Profesor de Educación Física y capitán de Central Córdoba: Cristian Vega, el jugador que les aconseja a sus compañeros que estudien

Crédito: Alejandra Sandez
Fernando Vergara
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11 de diciembre de 2019  • 23:59

Apenas separados por centímetros, en una de las paredes de su casa hay dos cuadros que luce con orgullo. Los enlaza una palabra: "título". El primero es con la clásica imagen del póster de fútbol: su amado Central Córdoba de Santiago del Estero, el único club en el que jugó. El segundo es el diploma de Profesor en Educación Física, su otra pasión, un cable a tierra. En el diccionario de la vida de Cristian Vega nunca existió la posibilidad de perder el tiempo. No se lo permite, no entra en su cabeza. Ni antes, ni ahora. El capitán del Ferroviario que jugará la final de la Copa Argentina contra River insiste en una idea: es posible compaginar el deporte profesional con los estudios, sólo es cuestión de proponérselo. "Claro que se puede. Yo empecé la carrera apenas terminé la secundaria y la hice en tiempo y forma, en cuatro años. Cuando uno se mentaliza en un objetivo y va en busca de eso, todo se puede lograr".

De hablar pausado, el volante de 26 años se toma un segundo antes de cada respuesta. Parece sentir la vida de la misma manera con la que juega al fútbol: cabeza levantada, visión, serenidad, despliegue. De pequeño, Vega detectó rápidamente una de sus pasiones: la pelota. El santiagueño nació y se crió en La Banda. "En mi infancia iba al colegio y a su vez a una escuelita de fútbol, Los Galguitos, que quedaba muy lejos de mi casa. Comencé a los cinco años y mi mamá se daba maña para acompañarme a entrenar. Ella siempre se esforzó y me ayudó en todo. Hasta que el profesor Eduardo Lugones empezó a trabajar en Central Córdoba y me llevó con él a las inferiores. Yo tenía 13 años, pero nunca dejé de ir a la escuela", detalla a LA NACION.

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Seis años más tarde, en 2013, Kily cumplió uno de sus sueños: el 26 de enero debutó en la primera contra Central Norte, en un compromiso por el Federal A que terminó 3-3 en Salta. Un crecimiento progresivo, siempre en la misma entidad. "Tengo un sentido de pertenencia muy grande por el Ferroviario porque acá llevo 13 años. ¡La mitad de mi vida! Le tengo muchísimo cariño y la gente me reconoce con su afecto", dice. El amor mutuo se explica de una manera sencilla: Central Córdoba es el único club donde jugó Vega. Pasó por todas las etapas y conoce cada rincón al detalle: inferiores, reserva, primera local, Federal A y B Nacional hasta llegar a la Superliga. Un recorrido que no hizo dudar al técnico Gustavo Coleoni: la cinta negra y blanca con la letra C debía lucirse en el brazo izquierdo de Vega. "Me gusta mucho ser el capitán. Fue una sorpresa enorme que me dio el entrenador. Es un orgullo muy grande y además un compromiso", asegura.

El futbolista nacido el 17 de septiembre de 1993 vivió todo con su club, varias alegrías y algunos sinsabores. Recientemente hubo miles de sonrisas en el histórico ascenso a la Superliga tras dejar en el camino a Sarmiento de Junín. También con la clasificación y el avance en la presente Copa Argentina. La otra cara de la moneda resultaron los llantos y lamentos cuando le tocó descender al Federal A en 2017. "Siempre soñé con esto que vivimos en 2019. Pero de chico yo trataba de ser realista y sabía que todo estaba lejos. Es una realidad. Al ser del interior, con el club en categorías más bajas, lo veía muy distante. Y ahora se dio todo de golpe, en un abrir y cerrar de ojos. Es algo precioso y lo disfruto mucho", admite.

Abocado a su desarrollo deportivo, Vega jamás descuidó los estudios. Los libros y los apuntes siempre estuvieron entre sus prioridades. "Muchas veces llevé los materiales de estudio a los viajes y a las concentraciones. Los traslados largos en micro por todo el país eran ideales para leer", rememora. Y se envalentona con las anécdotas. "Me sacrifiqué. Salía de mi casa a las 7 de la mañana, iba a clases y después entrenaba. Hacía de todo. Acortaba distancias, vivía en las casas de mis compañeros. Siempre de un lado al otro y dándome maña", dice con una sonrisa. Se enciende con un recuerdo puntual. "He llegado a presentarme en la práctica de Central Córdoba con el uniforme del profesorado. Recuerdo que esa mañana rendí atletismo y a los 10 minutos me fui a entrenar. Lógicamente, al trote. Llegué todo transpirado y los chicos se reían. Eso me quedó grabado", cuenta.

Si bien no es propenso a dar consejos, Vega aprovecha su condición de capitán del equipo para conversar con sus compañeros. Trata de transmitir la importancia del deporte y el estudio. "Me gusta charlar y les hago saber del esfuerzo y el sacrificio. Es bueno que sepan que se puede y que conozcan lo vivido. El camino es duro, pero el día de mañana se van a sentir plenos".

Ser humilde, saber escuchar, estar dispuesto a correr riesgos y adaptarse a los cambios son algunas de las características de Vega. ¿En qué lo ayudó su desarrollo en las aulas a la hora de ser capitán de un equipo de fútbol? "Es importante en la parte pedagógica, para uno como persona y también en el momento de estar en un grupo. Esa dinámica te brinda herramientas para manejarte en el vestuario con los chicos. Y en lo teórico tengo un ejemplo: cuando el preparador físico te explica los ejercicios uno ya tiene fundamentos a la hora de escucharlo. Son enseñanzas internas. Y yo trato de aprender día a día", resalta.

Confeso simpatizante de los millonarios, Vega no dudó a la hora de elegir al rival una vez que su zapatazo contra Lanús le dio la victoria al Ferroviario en las semifinales de la Copa Argentina. "Va a ser difícil porque sabemos cómo juega River. Pero en la cancha yo me olvido de todo. Ahí uno ya no es hincha. Mi cabeza está en Central Córdoba por completo. Esperamos hacer una gran final. Quiero disfrutarla al máximo y dando todo por mi equipo. Estamos muy felices", enfatiza.

La derrota de River ante Flamengo en la Libertadores obliga al equipo de Coleoni a vencerlos en la definición de la Copa Argentina si pretenden ingresar a la máxima competencia continental del año que viene. Estuvieron cerca, dado que una victoria del equipo de Marcelo Gallardo los hubiera clasificado independientemente de lo que suceda en Mendoza. "Me lamenté por Central Córdoba. La vimos en el vestuario del Palacio Ducó porque estábamos por jugar contra Huracán. Fue una pena por cómo se dio el partido. Pero ahora queda una chance que depende de nosotros mismos y frente a River queremos estar a la altura", sostiene el mediocampista.

En lo cotidiano, Vega se aferra a un proverbio persa: "La paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces". Es su método, su elección, en el fútbol y en la vida diaria.

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