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Enzo Francescoli es el ídolo sin delirios. Lejos de los caprichos. En lugar de crear fábulas a su alrededor, prefiere minimizar los privilegios. Se obstina en mostrarse como uno más. Terrenal, como cualquiera. Pero la diferencia es que él está convencido de que es así. Y esta no es una virtud compartida con todos. -¿Cuántas cosas resignaste por llevar adelante una vida de futbolista?
-Psss..., tanto. Te perdés de mucha vivencias de joven. Desde los 17 años que vivo en concentraciones y por eso para mí se ha vuelto más lindo un lunes que un sábado. Y allí ya hay un contraste porque para un muchacho de 20 años es lógico que le resulte más atractivo el fin de semana, pero yo debí acostumbrarme al lunes como jornada para dormir hasta la hora que quiero o salir a comer.
Pero quiero aclarar también que no me quejo, no puedo ser un hipócrita. ¡Cuántas cosas he co nseguido también por el fútbol! El afecto de la gente es impagable y también el acceso a un bienestar económico que nunca me hubiera imaginado. Si tuviese que pesar tantas cuestiones, las positivas superarían claramente a las negativas.
-Y la fama se ha vuelto una compañera inseparable...
-Sí, una compañera con la que es difícil convivir. Siempre hablo de esto con Maradona y me siento chiquito cuando, con sólo el dos o el tres por ciento del acoso que él vive, digo estar saturado. Pero los que sufren mucho son los que están con uno, porque por ejemplo no puedo ir con mis hijos a un parque, ni a un shopping, ni con mi señora a caminar por ahí tranquilamente.
-Después de tanto ruido en una dilatada carrera, ¿aún existen situaciones que te emocionan?
-Claro, si a veces no sé como reaccionar ante ciertas cosas. Por ejemplo, el otro día, cuando salí en el partido entre la Argentina y Uruguay, sabía que no había jugado bien y toda la gente me aplaudió, en un momento donde quizá tendríamos que haber estado ganando. Esos son momentos difíciles de manejar, no sabía si saludar o no. Me quedé sorprendido, y más cuando ví que desde el sector de hinchas argentinos también me aplaudían.
-¿Alguna vez el fútbol te hizo llorar?
-Cuando no nos clasificamos para el Mundial de los Estados Unidos.
-Ese fue el trago más amargo...
-Creo que sí, aunque la derrota en Tokio, ahí... es que soy consciente de que las posibilidades de Ortega o de Solari para volver a Japón son mucho más amplias que las mías.
-¿No está algo viciado el ambiente del fútbol?
-No tengo nada que decir, pero aclaro que he tenido mucha suerte porque jamás me he cruzado con cosas extrañas. Tampoco con droga; he ido a lugares que por ahí sé y sabés que existe droga, pero nunca vino nadie a decirme nada. Tampoco ninguno insinuó algo así como mirá, tenés que dejar una cometa acá.
-Sos embajador de Unicef, te preocupás por los enfermos y te detenés ante cada fanático, ¿lo hacés para cuidar la imagen?
-No. No puedo creer que alguien quiera crearse una aureola alrededor y después, entre cuatro paredes, sea otro. Soy tal cual soy. No soy ningún santo ni tampoco soy un loco. Soy así, hablo poco... A veces piensan que soy un gran consejero y en realidad a mí no me gusta, por ejemplo, acercarme a un chico de 20 años y decirle: Mirá tenés que hacer esto o aquello..., porque bien me pueden decir: Para, calmate.
-¿Te parece que te dirían así?
-No, por respeto, no. Pero por ahí lo piensan y ya me sentiría mal. Por eso comento que si vienen estoy dispuesto a charlar. Me ha pasado con Crespito, con Almeyda, con un montón de chicos. Pero si no, no. Tal vez sea verguenza.
-¿Te preocupa lo que la gente pueda pensar de vos?
-Creo que a nadie le gusta que los demás piensen mal de uno. Sería estúpido decir: No, no me importa lo que diga la gente. En definitiva, a unos menos, a otros más, pero a todos nos importa. Quiero que me recuerden como un gran jugador de fútbol, y si después, a esto, le agregamos que comenten que fui un buen tipo, bárbaro. Mucho mejor.
-¿Pero por qué creés que la gente te ve como un santo?
-¡Pero no soy ni un santo ni un angel! Me gustaría que esto lo piensen mis hijos. Creo que ese es el fin mío. Le voy a agrader siempre a la gente todo su cariño, sobre todo acá en Argentina, pero nosotros estamos en esta vida para los que nos siguen, que en este caso son mis hijos, y hago todo para que ellos sí puedan pensar así de su papá.
-¿Y cómo sos como papá?
-Bastante descuidado... Ahora estoy cuidando más los detalles, pero he sido muy desprolijo estando envuelto en la aureola del fútbol. Estos últimos años creo que he mejorado y ha habido más participación mía como padre. He estado muy metido en el fútbol...
-¿Y tus hijos te lo han reprochado?
-No, hasta hoy han manejado mi popularidad muy bien. Pero en todo esto hay una persona muy importante que es mi mujer, que ha sido padre y madre a la vez muchas veces.
-¿Y ellos, Bruno y Marco, siguen tu carrera, te acompañan?
-Sí, son hinchas de River y de Peñarol y vienen a la cancha. Pero trato de no hablar mucho de fútbol porque creo que ya tienen bastante con el papá famoso como para que yo les agregue algo más.
-¿Y al futbolista cómo lo tratan?
-Me critican, me agarran y no me dejan pasar una.
-¿Y si algún día te dicen que te quieren tener más en casa?
-Uhhh, eso me movería el piso.
-Por la vida que ellos ya tienen aquí, ¿te quedarías definitivamente en la Argentina?
-Desde que volví mi idea es quedarme acá, al menos un tiempo prudente porque cuando llegamos mi señora se puso a estudiar Ciencias Económicas y le prometí que la iba a esperar hasta que se reciba. Esa es la idea. Los chicos, con su vida un poco hecha, también influyen. También mi vínculo con la televisión que deseo prolongar, la situación en River... me quedaré acá.
-Es que ni por un momento te imaginás desligado del fútbol...
-Hoy no hay nada que me llene como me llena el fútbol, por ahí mañana, me gusta la verdura y pongo una verdulería y estoy loco de la vida. Pero hoy no.
Pablo Tomino
"Es lógico, a mi edad, pensar en el retiro. Y como van las cosas sucederá más repentinamente de lo que muchos piensan. Creo que puede ir todo bien hasta un cierto momento. Y si no me siento bien del todo...
La sugerencia lanzada a Enzo fue que aportase muy rápidamente una definición de cada uno de los nombres que se le sugerían. Y antes de que pensase más, ya estaba ofreciendo su impresión...
Diego Maradona: un amigo.
Luis Cubilla: blanco y negro, el sur y el norte, el agua y el aceite, pensamos opuestamente.
Julio Grondona: en el fútbol argentino es muy, muy importante.
Ramón Díaz: un técnico joven a quien nosotros ayudamos mucho para que pudiera despegar.
Carlos Menem: ha hecho cambios fundamentales en la vida de la Argentina.
Javier Castrilli: un gran árbitro, con el que no comparto algunas cosas.
José Luis Chilavert: un gran arquero.
Daniel Passarella: como técnico no puedo decir nada porque nunca trabajé con él, pero por lo que me comentan los muchachos en River ha sido bueno. Como jugador, un monstruo.
Norberto Alonso: un ídolo que a mí me ayudó mucho a entender como es eso de ser ídolo en un club tan importante.
Enzo Francescoli: lo más común que la gente pueda pensar... En definitiva, un tipo como cualquier otro a quien la pelota hizo importante.

