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Gonzalo Bergessio aguanta la pelota de espaldas al arco. Supera con su cuerpo la marca de Waldo Ponce y queda mano a mano con el arquero Montoya. A la hora de su último toque, tiene dos opciones: remate al arco o pase al mejor ubicado Romeo. Elige el pase y Bernardo hace el gol más fácil y más festejado de su vida. Además de su capacidad para moverse dentro del área, el repertorio del Toro Gonzalo incluye diagonales, desbordes, buen cabezazo en ambas áreas y goles. Pero su promedio no es el de un goleador: 59 en 203 partidos. Bergessio es un nueve no goleador. ¿Qué entendemos por un "nueve"? Un delantero-referencia en el área. El faro que arrastra marcas, peina el saque desde el arco propio, se faja con los centrales, aguanta el balón y lo descarga para el compañero que llega de frente. ¿Hay goleadores que no son "nueves"? Sí. Messi y Agüero, por ejemplo. Y también están los nueve-goleadores como Batistuta, Crespo, Palermo, Romeo y Milito. El Apertura dominado por San Lorenzo propone un receso. Con cinco fechas sin triunfos, el seleccionado argentino regresa al Monumental para enfrentarse con Uruguay. Y al equipo le hace falta un nueve, no un goleador.
Para fundamentar esta conclusión, haremos un poco de historia. La irrupción de Diego Maradona en el fútbol argentino y en la selección impuso un cambio en el equipo nacional. Entre 1976 y 1990, además de genio y crack, Diego fue goleador. En Argentinos Juniors (1976-1980) jugó 166 partidos con 116 goles. En Boca (1981) hizo 28 tantos en 40 encuentros. En Barcelona (1982-84) facturó 37 veces en 58 juegos. En Napoli (1984-1991) bajó un poco el promedio, sobre todo en las últimas dos temporadas, pero terminó con una cifra formidable: 105 goles en 259 partidos. Pero en el seleccionado, su progresión dependió de los entrenadores. En el ciclo Menotti, Diego fue una estrella más de la constelación ofensiva que incluía a Kempes, Bertoni, Luque y Ramón Díaz. Con el Flaco como DT, Diego siempre jugó con un nueve-goleador adelante que se encargaba de la terminación de las jugadas. Los altísimos registros de Argentinos, Boca y Barcelona contrastaron con su menor producción goleadora en la selección durante el período 1979-1982 (30 partidos, 12 goles). En el Mundial de España sólo pudo anotar ante Hungría y se fue expulsado ante Brasil. En 1985, regresó al seleccionado con Bilardo. Y allí sí se modificó el modelo del equipo. Para el Doctor, Maradona fue LA estrella. Si bien el 10 hacía jugar a todos, también todos jugaban para él. Como Diego era el mejor definidor del plantel, Bilardo eligió armar el equipo sin un nueve-goleador. Más allá de las decisivas apariciones de Gareca y Pasculli, el goleador fue Maradona. En aquel 85, marcó 7 goles en 10 partidos. En 1986, también hizo 7 en 10, con cinco festejos en el Mundial. Jorge Valdano entendió lo que Diego necesitaba. El delantero hacía el trabajo sucio, aguantaba la pelota de espaldas, mantenía atentos a los centrales y abría espacios para los "llegadores" Maradona y Burruchaga. Valdano también marcó goles (3 en México), pero ésa no fue su principal contribución con el campeón mundial. En Italia 90, Diego ya no era el mismo futbolista. Jugaba más atrás y no tenía tanto gol como en sus primeros catorce años de carrera. De hecho, no festejó en el Mundial.
Entre 1987 y 1994, Diego jugó 37 partidos en la selección con apenas 7 goles, el último ante Grecia en el Mundial de Estados Unidos. Con Basile, el seleccionado recuperó a su nueve goleador. La irrupción de Batistuta en el primer semestre de 1991 le dio a Coco una variante fundamental. Casi todos los ataques generados por Leo Rodríguez, Simeone y Caniggia terminaban en Batigol. Cuando Diego regresó al seleccionado, ofreció una versión menos goleadora. Por eso, no tuvo inconvenientes en sumarse al circuito ofensivo como armador y pasador. Ya sin Maradona, Daniel Passarella ratificó el modelo del nueve-goleador. "Uno por afuera, uno por adentro", decía el DT durante su ciclo. Hernán Crespo compitió con Bati por ese lugar de delantero central. Para Bielsa, aun con otro sistema, tampoco hubo lugar para los dos juntos. Y con Pekerman jugó Crespo, titular en el Mundial de Alemania.
Entre 1991 y 2006, la Argentina siempre dependió de su nueve-goleador para facturarle al rival. La segunda etapa de Coco arrancó con la misma pretensión: Crespo y Milito fueron convocados para la Copa América 2007. Sin embargo, desde la temporada 2007-2008, dos de los tres argentinos más goleadores en el mundo son Lionel Messi y Sergio Agüero. Por sus características, Messi hace recordar a aquel Maradona de Argentinos, Boca y Barcelona. Desde julio de 2006, tiene 39 goles en 83 partidos con el Barsa. Aunque está lejos de aquellos impresionantes números de Diego, es un registro de goleador. Pero en la selección la cifra baja a 11 tantos en 30 encuentros. Tras una temporada de adaptación a Atlético de Madrid, Kun explotó en la temporada 07-08 y desde julio de 2007 ha marcado 34 goles en 59 partidos con los "colchoneros". Al igual que Messi, no es "nueve" pero sí un goleador. En la selección, también desciende su estadística: 4 tantos en 13 encuentros. Leo y Kun se conocen desde el Mundial Juvenil de Holanda 2005. Son amigos fuera de la cancha y se entienden muy bien adentro. Se buscan permanentemente e intercambian roles con naturalidad y eficacia. Además, son los mejores definidores que tiene el seleccionado. En definitiva, forman una sociedad para explotar y potenciar con un tercer integrante. Sin embargo, Basile aún no ha encontrado la última pieza del rompecabezas. Ya ensayó con Riquelme de conductor y ellos dos adelante. No funcionó. Más allá de cierta incompatibilidad futbolística con Román, el problema mayor fue que uno de los dos (casi siempre Agüero) terminó jugando de espaldas al arco rival, absorbido por los centrales rivales. También probó la variante Tevez. Tampoco resultó. Basile probó con Cruz en la gira por Estados Unidos. Y, hasta ahora, ha sido la mejor versión de su segundo ciclo. El delantero de Inter entendió a la perfección su rol complementario. Marcó un gol pero su aporte fue mucho más valioso: arrastró marcas, mantuvo preocupados a los centrales rivales y generó espacios para la dupla olímpica. Lamentablemente, Basile no insistió en enriquecer esta fórmula que, posiblemente, sacaría a Riquelme del equipo titular. ¿Saldrá Basile del modelo Román más dos delanteros para potenciar a los goleadores Messi y Agüero con un "nueve" no goleador? Por su esplendoroso regreso a Genoa, Diego Milito vuelve al seleccionado. Si Basile lo incluye entre los titulares junto con Agüero y Messi, Diego deberá sacrificar una cuota de su ambición goleadora en beneficio de sus compañeros de ataque.
A mí me gusta Pepe Sand, un especialista en cuidar la pelota con su cuerpo ante los centrales rivales. En Lanús, ha marcado 36 goles en 49 partidos. Otro legítimo aspirante a ocupar ese lugar es Gonzalo Higuaín, afianzado en Real Madrid. Cualquier atacante que se mueva por delante de Kun y Leo deberá hacer un ajuste en su juego, como lo hizo Valdano para Diego y Burru en México 86. También Bergessio llena el formulario para acompañar a Messi y Agüero. El Toro Gonzalo terminó de inscribirse en la lista con su gran jugada del sábado. Basile hizo justicia.


