Bajo presión: ¿qué pasa en la Superliga, que se fueron 21 técnicos en 20 fechas?

Fuente: Archivo
Christian Leblebidjian
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25 de febrero de 2019  • 23:59

Cuando regresaron los torneos largos en el fútbol argentino, una de las aristas positivas que se le veían (a priori) era que, a mayor cantidad de fechas, más paciencia tendrían los dirigentes para sostener proyectos y entrenadores, más iban a esperar los hinchas para reprobar a los conductores del equipo. Pero… nada parece frenar la histeria. No es casual que en lo que va de la Superliga 2018/19 haya más técnicos que dejaron su cargo (21) que fechas disputadas (20).

Es cierto que hay algunos (pocos) asteriscos. No todos se fueron por malos resultados. ¿Las excepciones? Diego Dabove, tras realizar una gran campaña en Godoy Cruz, finalizó su contrato y decidió cambiar de aire (recaló en Argentinos). Julio César Falcioni dejó Banfield a fines de 2018 para ocuparse de su salud. Gustavo Alfaro, que estaba haciendo un muy buen trabajo con Huracán, emigró tentado por Boca y para cumplirle el sueño a su padre, buscando "llegar a lo más alto". Y Alfredo Berti pegó el portazo en Argentinos en la 5ª fecha porque un dirigente le cuestionó el trabajo de su preparador físico en el vestuario, segundos después de terminado un partido con Boca (0-1). "Son cosas que no permito", reconocería luego Berti, que en todo este último tiempo recibió ofertas de otros clubes pero prefirió "esperar", parar un poco la pelota.

¿Y en qué lugar entra Guillermo Barros Schelotto? El Mellizo finalizó el vínculo. Terminó desgastado de Boca, con sensación de fin de ciclo luego de dos años y nueve meses, aunque si se mira la frialdad de las estadísticas se fue bicampeón del fútbol local y con el equipo llegando a la final de la Libertadores. Claro, en el medio estuvo condicionado por el rival que le ganó la final: nada menos que River. Si Boca hubiera perdido la Copa con Gremio, ¿se habría ido Guillermo? Es imposible afirmarlo, pero seguro hubiera tenido más chances de seguir. Si mandan los resultados, el impacto de un clásico se multiplica.

La presentación de Alfaro, cuando pasó de Huracán a Boca

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Pero la impaciencia y los cuestionamientos se dan desde los equipos grandes, donde las presiones son mayores, hasta en los clubes más humildes. Uno de los últimos en ser despedido fue Marcelo Gómez, que apenas dirigió seis partidos en Godoy Cruz. Tras perder con Vélez el sábado en Mendoza, fue increpado por un socio vitalicio del Tomba que le recriminó: "No estás a la altura de Godoy Cruz. ¡Renunciá, caradura!". Para un entrenador pocas cosas pueden doler más que una derrota, pero si a eso se le agregan frases hirientes de los simpatizantes…

El nivel de exigencia se potenció, porque todos los hinchas se creen que sus equipos están en condiciones de ganar títulos, pelear arriba, aunque claramente los presupuestos sean dispares. Y ni siquiera ser campeón actúa como paraguas protector ni para aquellos que son próceres en sus equipos: Rosario Central despidió a Edgardo Bauza, que hace tan solo dos meses había levantado la Copa Argentina, quedando en la historia el Patón siendo el único canalla en ser campeón en el club como jugador y entrenador. Bauza se vio venir el final: "Si me quieren echar, no hay problema, mañana saco pasajes para Quito y listo". Y a las ocho horas de esa frase lo echaron, tras perder con Lanús en el Sur. Pedro Troglio renunció en Perú para volver y darle una mano a Gimnasia, pero se la terminaron soltando los dirigentes.

Hubo casos curiosos. Por ejemplo, el enroque que se dio (¿casualmente?) entre Rubén Forestello y Gastón Coyette y los dos San Martín. El Yagui se fue de Tucumán, con el que había conseguido el ascenso a primera, en la 5° fecha, mientras que Coyette renunció en San Juan una jornada después. Enseguida se reemplazaron mutuamente. Forestello volvió a San Martín de San Juan ("para nosotros es un bombero", lo elogió el presidente Jorge Miadosqui) y Coyette asumió en Tucumán. Pero 12 fechas después, Coyette también pegó el portazo en su segundo club.

Otro DT que cambió a mitad de camino de camiseta pero que tampoco le fue bien fue Ezequiel Carboni. Fue el primero en irse de la actual Superliga, de Lanús (en la 3ª fecha) y fue tentado por Argentinos. ¿El motivo? Los dirigentes del Bicho habían hecho una lectura interesante. Confiaban en él y, además, afirmaron que lo contrataron porque conocía a los juveniles del club, porque durante su trabajo en Lanús los había enfrentado y visto varias veces. Pero el proyecto tampoco levantó. Se fue seis partidos después de asumir en reemplazo de Alfredo Berti y habiendo festejado apenas un gol a favor, y un punto ante San Martín de Tucumán.

En los clubes grandes, salvo lo mencionado de Guillermo Barros Schelotto en Boca y lo de Alfaro en Huracán, el que sucumbió tras hacer al principio una buena campaña (y con pocos recursos) fue Claudio Biaggio en San Lorenzo. La temprana eliminación en la Copa Argentina ante Temperley decretó su final. Marcelo Gallardo (River) es uno de los mejores entrenadores del continente, mientras que Coudet (Racing) y Holan (Independiente) –aún con altibajos– se sostienen con firmeza.

Son nueve los entrenadores que comenzaron la Superliga y todavía se mantienen en sus equipos: Gustavo Álvarez (Aldosivi), Ricardo Zielinski (Atlético Tucumán), Sebastián Beccacece (Defensa y Justicia), Ariel Holan (Independiente), Eduardo Coudet (Racing), Marcelo Gallardo (River), Juan Pablo Vojvoda (Talleres), Leonardo Madelón (Unión) y Gabriel Heinze (Vélez).

Defensa, un caso que lucha contra la lógica del resultado

Defensa y Justicia perdió su invicto y la cima de la Superliga frente a Boca –un 0-1 injusto, fuera de lógica– pero sus hinchas despidieron a su equipo con aplausos, ovaciones e incluso se animaron a soñar. "Porque los jugadores, me van a demostrar, que salen a ganar, que quieren salir campeón, que lo llevan adentro, como lo llevo yo", entonaron.

Con cinco fechas aún en el calendario, el conjunto de Florencio Varela quedó a tres puntos de Racing en un mano a mano que tendrá una definición estelar en la última jornada, cuando la Academia se enfrente con el Halcón, en Avellaneda. En horas bajas después de haber sufrido la primera derrota en el campeonato, Defensa se aferra a la identidad que construyó durante los últimos años, algo fuera de lo común para el fútbol argentino.

"Estamos muy lastimados por el resultado, pero el primer tiempo fue excelente. Lo que hicimos durante los primeros cuarenta y cinco minutos nos va a servir para el futuro. Seguimos ilusionados y vamos a dar pelea hasta el final", advirtió Lisandro Martínez, zaguero central y figura del conjunto de Florencio Varela. La espectacular actuación de Esteban Andrada, la agónica salvada de Lisandro López y su propia impericia conspiraron contra sus propios intereses.

En un fútbol argentino cuya respuesta dirigencial preferida ante la urgencia de los malos resultados es el despido del DT de turno y la búsqueda de un estilo antagónico como solución, Defensa encarna uno de los pocos contrastes: los técnicos –y los jugadores–, se seleccionan con un criterio uniforme, definido y sostenido.

Tras el ciclo de Ricardo Rodríguez se sucedieron Julio Ricardo Villa, Jorge Almirón, Diego Cocca, Darío Franco, José Oscar Flores, Ariel Holan, Sebastián Beccacece, Nelson Vivas y Juan Pablo Vojvoda antes de que Beccacece iniciara su segundo ciclo en la humilde entidad. Con matices y algún lunar, el plan futbolístico siempre fue en la misma dirección: buscan un fútbol ofensivo, de ataque, protagonista. La mayoría de los casos, con el tiempo, dieron un salto de calidad: Almirón. Cocca y Holan dirigieron equipos grandes. Beccacece estuvo en el seleccionado, como la mano derecha de Jorge Sampaoli. Defensa y los DT se ayudan mutuamente.

"Boca gana, pero Defensa enamora. Tenemos argumentos para seguir soñando. A pesar de no haber ganado, el enamoramiento es aún mayor", profundizó Beccacece en otra demostración de un equipo convencido, ferviente admirador de una idea (ofensiva), más allá del capitán del barco ocasional. Sus hinchas, enamorados, están de acuerdo.

Informe: Matías Baldo

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