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MAR DEL PLATA.– Poco después de las 22 de hoy se asomará por el pasillo de vestuarios que conduce a la cancha del estadio José María Minella. Sus rodillas vencidas por tantos años de fútbol, goles y quirófanos agradecerán que no tengan que subir escalones, en un esfuerzo que lo obliga a encorvarse. Volverá al ritual de ajustarse el saco por las solapas. Echará un vistazo escrutador a todo el entorno desde sus anteojos de diseño con montura negra. Alguna brisa marina le revolverá los pelos canos que a cada costado de la cabeza resistieron el paso del tiempo. Transmitirá una imagen doctoral, aunque el mundo del fútbol ya lo rotuló para siempre como el Virrey.
Ocho años y medio después de la derrota en la final de la Copa Libertadores ante Once Caldas, en Manizales, Carlos Bianchi, a los 63 años, vuelve a dirigir en el fútbol argentino, lo cual equivale a decir que Boca lo recupera para dar comienzo a su tercer ciclo en el club xeneize. Aquella vez en Colombia, Bianchi se fue rápido a los vestuarios, seguido por sus jugadores, sin quedarse a la ceremonia de premiación. Tanto apuro por irse –del estadio y de Boca– hizo larga la espera por la vuelta, que incluyó un par de rechazos a ofrecimientos de los presidentes Pedro Pompilio y Jorge Amor Ameal, y un irrelevante paso como manager durante el ciclo de Alfio Basile.
Ahora asume la responsabilidad que casi todos los hinchas le pedían hasta la imploración. Por delante tiene tres años de contrato, tiempo para intentar agrandar aún más la leyenda que lo muestra como el entrenador más exitoso en la historia del club, con 9 títulos (cuatro locales y cinco internacionales). Es el DT que marcó una bisagra en la historia de Boca en cuanto a la obtención de trofeos.
El partido de esta noche, ante Racing, reviste el relativo valor de todo torneo de verano incrustado en la primera semana de pretemporada, pero tendrá el enorme peso simbólico de ver parado en la zona técnica a quien decidió ponerle fin a una larga siesta, iniciada cuando su frustrante experiencia en Atlético de Madrid, en 2006, lo dejó desmotivado y con ganas de devolverle a su familia el tiempo que le había quitado por tantos años dedicados al fútbol. Regresó para sorpresa de muchos, con estos desafíos y panorama:
Podría haberse quedado en su casa contemplando el bronce, la gloria y el prestigio de sus dos ciclos anteriores. Desde 1990, período que incluye su productivo paso por Vélez, Bianchi está segundo en la lista de los técnicos más efectivos del fútbol argentino, con un 64 por ciento. Primero se ubica Sabella, con un 67 por ciento, aunque con una gestión mucho más corta, sólo en Estudiantes.
Bianchi tiene un crédito inmenso en un fútbol acostumbrado a regirse por el contado del último resultado. Se somete al desafío de demostrar la vigencia de sus mensajes "claros y sencillos", postulados que todos sus dirigidos le reconocen como una virtud. De su autoridad no caben dudas. Todo el plantel está rendido a su liderazgo indiscutible. Los jugadores no paran de venerarlo. Ven algo más que a un entrenador, lo consideran una institución. Después de la larga siesta, pone a prueba su ojo e intuición para elegir los jugadores que mejor interpreten su equilibrada propuesta futbolística entre defensa y ataque. Sólo quedan dos jugadores de los que ya dirigió: Clemente Rodríguez y Ledesma.
Aunque la primera semana de la pretemporada en Tandil estuvo más reservada a la preparación física, Bianchi siguió muy de cerca cada sesión. Alentó e hizo observaciones mientras los jugadores quedaban exhaustos por el esfuerzo. En su consideración, todos arrancaron de "cero" y necesita conformarse un cuadro de situación de acuerdo con lo que vaya viendo y las respuestas que le entreguen los jugadores. En función de eso irá definiendo titularidades y suplencias, si bien parte con una idea. Por ejemplo, la formación de hoy es la suplente, pero no hay que descartar intercambios de piezas con la alineación principal de acuerdo con los rendimientos. Ustari le pelea el puesto a Orion, Albín a Sosa, "Chiqui" Pérez a Caruzzo; Viatri y Blandi a Silva; Ribair Rodríguez llega como una amenaza para Somoza y Erbes (se molestó por la contratación del uruguayo), y Acosta se verá relegado con la incorporación del "Burrito" Martínez.
En su primer período, en 1998, Bianchi fue fundamental para que Riquelme empezara a convertirse en un gran jugador. Lo sacó de la banda en que lo ubicaba el "Bambino" Veira y lo hizo enganche, con la número 10. Le dio confianza y llegó al corazón de Román como pocos lo consiguieron. Una relación fecunda, de respeto y reconocimiento, que se quedará sin un nuevo capítulo por la decisión de Riquelme de no volver a Boca, sea por respetar la palabra empeñada en julio o por disidencias contractuales. Detrás de Román aparece quien él designó como su sucesor: Leandro Paredes, el pibe de 18 años que se destacó en el último tramo del torneo Inicial, con cuatro goles desde fuera del área. Se repite una historia: Falcioni lo recostaba sobre la izquierda y el Virrey lo pondrá de enganche. Y para mayor respaldo le dará la 10, mientras "Pochi" Chávez, que quería irse si regresaba Riquelme, está entusiasmado con pelear un puesto. Y hay que recordar que uno de los méritos de Bianchi es tener a los suplentes motivados y sintiéndose parte de un proyecto.
La dirigencia cumplió con el pedido del Virrey de traer un refuerzo atrás (Claudio Pérez), uno en el medio (Ribair Rodríguez) y otro adelante (Juan Manuel Martínez). Los dos ex Belgrano que enfrentaron a River por la Promoción son fuertes, potentes, de más pierna dura que fina sensibilidad. Boca suma con ellos una dosis de combatividad, juego aéreo y remate. La gambeta y el juego al pie corren por cuenta del Burrito, que se reencontrará con Silva, su exitoso socio en Vélez.
Bianchi empezará con el clásico sistema 4-3-1-2, con laterales que se proyecten, un enganche y la novedad de que Silva jugará más adelantado, cerca del área, a diferencia de lo que hacía con Falcioni, que le pedía un continuo retroceso. Este esquema es la base, pero ya es sabido que Bianchi no es reacio a los retoques. Recordar cuando alguna vez ubicó a tres delanteros (Guillermo Barros Schelotto, Palermo y Delgado) o armó un trivote defensivo con Serna, Traverso y Battaglia.
A su llegada en 1998, Bianchi le dio salida a Caniggia, que se quedó en las playas de Miami; a Latorre (fue a Racing), y a Fabbri (a Nantes, de Francia). El recambio no le pudo salir mejor porque en esos puestos se consolidaron Guillermo Barros Schelotto, Riquelme y Samuel, quienes ya estaban en el club. Incorporó a Ibarra, que con los años se transformó en uno de los mejores laterales derechos de la historia de Boca.
Del actual plantel de 30 jugadores todavía no se fue nadie porque Bianchi quiere evaluarlos antes de liberar a alguien. Le manifestó su consideración a Viatri y hasta les explicó a los entrenadores de Lanús, los mellizos Schelotto, interesados en él, que el atacante seguirá en Boca y que competirá con Silva y Blandi. El presidente Angelici dijo que sería importante concretar alguna venta por razones presupuestarias. Pero nada se hará sin la venia ni la aprobación de Bianchi, el hombre que esta noche se llevará todas las miradas, aunque él no juegue el partido.
Empieza con Racing
Con pocos de los que se intuyen como titulares en los torneos oficiales, Boca y Racing se medirán hoy, a las 22.10, en Mar del Plata. Claudio "Chiqui" Pérez, flamante refuerzo, se destaca en los xeneizes. La Academia, en tanto, anuncia a Sebastián Saja, a Mauro Camoranesi y a José Sand.

Juan Manuel Martínez llegó a la pretemporada de Boca, en Tandil, pero con ciertos límites: como aún tiene licencia con Corinthians, que no definió los últimos papeles, el Burrito no podrá entrenarse ni hacer declaraciones como jugador xeneize. El miércoles firmaría y se solucionaría el tema.


