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Alguna vez Carlos Griguol, cuando dirigía Ferro, aceptó que hablaba mucho con León Najnudel, por entonces técnico del equipo de basquetbol de Caballito, sobre las tácticas utilizadas por el creador de la Liga Nacional.
Cuando su agenda se lo permitía, Griguol pasaba por el Héctor Etchart para observar, desde uno de los pasillos-balcones de atrás del aro, cómo defendía o atacaba el plantel de su amigo Najnudel.
Así sorprendió con la doble cortina que un par de futbolistas practicaba en el medio del área en cada uno de los córneres para Ferro. Esa pantalla o bloqueo, tan utilizada en el basquetbol para provocar espacios, servía para que un compañero ingresara por detrás y cabeceara.
Algo parecido ocurrió en el gol de Batistuta frente a Nigeria. Si se observa con detenimiento, el delantero pone en funcionamiento la estrategia para escapar de su marca antes de que Verón efectúe el córner. Batistuta arranca detrás del punto penal y corre perpendicularmente hacia el arco, de repente gira de izquierda a derecha 180 grados y termina entrando por el segundo palo por detrás de Pochettino, que le pone una cortina evitando la marca sobre el goleador. No es una novedad en el fútbol, muchos equipos lo hacen; sólo se trata de señalar una similitud con la estrategia del basquetbol. En este deporte lo táctico es tan elemental que los entrenadores practican jugadas especiales desde la categoría de mini o infantiles.
También a esa edad se trabaja con presión sobre la pelota con el concepto de dos contra uno. Es decir, dos jugadores marcando al que trae el balón. Algo que Bielsa mostró en el diagrama defensivo que tanto rédito le dio ante Nigeria. Y cuando la marca se ejerce muy arriba, en basquetbol se denomina presión sobre la salida, o cuando se hace sobre las líneas laterales se llama atrape. Muchos equipos consideran a esta táctica como una defensa de riesgo, pues matemáticamente si dos defienden a uno, existe un rival suelto, sin marca. En consecuencia, el paso siguiente es ensayar un buen sistema de relevos o ayudas, que debe ser mecánico y muy ensamblado para evitar grietas o fisuras.
Ese es el riesgo: si un rival rompe el diagrama por culpa de un relevo realizado a destiempo, se desarma todo, se crea un desfase difícil de reacomodar en la misma jugada. Dos o tres errores seguidos conllevan un desánimo y un descreimiento sobre lo que se hace. El peor de todos los males para un técnico.
Ahora bien, planteado el sistema de presión de dos –pueden ser tres– sobre la pelota, surge otro peligro: que el rival haya elaborado el antídoto; algo también común en el basquetbol. Por eso, los técnicos se pasan horas estudiando videos de cada rival.
Nigeria, evidentemente, no tenía una táctica antipresión bien ensayada; por eso estuvo inconexo, como atado. Quizás ésto tenga que ver con la inocencia táctica de los países menos desarrollados en el fútbol. La asignatura pendiente de los africanos, a los que les sobra capacidad individual. Seguramente, los seleccionados europeos llegarán mejor preparados para sortear la sincronizada red argentina, pues están más habituados a las presiones defensivas.
Por ejemplo, una fórmula muy vista es la utilización de un pivote que trabaja de espalda al aro... perdón, al arco. Es común observar el pase desde el mediocampo a un delantero que, cerca del semicírculo, trabaja de frente a sus compañeros, los que actúan como receptores para la descarga. Otra es el pelotazo frontal al área para un gran cabeceador, como le ocurrió a la Argentina en la eliminatoria frente a Paraguay, el equipo que quizá más complicó la presión de Bielsa. En la improvisación, un gran habilidoso también puede complicar.
Un concepto moderno del basquetbol dice que el ideal de una defensa es: doblar la marca –dos sobre la pelota– en los 28 metros de la cancha y durante los 40 minutos de juego. Algo que Bielsa parece intentar. Para eso necesita de sus jugadores mucha paciencia y dedicación en los ensayos, absoluta convicción –llega con los triunfos– en la propuesta, una gran concentración mental para no perderse en medio de la partitura táctica, impecable preparación atlética para mantener intensidad y dinámica, y que el rival no haya preparado, con hombres muy aptos como los suyos, una medicina que contrarreste tan aceitada coordinación. Claro que eso sólo podrá lograrlo un gran equipo; frente a uno inferior, sólo el infortunio o los tan conocidos imponderables del fútbol podrán quebrar el sistema defensivo de la Argentina.
