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Mientras el público se acercaba para agradecerle, él parecía pensar en otra cosa. Visiblemente emocionado, les decía a quienes lo abrazaban: "Muchas gracias. Estoy buscando a mi hija". Así estuvo Francisco Bosch durante varios minutos, hasta que por fin se encontró con su mujer, Josefina, y con Isabel, de dos años.
A pesar de lograr su cuarto título al hilo, los jugadores de Hindú no parecen conformarse. "El día en que termine un partido y veas que Hindú ganó y lo toma con naturalidad, va a ser el principio del fin. Cada uno tiene su motivación y busca la fibra que lo hace vibrar para sentir que esto es efímero, que puede terminarse y que hay que disfrutarlo como club. Mi motivación es mi familia", relató Bosch minutos después de la victoria sobre Belgrano en la final del Nacional de Clubes. Como él estaba Mariano De la Fuente, conmovido y llevando a su hijo en andas.
"Nuestro estímulo pasa por pertenecer. Somos un club que se encolumna detrás de la primera, ahí donde todos aspiramos a estar. Cuando era chico pensaba que si llegaba a la intermedia estaba bien. Eso hace que cuando uno está en la primera dé todo, porque sabe que hay alguien atrás que también está dispuesto a hacerlo. Se puede ganar o perder, pero nunca por que el otro lo quiera más que uno", explicó a modo de ejemplo el fullback, de 33 años, que también jugó en el seleccionado argentino de seven y en Manawatu, de Nueva Zelanda.
Para Bosch, como para Hindú, la receta es renovar los desafíos: "Cada título es especial. Cuando termina un campeonato, hayamos ganado o perdido, empezamos a pensar en el siguiente, enfocándonos en mejorar nuestro juego. Nos gusta ganar, y para ganar no alcanza sólo jugar bien", afirma el back de 33 años.
Si bien este título, el decimosexto en dieciocho años, resulta especial para el club, probablemente lo sea más para Bosch, que regresó este año luego de dos temporadas intermitentes debido a lesiones. Por eso valora más esto: "Me tocó ver desde afuera las últimas finales, y el esfuerzo a esta edad es grande. Llego con los elásticos vencidos y es un gran sacrificio para la familia y también para los entrenadores, que aún siguen confiando en mi".
Bosch, que debutó a los 19 años, cuando recién comenzaba esta etapa de inapelable hegemonía de Don Torcuato, fue partícipe en el tetracampeón de la URBA 2006-2009 y en los títulos de 2012 y de 2014, además de jugar unos minutos para la conquista del año pasado. "Estamos viviendo un momento extraordinario como club y no es broma que puede terminarse. Ahora tuvimos un golpe duro con Zequi [Ezequiel Comotto], alguien del club que tiene menos de 40 años y está internado por un ACV, peleando por volver. Nos tiene a todos en vilo, y eso nos muestra que todo puede acabarse", advierte Francisco.
Que no cree que lo suyo pase de este año. "Probablemente éste sea mi último título y así lo disfruto. Me agarra más pensando en cuándo se acaba esto. Me gustaría jugar toda la vida pero el cuerpo está castigado, y cada partido es un sacrificio. Hay que ir a ver a mil médicos, lo que implica un presupuesto, porque esto es a pulmón. Si el año que viene me ven en una cancha péguenme un tiro", cierra, entre risas. Tiene un motivo como para pensar en otra cosa: está previsto que el 9 de julio nazca Damasia, su segunda hija.
Más allá de la tristeza que implicó para Belgrano no ganar el Nacional de Clubes y continuar la sequía nacida en 1968, en Virrey del Pino se vivió una gran fiesta. Unas 5500 personas, ubicadas en tribunas fijas y en provisorias tubulares, agregaron color y calor a la séptima conquista de Hindú en el Nacional.



