

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.

Vuelan lágrimas en el Bajo Flores. Se va. Se fue. El Beto Acosta, ahora sí, se desprende de sus botines, deja el fútbol, se va. Unos 25.000 simpatizantes lo despiden de pie. Intenta dar sus últimas palabras, en una compleja lucha contra la emoción.
"Mil gracias, los quiero a todos", alcanza a decir en un improvisado escenario, en el círculo central del Nuevo Gasómetro, su "segunda casa", según define con el corazón.
Alberto Acosta, el apellido del gol, tuvo un emotivo partido homenaje, a los 37 años, luego de 18 de trayectoria y 300 goles por el mundo. El Beto, con sus amigos, con figuras internacionales, concretó, esta vez sí, su despedida definitiva. Hizo dos goles, claro, fiel a su costumbre. Se divirtió y emocionó. Y se dio un lujo grande: a su lado tuvo a Enzo Francescoli (hizo un golazo inolvidable), el Beto Alonso (el ídolo de su niñez) y a Pipo Gorosito, su socio ideal, el de siempre.
La fiesta comenzó con música de bailanta y un puñado de éxitos del grupo La Mosca. Ya se vivía clima de fiesta en el estadio, cubierto con banderas dedicadas al ídolo. "Grande Beto, gracias por todo", rezaba una, en la platea Sur. Era de su Arocena natal. A las 18.11 fue el primer momento emotivo de la tarde: el ingreso del Beto Acosta, con sus hijos, con sus ahora ex compañeros, con sus rivales y amigos. "Ole, olé, olé, olé, olá, el Beto es lo más grande del fútbol nacional", coreaba la tribuna popular, ya cansada de tanto grito de gol del hombre de la camiseta N° 9.
La pelota no se amigaba con el protagonista. Un tiro voló por el aire, un zurdazo fue tapado por Passet, otro remate, tras una genial asistencia de Gorosito, también chocó contra el cielo. Pero el Beto insistía, mientras sonreía con las ocurrencias de Miguel Angel Rodríguez, el actor que es árbitro en la tira televisiva "Son amores" y que ayer se dio un gusto grande. Con él, Francisco Lamolina compartió la responsabilidad del árbitraje. Y Pancho no pudo evitarlo: en dos ocasiones, expuso el siga, siga, frente a infracciones no cobradas, un clásico de su carrera.
Pero ayer nadie se lo reprochó, claro. Si Gorosito, con la N°10 en su espalda, se robaba la atención con aquellos pases magistrales. O Francescoli, que con un tiro libre exquisito que finalizó en el ángulo, provocó la ovación de los hinchas de San Lorenzo.
Pero la tarde era de Acosta. Y el Beto no falló: a los 19 minutos dejó sin reacción a Passet y marcó el primer gol. Pipo seguía haciendo de las suyas. El Ingeniero Pellegrini sonreía y por un instante pareció olvidarse de sus recientes pesares como DT de River. Hasta fue ovacionado, tanto o más que el Bambino Veira. Juntos, dirigieron al equipo de las estrellas que contó, entre otros, con Andrés D’Alessandro y Leo Rodríguez.
El primer capítulo duró 26 minutos. El siguiente, un poco más, con decenas de cambios y emociones, como la vuelta de Leandro Romagnoli, recuperado de la operación del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha.
A los 3 minutos se gestó una obra de arte: Francescoli desorientó a Capria en la mitad de la cancha, vio adelantado a Ramírez y le pegó con clase, fuerte, lejos, alto y la pelota ingresó sin previo aviso. El Beto ya jugaba para el equipo de las figuras. Y se dio otro gusto: le hizo un caño a Marcelo Tinelli (el empresario no había jugado nada mal, pero...) y definió suave. Al rato, Capria y Cornejo adelantaron a San Lorenzo, que otra vez contaba con el hombre-gol.
El ingreso de Mikael Acosta, el hijo, de 13 años, el sucesor, fue el cierre ideal que el Beto tanto esperó: marcó el último gol, el 4 a 2 final, y dejó por el césped a Goycochea. Un lujo familiar.
Hubo una vuelta olímpica. Plaquetas, saludos, reconocimiento. Se abrazó con todos. Con sus compañeros, con las figuras presentes. Habló con una voz entrecortada. "Es increíble lo que estoy viviendo. Es el día más feliz de mi vida deportiva", dijo. Y se fue. Esta vez, para siempre.


