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A fines de los 60 y en los albores de los 70 existía un importante y variado abanico de goleadores en el fútbol argentino. Uno de ellos fue Miguel Angel Benito, artillero que escribió páginas destacadas en la historia de Vélez y que falleció ayer, a los 59 años, víctima de una afección popular.
Benito, que nació en Buenos Aires el 16 de agosto de 1948, se inició como jugador y comenzó su carrera profesional en Quilmes, en 1968; allí se dio a conocer como un delantero astuto para definir y dueño de un pique corto explosivo; la notable campaña cervecera en el torneo Reclasificatorio de ese año se apoyó, en buena medida, en sus cualidades. La combinación de su apellido y esas virtudes llevaron a los hinchas a imponerle un mote: el Fantasma.
En 1970, Benito llegó a Vélez, donde formó una gran pareja con Carlos Bianchi. El Fortín fue su mayor vidriera. Subcampeón en el Metropolitano de 1971, allí anotó 73 goles en 194 partidos y hasta hoy figura como uno de los máximos goleadores del club. En 1975 pasó a Estudiantes, y prosiguió en Rosario Central, otra vez Quilmes, Unión Magdalena y Unión de Santa Fe, de Colombia, donde cerró su carrera. En nuestro fútbol hizo 128 tantos.
Hasta diciembre último fue ayudante de José Luis Brown en Ferro; tras ser éste último convocado por la selección, Benito iba a ser designado DT del equipo de Caballito, pero su enfermedad lo impidió. Sus restos eran velados anoche en la Cochería Castro, en Andrés Baranda al 600, Quilmes.



