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Imagino que, tal como les pasa a miles de argentinos, esta nueva gimnasia de tener que vivir agitados imaginando presentes e ignorando futuros cada vez tolera menos y parece necesitar más el discurso de números sin letras.
Una buena idea es escapar hacia el deporte. Una buena idea es encontrar un deporte que no haya incorporado el cansancio de la recorrida bancaria y prometa espacio para el entretenimiento.
Pero se me ocurre falso si imaginamos al fútbol como un juego pasional, como un gesto lúdico que solamente necesita de los protagonistas y su decisión de jugar.
El desarrollo, el avance, la organización, han puesto al fútbol en la necesidad de dar respuestas que se vinculan con una actividad que no permite jugar.
Los problemas que ya alguna vez derivaron en la inactividad, con las soluciones pendientes, deben enfrentar una nueva ley de juego. Aquellas discusiones sobre si el gerenciamiento es mejor que la asociación civil, aquellos factores que sin respuestas deterioraron profundamente la liga de los clubes, parecen ser historias de un pasado que apuntan a un futuro más problematizado.
Es que si bien el fútbol juego no está en peligro de muerte, sus condiciones profesionales están muy enfermas.
Hoy se conocen los resultados de esa economía que prefiere explicarse a través del fracaso globalizado –el fútbol vive en la Argentina–, en lugar de buscar soluciones a sus problemas puntuales.
Sin embargo, ya hay quienes se preocupan por intentar revertir el poco alentador panorama. Reducir presupuestos. Modificar la estructura de los campeonatos. Limitar las transferencias en el ámbito doméstico... “déficit cero”.
Se aproximan días de complicaciones. Entre clubes y clubes, entre clubes y la AFA, entre jugadores, la AFA y los clubes... Las circunstancias serán más severas, menos complacientes y más exigentes. Pero el fútbol puede salir, puede sobrevivir si su dirigencia sabe elegir los caminos. Y la crisis no permite tirar la pelota para adelante sino que determina un tratamiento de urgencia sobre un cuerpo enfermo que puede recuperar su salud.
No sirve que la dirigencia piense sin los jugadores. No sirve que los jugadores piensen sin la dirigencia. Sería útil que las partes piensen y resuelvan rápido.
Porque el fútbol puede dejar de crecer, pero no puede dormir. Más allá de que cierto fundamentalismo intelectual no entienda lo que se apresura a descalificar, confundiendo lo que es del uso que de él se hace.
Dice Rodolfo Braceli: “Ninguna otra cosa en la vida iguala tanto como el fútbol. Salvo la muerte. Pero con la muerte es demasiado tarde para ser iguales.
El fútbol no muere. Esperemos que no lo maten.



