Argentina y Brasil, fútbol y coronavirus

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27 de mayo de 2020  • 00:01

¿El fútbol argentino debería sentir envidia? Río de Janeiro prevé la vuelta del Campeonato Carioca para dentro de un mes. En ese momento, según el diario O Dia, Brasil podría superar los 80.000 muertos. Y el millón de contagios. El Estado de Río de Janeiro suma ya más de cuatro mil muertes. Flamengo, último campeón de la Copa Libertadores, registró 38 casos positivos en su personal a comienzos de mayo. Lloró inclusive la muerte de Jorginho, masajista histórico. Sin embargo, violando disposiciones, y sin dejar entrar a los inspectores, Flamengo inició la semana pasada entrenamientos prohibidos en Ninho do Urubu. Es el predio de los juveniles que sufrió un incendio en febrero de 2019. Diez pibes de las inferiores murieron calcinados. Sus familias todavía esperan las indemnizaciones.

Flamengo se jacta de ser el club con más hinchas en el mundo. Cuarenta y dos millones. "La Nación Rubronegra". Una "nación" que ayuda a explicar de algún modo lo que pasa hoy en Brasil, el segundo país del mundo en cantidad de contagios de coronavirus. Río no permitía inicialmente las prácticas. Pero Rodolfo Landim, presidente de Flamengo, viajó el martes 19 a Brasilia y se reunió con Jair Bolsonaro. Horas después, el club inició sus entrenamientos. Brasil sufría ese día un récord de 1188 muertos. La sede del club amaneció con pintadas contra Landim. "Fascista". Muchos periodistas criticaron a Flamengo. "El club con más poder para liderar el proceso de modernización del deporte nacional", escribió Juca Kfouri, "se pierde al unirse al oscurantismo vigente en el país". El periodista aludió a la camiseta rojinegra del club. "Negro de luto, rojo de vergüenza".

Bolsonaro, claro, quiere que vuelva el fútbol. Sabemos que el presidente desprecia él mismo todo recaudo. Paseos acuáticos, selfies y abrazos. Agravó su caricatura tras la difusión pública de una de sus últimas reuniones de gabinete. "Una reunión de locos, impostores, fanáticos, especuladores, soldados sectarios y algunos aterrorizados", la describió un artículo de Folha. Sus seguidores defienden a Bolsonaro en las redes sociales. Dicen que "sólo los ciudadanos de derecha toman cloroquina". Y que "usar barbijo es un camino al chavismo" (sic). Vivan al presidente en Brasilia. "Libertad o muerte". Folha y Globo, temerosos de tanta agresión, retiraron a sus periodistas de la cobertura en el Palacio de Alvorada. Los fanáticos atacan también a personal médico. Casi todos ellos visten la camiseta de la selección brasileña. El periodista y cineasta João Carlos Assumpção pidió que la selección cambie el verde y el amarillo. "Esos colores, por el momento, no nos representan. Se han convertido en los colores de la muerte".

Igual que Perú (otro vecino que también anuncia la vuelta del fútbol en medio de mucha muerte), Brasil sigue atentamente el modelo de retorno del fútbol alemán. Ayer, sin público, se jugó Borussia Dortmund 0 vs. Bayern 1. Es el clásico ("Der Klassiker"). Pero Bayern duplica el presupuesto de su rival. Se encamina a su octavo título seguido. Andrés Sánchez, presidente de Corinthians, aclaró que la vuelta de la Bundesliga fue posible porque primero fue la propia Alemania la que controló la pandemia. Ése es el proceso correcto. El fútbol, dijo Sanchez, "no puede anticipar" el control del coronavirus. Y menos en un país como Brasil, con estados que, lejos de actuar coordinadamente, compiten "para ver cuál está dispuesto a arriesgar más, mientras mil personas mueren por día".

El club que lidera la oposición a la vuelta del fútbol en Río es Botafogo. "El fútbol", afirmó su presidente, Nelson Mufarrej, "es un instrumento de alto impacto y repercusión social. Debe ser consciente de su compromiso social y no alimentar ansiedades". Hablar de su vuelta en medio de tantas muertes, agregó Mufarrej, sería "inhumano e insensible. Desconectado de la realidad". Landim respondió irónico, aludiendo a la economía en crisis de Botafogo. "Si ellos nos critican quiere decir que vamos bien". El dirigente Carlos Montenegro le recordó la tragedia en Ninho do Urubu: "Flamengo convive con la matanza de niños incendiados en un cuarto de lata. No sabe qué es un protocolo, cuidar la vida".

El ex crack Walter Casagrande, hoy comentarista de TV, se preguntó por qué los que quieren la vuelta del fútbol no hablan de la gente que sigue muriendo. "Hoy fueron más de mil. Nadie muestra siquiera solidaridad a sus familias". Y cantó un tema de Legión Urbana. "¿Qué país es ése? ¿Qué país es ése?". ¿El fútbol como negocio esencial? La pelota, es cierto, alivia momentos duros. Acaso no podríamos vivir sin fútbol, dicen algunos. Pero sí sobrevivir sin él. Uno de los columnistas más respetados de Folha, Janio de Freitas, recordó una de las últimas frases más polémicas de Bolsonaro ("quiero a todos los brasileños con un arma") y escribió sobre la "obsesiva propensión" del presidente "a la muerte de otros". Unos foristas se enojaron en las redes. En el medio, alguien citó la larga y compleja cuarentena argentina. La polémica se trasladó al fútbol. "Brasil 5 Copas Mundiales - Argentina 2", escribió uno. Otro le contestó con el número de muertos al cabo de ese día: "Brasil 22.746-Argentina 452".

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