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"Dormía el muchacho y tuvo esa noche el sueño más lindo que pudo tener: el estadio lleno, glorioso domingo, por fin en primera lo iban a ver..." El afamado tango "El sueño del pibe", escrito por Reinaldo Yiso, en 1943, parece reflejarse en Carlos Andrés Arano . El defensor de Racing que durante su infancia tenía la ilusión depositada en pisar el césped del Cilindro académico, mientras rompía los focos de los autos en los picados callejeros de su barrio, Sarandí. El mismo muchacho de sonrisa fácil que lleva sobre el hombro derecho un tatuaje de un Cristo celeste y blanco con un escudo de Racing en el pecho, que se lo hizo luego de debutar en Primera (12/11/99, Vélez 2 v. Racing 1). Un amor incondicional...
"Tengo una sensación rara porque esto lo imaginé toda mi vida. Es un sueño y la verdad que todavía no lo puedo creer. Salir campeón con Racing es algo único y de ahora en más me puedo morir tranquilo ", dice Chiche Arano, de 21 años, que a los 5 comenzó a jugar en el Baby Fútbol de Racing, donde realizó todas las divisiones inferiores hasta llegar a Primera. Y acaba de ser campeón del Apertura, quebrando esa serie adversa de 35 años sin conquistas que ya no persigue a los hinchas.
"¿Cómo me hice hincha de Racing? Desde muy chiquito... Mi viejo -Juan Carlos, remisero- siempre fue fanático de Racing y eso me tiró . Además, toda mi familia es de Racing. A los 4 o 5 años mi mamá, Ester, me llevaba a la platea femenina. Un tiempo después comencé a ir a la popular con mi hermano mayor -Diego, de 25 años; también están Martín, de 20, y Nicolás, de 8- y con unos amigos del barrio, que siguen yendo juntos a todos lados", cuenta Arano, que convirtió el primer gol de Racing en el Apertura, en el triunfo por 2 a 1 ante Argentinos, en la 1era fecha.
La habitación de Arano es toda celeste y blanca, digna demostración de una familia con enfermedad académica . Las cortinas, los acolchados, pósters, banderas, fotos, gorritos, camisetas, trofeos... Todo tiene que ver con Racing .
"La última vez que fui a la cancha fue cuando perdimos 2-1 con Independiente, en el Clausura 2000. Recuerdo que cuando empatamos -gol de Monserrat- hubo una avalancha, me caí y me pisaron todo; quedé contra los escalones y la pasé muy mal. Pensé que me moría de verdad, ya que me faltaba el aire. Quedé boca abajo, me pisaban y sufrí un corte en la cintura. Llegué a mi casa ensangrentado y mi vieja se asustó... Esa fue la vez que peor la pasé", recuerda.
Arano es un pibe de barrio , sencillo, sin estridencias. Posa para las fotos de ocasión y bromea. "No me apuntes a la nariz, je...", reclama.
Confiesa que su padre a veces se viste de técnico y que le da consejos futbolísticos. "El es tranquilo, pero mis hermanos son más críticos y me matan ... Si jugué mal un partido, cuando llego a mi casa, me dicen: ¿Cómo vas a hacer esto?"
-¿Alguna vez lloraste por Racing?
-Sí, cuando salimos campeones de la Supercopa en 1988. De tristeza no lloré nunca. Sí estuve muy golpeado cuando fue lo de la quiebra; ese día fui a la sede a saltar, a hacer quil..... En el momento que le tiraron el redoblante a Lalín yo estaba al lado de él. También hice la caminata a la AFA y fui al Congreso (en marzo de 1999, cuando la Justicia decretó la clausura del club).
-¿Qué sentís al ser parte de este presente glorioso en tu club?
-Es increíble. Jamás imaginé que llegaría tan rápido. Si bien uno sueña con salir campeón, como estaban las cosas en Racing, con tanta desorganización dirigencial, era difícil. Se disfruta el doble. Es como tocar el cielo con las manos.
A Arano, aún incrédulo, se le cumplió el sueño. "...Jugaré en la quinta, después en primera, yo sé que me espera la consagración..."
"De Merlo rescato un montón de cosas que con otros técnicos no tuve y creo que se debe a toda su experiencia como jugador. Logró mantener la disciplina que el plantel necesitaba. Es frontal, no es rencoroso y se puede charlar de cualquier tema con él", dijo Arano sobre el DT.


