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Gustavo Bassi no cometió errores que influyeran directamente en el resultado. No omitió ni inventó penales. Tampoco sancionó ningún offside inexistente ni dejó pasar alguno que fuera real. Ni Boca ni River pueden escudarse en el árbitro para justificar sus carencias. Sin embargo, Bassi estuvo lejos de redondear una actuación convincente.
Sin que se llegara a un descontrol, el partido terminó escapándosele de las manos al árbitro. Su estilo de dejar jugar dio paso a la permisividad y las repetidas protestas de los futbolistas por sus fallos.
Amonestó a ocho jugadores, cuatro de cada lado. El clásico no fue violento ni excesivamente brusco, pero sí tuvo momentos de encontronazos y discusiones. La primera tarjeta amarilla la mostró a los 28 minutos, a Nicolás Sánchez, por una infracción sobre Gaitán.
En su intención de darle continuidad al cotejo, terminó pasando por alto varias faltas e incorrecciones que hubieran merecido la amonestación. Los protagonistas, con gestos y reclamos, apuntaron repetidamente a Bassi, que con ademanes restó gravedad a las quejas.
A medida que pasaban los minutos y el juego iba tomando temperatura, las fallas de Basi se hicieron más evidentes por lo que no sancionaba. Así llegó a un final deslucido, en el que pareció sobrepasado por las exigencias del clásico.
A cada rato Bassi se veía rodeado por jugadores disconformes, no tanto por lo que había cobrado, sino por lo que había ignorado.
Fueron varios los futbolistas que se beneficiaron de la complacencia de Bassi en muchas acciones. Bou debió ser amonestado por una falta sobre Chávez. También Battaglia, por el fuerte cruce a Buonanotte en el tiro libre que derivó en el empate de Gallardo. Ya sobre el final, su error más burdo fue una fuerte infracción de Forlín sobre Buonanotte que hubiera merecido la tarjeta amarilla, y sin embargo ni siquiera sancionó foul. Morel Rodríguez y Gaitán (no dejaba ejecutar un tiro libre) también sacaron provecho de la falta de rigor del árbitro.
A los 49 años, y con un retiro postergado desde el año pasado, Bassi dirigió su segundo clásico en la Bombonera. En el anterior, en el Clausura 2008 (1-0, gol de Battaglia), le había ido mejor. LA NACION lo había calificado con un bien (6). Ayer, tras un comienzo aceptable, cayó en un mal (3).
5 remates al arco atajados hubo en el superclásico; dos los controló Daniel Vega y los otros tres, Roberto Abbondanzieri. La mejor atajada fue el mano a mano de Vega a Gaitán.
15 disparos se fueron desviados; ocho correspondieron a futbolistas xeneizes y siete, a jugadores millonarios.
5 offsides se sancionaron en la Bombonera; tres para jugadores del equipo de Carlos Ischia y dos para los dirigidos por Néstor Gorosito.
8 futbolistas vieron la tarjeta amarilla. En Boca: Ibarra, Chávez, Palermo y Gracián. En River: Ferrari, Nicolás Sánchez, Ahumada y Nicolás Domingo.
Sin la suficiente potencia de piernas para llegar al tiro libre de Gallardo. Se equivocó en una salida con los pies que pudo costarle caro. Achicó ante una entrada de Falcao.
No se proyectó tanto, a pesar de que por su sector no tuvo un rival fijo porque Gallardo se cerraba. No pesó en el desarrollo, más allá de algún centro o una pierna fuerte.
Reaparecía tras un desgarro y tuvo una buena respuesta física. Seguro en el juego aéreo, no perdió la posición; sólo se equivocó en una salida que costó un contraataque.
La figura. Buen manejo del tiempo y los espacios para el anticipo y los cruces. No perdió con Fabbiani ni Falcao. Tiene una elegancia natural en las intervenciones.
Otro que reaparecía tras una lesión y no desentonó. Mucho temple y determinación en la marca y la proyección. Le faltó claridad cuando pasó al campo rival.
Tan combativo como desordenado. Algunas proyecciones de Villagra lo tuvieron a maltraer. El partido luchado se ajustó a sus características, pero no incidió en nada.
Los clásicos son a su medida. Hizo de ancla en la zona central. Cortó y empujó a los suyos. Estuvo cerca del gol. Colaboró en el empate de River con el foul sobre Buonanotte.
Nunca le faltó decisión para encarar y provocar faltas, a pesar de que el lateral izquierdo no es el lugar que más lo favorece. Pero insinuó más de lo que concretó.
A diferencia de lo habitual, se ubicó de enganche, pero la organización del juego no pasó por él. Tuvo dinámica. Le faltó convicción para definir ante la salida de Vega.
Lo mejor suyo fue el arranque que siguió con el pase a Palermo para el gol de Boca. Le faltó explosividad en el uno contra uno y más profundidad en las cercanías del área.
El goleador incombustible. No había tenido situaciones de gol hasta que se fabricó una con un zurdazo desde fuera del área. Como pivote tuvo buenas intervenciones.
Ingresó por Palacio cuando Boca necesitaba jugadores frescos para tener más profundidad. Hizo un par de corridas y en el final cayó en la confusión general.
El enganche reemplazó en el último cuarto de hora a Gaitán, sin poder clarificar los avances de Boca. No encontró la pelota ni los espacios. El lateral ingresó en tiempo de descuento por el lesionado Chávez.
Si bien cortó varios centros con seguridad, dudó en algunas salidas frente a los escasos intentos xeneizes. En el gol dio la impresión de que pudo haberla sacado.
Mostró solamente destellos de su proyección; fue algo discontinuo en su juego. En el primer tiempo perdió bastante por su sector; en el segundo, mejoró.
Tuvo sobriedad en la marca; además, cuando no entró en juego buscó ordenar a todos sus compañeros. No se vio muy comprometido por los delanteros rivales
Alternó buenas y malas, pero se mostró mucho más nervioso, especialmente en los despejes. En el gol de Boca se le escapó Palacio, que asistió a Palermo.
Por lo general, a Palacio le costó superarlo y por eso lo forzó a cambiar de sector. Cuando pudo, se lanzó al ataque desde el sector izquierdo.
Jugó por el costado derecho y estuvo muy contenido ante la gran oportunidad que inesperadamente le dio Gorosito. Pareció ausente en el encuentro.
Mostró su habitual cuota de garra, fuerza y temperamento. Pero el mediocampista y capitán de River no estuvo del todo firme en la marca.
Con claroscuros. Nunca pareció sentirse cómodo. Corrió mucho, no ahorró energías, siempre intentó participar del juego, pero se equivocó bastante en la distribución.
Apareció poco, pero cambió su imagen al marcar un golazo de tiro libre que le dio el empate a su equipo. No tuvo la conducción que supo mostrar en otras oportunidades.
Entró poco en juego y se mostró impreciso. Sobre el final tuvo la chance de definir el encuentro, pero se perdió un gol imposible mano a mano con Abbondanzieri.
En el clásico tampoco pegó ese gran salto que se le reclama. Perdió casi siempre con los defensores e, impotente, a veces se pasó con algunas infracciones.
Si bien jugó poco más de 25 minutos, su ingreso fue fundamental para que River se acercara a la igualdad. A él le hicieron la falta que derivó en el tiro libre de Gallardo.
Como es habitual en el delantero, que reemplazó a Fabbiani, mostró mucha movilidad en el frente de ataque, aunque apareció poco en acción con la pelota. El volante entró a los 34 del segundo tiempo y se metió poco en juego; se abocó a cubrir el sector izquierdo.

