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Las cubiertas pinchadas anteayer en los automóviles de Enzo Francescoli y Gabriel Cedrés destaparon, finalmente, la olla en River. Los viejos malestares que reinan en la institución de Núñez afloraron y tomaron mayor vigor a partir de este repudiable suceso.
Las molestias no son nuevas en River. Desde los últimos meses del año último las cosas no funcionan de lo mejor. Son tan grandes las diferencias que ni la conquista de la Copa Libertadores pudo achicar ni un ápice la distancia que separa a Ramón Díaz de sus dirigidos.
La gota que rebasó el vaso fue el contundente traspié por 4 a 1 ante Boca, hace tres semanas, en la renovada Bombonera y la posterior aparición de una lista de jugadores prescindibles. A partir de allí la gastada relación entre el plantel y el cuerpo técnico finalizó por completo. A esta situación se le sumó la reacción de los hinchas quienes anteanoche dieron una muestra más de que la herida abierta por los goles de Caniggia va a tardar mucho tiempo en curarse. La inscripción que tenía una de las banderas desplegadas durante el partido con Gimnasia en el Monumental lo dice todo: "Por 4.387.000 dólares, campeones de América. Por la gente y el honor, 1 a 4. Más respeto al hincha".
Pero para entender un poco mejor estos sucesos hay que remontarse a los últimos meses de 1995, cuando comenzó a plantearse en el seno de la comisión de fútbol de River la continuidad de Ramón Díaz al frente del plantel profesional.
No es algo nuevo que los jugadores nunca quisieron al riojano como cabeza del grupo. Es más, en ningún momento hubo feeling entre las dos partes. Para tanto era la cosa que Alfredo Davicce, el presidente de River, decidió, tras la crisis de enero, que Héctor Pitarch, un hombre de la era Passarella, dejara su labor en las inferiores para trabajar junto con Díaz y Omar Labruna. Por el conocimiento que tenía del plantel, Pitarch sirvió como nexo para limar asperezas y calmar los ánimos. Después de que se conoció la famosa lista, en medio de ese silencio sepulcral en el que se hacen las cosas en River, a Pitarch le comunicaron que regresaba a las inferiores. Decisión que no se consultó con la comisión directiva.
Los rumores y rencores -que todos negaban- se ocultaron hasta la conquista de la Copa Libertadores, aunque, con el transcurrir de los meses, hubo varios síntomas de que no todo funcionaba bien. A la hora de hablar off the record, eran muchos los futbolistas que señalaban que "Ramón Díaz no sabe nada". Pero cuando el grabador se prendía, nadie se animaba a afirmarlo.
Tras la victoria con San Lorenzo por 2 a 1 por los cuartos de final de la Copa, los integrantes del equipo tuvieron una reunión en la que no participó el técnico: en ella se juramentaron ganar el título por ellos, sin tener en cuenta a Ramón Díaz. De este cónclave tomaron conocimiento muchos de los popes del club.
Al cumplir con es pacto secreto, tras la obtención de la Copa, los jugadores creyeron que Ramón Díaz se alejaría del cargo. Pero, precisamente, sucedió todo lo contrario. Davicce y sus pares de comisión directiva le renovaron la confianza al riojano hasta fines de 1997, época en la que habrá elecciones.
Otra película
La continuidad de Díaz en el cargo puso en escena una nueva parte de la película. Sí Ramón Díaz seguía, tenían que quedar en el camino nombres como los de Cedrés, Astrada -ayer fue marginado-, Hernán Díaz , Corti o Amato, los jugadores que tuvieron roces públicos con el técnico. A Cedrés, al que acaban de renovarle el contrato, lo quieren vender para cortarle poder a Francescoli, el líder del grupo, de quien se comenta en los pasillos del club que hace mucho tiempo que no intercambia una palabra con el riojano.
Y aquí se llega al cuello de botella de la situación. Por una cuestión de simpatías, los jugadores están del lado del uruguayo y bastante alejados de Ramón Díaz y de Omar Labruna. Por eso el riojano, a través de los dirigentes, solicitó la limpieza de varios pesos pesado que colaboraron en lograr la Copa, pero a los que nunca pudo gobernar.
Como si fuese una casualidad del destino, se reitera el ataque a la camioneta de Francescoli. Con el agravante de que esta vez se produjo un lunes, a las 16, casualmente el día en que el club está cerrado. ¿Adónde apunta el mensaje? El anterior ataque al automóvil del uruguayo se produjo después de los partidos con Sporting Cristal, dos semanas en las que se habló sobre la poca estabilidad del riojano. ¿Qué pasa en River cuando no aparecen los resultados? El silencio de Alfredo Davicce en un momento difícil para River indica que un nuevo temporal está arrasando las costas de Núñez. La oposición y muchos dirigentes oficialistas que no están de acuerdo con Ramón Díaz van a querer sacar tajada de este partido; seguramente, alguna cabeza va a tener que rodar.
La inestabilidad de las relaciones entre los jugadores y Ramón Díaz puede terminar con un abrupto corte en los próximas horas. ¿Quién será la víctima de este fuego cruzado? Por lo pronto, detrás de Ernesto Corti, ya cayó Leonardo Astrada, quien no será tenido en cuenta en el futuro por Díaz, quien a pesar de contar con el apoyo oficial, sigue sin tener consenso en el grupo y padece la enésima crisis desde que es técnico de River.
Estaba molesto, dolido. Enzo Francescoli no podía terminar de entender la noche que había vivido: primero se encontró con dos cubiertas de su camioneta destruidas; luego, sus oídos recibieron los silbidos y la reprobación del público de River; por último, sus ojos observaron una bandera que le reprochaban la derrota con Boca... todo, a un poco más de un mes de haber conquistado la Copa Libertadores de América.
Quizá por todo esto habló sin guardarse nada.
"La relación con el cuerpo técnico (nunca nombró a Ramón Díaz) no cambió desde el día que empezó el ciclo. Acá hablan de problemas, pero, en realidad, no es como ustedes -por los periodistas- lo piensan", dijo Francescoli.
"Si la gente dice que tenemos que transpirar la camiseta, les digo que la transpiramos bastante...Yo hasta me rompí la nariz por ella", señaló en un vestuario con muy pocos dirigentes.
Enseguida, le dio paso al análisis de todos los temas del River de hoy. En primer lugar, la segunda caída consecutiva en el campeonato: "Es difícil jugar y mantener la concentración cuando no se disputan cosas importantes. Sobre todo en un club como River, que está acostumbrado a jugarse por cosas trascendentes".
Pero el marco, la crítica del público no quedaría ausente: "Vino muy poca gente, es cierto, pero también venía muy poca en 1983, cuando el equipo andaba mal. Yo no soy quien para opinar sobre la actitud de los hinchas ni para buscar las causas de sus reacciones; eso lo deben hacer los periodistas".
Pero se animó a tejer su hipótesis: "Estuve afuera varios días, pero me enteré que se estuvo hablando mucho sobre el partido con Boca, el cambio de camisetas y demás. Hace veinte días celebrábamos la conquista de la Libertadores, entonces les digo a los jugadores, técnicos, dirigentes e hinchas que en el fútbol hay que tener una cosa muy importante: memoria".
Eso sí, le restó importancia a la agresión que sufrió su camioneta. "Ese es un tema aparte. Son cosas que están al margen de lo que hablaba recién. Ni siquiera tiene que ver con el tema de los resultados, porque ya me había pasado algo similar luego de la victoria contra el Sporting Cristal. Esa noche me pincharon una goma de la camioneta y habíamos ganado 5 a 2. Es obvio que no tiene nada que ver con el fútbol." Y agregó: "Cuando River no gana, se buscan un montón de cosas. Se llegó a decir que Burgos estaba peleado con Ramón Díaz y que el plantel estaba enojado conmigo... Se buscan cosas porque el equipo no está jugando por nada".
Tomó aire y se refirió a su relación con los dirigentes: "Es la misma de siempre. Yo ocupo mi lugar de jugador y ellos el de directivos. No hay más para agregar".
Asumió todos los puntos con su característica personalidad. Como siempre. Aunque, todavía, no pueda terminar de entender que todo lo que vivió el lunes por la noche fuera, apenas, unas semanas después de haber levantado la Copa Libertadores en el Monumental.
Hernán O´Donnell
A los 26 años y trece diez como jugador de River Plate, Leonardo Astrada no tiene otra alternativa que armar su bolso y buscarse otro horizonte deportivo.
El técnico Ramón Díaz, envuelto en la crisis de River, no dejó dudas. "Matías Almeyda será el número cinco de River".
El desenlace del tema fue ayer, después de la práctica de River en el Monumental, pero venía de hace tiempo.
Astrada fue claro. "Si tengo una oferta del exterior, me voy".
Naturalmente que el jugador, con toda su carrera en el equipo de Núñez, está dolido. Lo que no quiere decir que irá así no más, sin defender su patrimonio. "Si no me puedo ir, voy a seguir en la lucha por un lugar en el equipo".
Ramón Díaz se reunió ayer con Astrada y le comunicó su decisión. Esa de que Almeyda, de 22 años, será el reemplazante.
El técnico de River, de pocas palabras, fue más allá del caso Astrada. "Ahora voy a tener que ganar la Copa Interamericana; me parece que no alcanzó con la Copa Libertadores".
Las explicaciones de Astrada y de Ramón Díaz ocurrieron con escasos minutos de diferencia, después del entrenamiento de ayer, pero los dos prefieron evitar demasiadas explicaciones.
En realidad, no hacían falta demasiadas en medio de la tormenta en la que se debate River en estos días.



