 50 años en el periodismo -escrito, para que no haya dudas- dejó un legado de sabiduría.
Arrancó en 1953, con la primera nota de automovilismo -la vuelta a Entre Ríos del TC-, que se publicó en la Gaceta Deportiva. Dejó sus historias, recuerdos, anécdotas de una vida dedicada a lo que más quiso: el periodismo-automovilismo deportivo, que lo llevó por el mundo para que contara, en gloriosas crónicas, el andar de los hombres y las máquinas por cualquier circuito en que el vértigo fuera dueño; que con su pluma iniguable, desandó con su agudeza en sus columnas de LA NACION Deportiva.
En septiembre de 2003, se lo homenajeó por sus 50 años en el periodismo. Compartieron una mesa hombres del automovilismo y otros que poco tienen que ver con la velocidad, pero unidos por el mismo respeto al hombre; ni más ni menos. Estuvieron don José Froilán González, el piloto que le dio la primera victoria a Ferrari en la F.1; Angel Rienzi, Carlos Marincovich, Oscar Aventín, Hugo Mazzacane, Rubén Gil Bicella, el ingeniero Rafael Sierra; hasta Carlos Alberto Reutemann, que envió una líneas y recordó su amistad -renovada con el tiempo- cuando vibraba en las pistas de la Fórmula 1.
Don Luis Landriscina destacó al periodista-amigo. Y entre sus infaltables cuentos señaló el placer por una amistad que nació por un ídolo en común: Juan Manuel Fangio, el quíntuple campeón mundial de la Fórmula 1; también habló Enrique Macaya Márquez, que, vaya paradoja, empezó con don Alfredo, pero no fue con una crónica de automovilismo, sino con una de fútbol, en Noticias Gráficas, un diario que anduvo con éxito por Buenos Aires en la década del 50.
El subdirector de LA NACION, José Claudio Escribano, exaltó las virtudes de Parga y señaló una en especial: la pasión; una marca a fuego del oficio que abrazó don Alfredo. No faltaron otros colegas, como muy bien destacó Carlos Ferraro, presidente del Círculo de Periodistas Deportivos, que se acercaron como simple testimonio de admiración.
En el recuento que hizo el locutor Anselmo Marini, con la entrega de varias plaquetas recordatorias de por medio, se repasó la trayectoria de Parga. Desde aquella primera crónica del 12 de abril de 1953 en la Gaceta Deportiva, su derrotero siguió por otras redacciones, como la de los diarios El Pueblo, Noticias Gráficas, Clarín y LA NACION, donde ingresó en 1964 en la sección Deportes.
Incursionó en otras medios como la radio y la TV; y al mismo tiempo que les daba vida a sus crónicas, Parga trabajó en el departamento de taquígrafos del Banco Central y en la biblioteca de la misma entidad. Asimismo no faltaron los libros: con historias automovilísticas en sus páginas y las biografías de Reutemann y Fangio.
Su currículum, como trotamundos de los circuitos, incluyó casi todos los grandes premios de TC que se realizaron en nuestro país y 137 GP de Fórmula 1, para los cuales realizó 84 viajes a Europa, y otros a Africa y los Estados Unidos. Su aguda mirada siempre fue más allá de los autos de carreras y describió con maestría los lugares que visitó.
A la hora de las palabras del gran protagonista de esta historia, don Alfredo Parga contó, con orgullo, los pilares que sostienen desde hace más de medio siglo su compromiso con el periodismo: búsqueda, asombro, verdad, conducta y memoria. Una síntesis -seguramente, sin ninguna pretensión académica- que habla del periodista íntegro. Como lo fue don Alfredo Parga.


