Beccacece no pegó una en Independiente y lo empujaron a irse antes del próximo error

Claudio Mauri
Claudio Mauri LA NACION
Fuente: FotoBAIRES
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26 de octubre de 2019  • 19:17

Si bien en el Mundial de Rusia su cargo fue el de ayudante de campo de Sampaoli y ahora era el primer responsable de un equipo, es posible que Sebastián Beccacece encuentre algunas similitudes entre sus experiencias en el seleccionado argentino e Independiente. Ambas fueron breves, traumáticas, insatisfactorias en cuanto a los resultados, con cortocircuitos con el plantel, formaciones sometidas a continuos cambios que derivaron en confusión, un estilo de juego caótico e indefinido, rechazo de los hinchas y un final con dirigentes que le sueltan la mano para dejarlo caer.

Beccacece llegó a Independiente precedido por su muy buena gestión en Defensa y Justicia, donde, con recursos más limitados que supo potenciar, le peleó la Superliga a Racing hasta la penúltima fecha. El Halcón fue una revelación que mereció elogios desde todas las tribunas. En el fútbol ninguna historia está escrita de antemano y era una incógnita saber cómo le iría en un equipo grande, pero lo que pocos imaginaban era que le fuera tan mal en tan poco tiempo. Una fugacidad: 16 partidos en menos de cinco meses . Sobre todo porque parecía que era el momento de su carrera para afrontar un desafío de este tipo: tenía conocimiento de la competencia local, se había ganado una consideración que lo redimía de haber sido parte del fracaso del Mundial y sus dirigidos en Defensa elogiaban su filosofía de juego y su manera de relacionarse para saber llevar al grupo. A los 38 años, integra la camada nueva de técnicos que dirigen con el vigor y la adrenalina de los que se beben los vientos.

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Pero su gestión estuvo marcada desde el comienzo por los errores de bulto, por los pasos en falso. Sorprendió cuando en una de sus primeras conferencias de prensa le puso nombre y apellido a los refuerzos que eran prioridad: Gigliotti, que se había ido poco tiempo atrás en medio de la indiferencia y ninguneo de Holan; Alexis MacAllister, con quien se reunió para explicarle lo que pretendía de él, y Menossi, que terminó en San Lorenzo.

Independiente no pudo contratar a ninguno de los tres y Beccacece quedó expuesto por primera vez. No le faltaron contrataciones porque el club desembolsó 15 millones de dólares por cinco futbolistas (Lucas Romero, Barboza, Roa, Palacios y Cristian Chávez), además de los que volvían de los préstamos: Blanco y Togni.

A los pocos pasajes de buen fútbol le siguieron largas secuencias de juego anodino, un recambio que mareaba a los de adentro y a los de afuera y un equipo sin identidad, la nada misma. La desconfianza y el malestar de los hinchas fueron en ascenso. Independiente saltaba de un torneo a otro y no daba la talla en ninguno: Copa Sudamericana, Superliga y Copa Argentina. Fracasos a tres bandas.

Por si faltaba algo más, su manejo del acto de indisciplina de Pablo Pérez contradice todos los manuales. Su cuerpo técnico hizo trascender un incidente que debió quedar en el vestuario y después de anunciar que lo excluía por dos partidos salió de la conferencia abrazado con el volante. Tampoco tuvo tacto con Nicolás Domingo, uno de los más queridos por los hinchas. Su autoridad quedó tan resentida que le pusieron un límite antes de esperar la próxima equivocación.

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