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El peso de la palabra es vital en la vida del hombre. Es la única moneda que vale cuando las relaciones se establecen desde la confianza. Es la herramienta que puede definir una personalidad. Puede también describir perfectamente quién es una persona. Con ello se juegan muchas cuestiones. Aunque todos los seres humanos somos falibles, podemos incurrir en errores y hasta caer en contradicciones. Aún así, lo que uno dice es su sello de distinción. Ahora bien, cuando esa palabra se ve sujeta o condicionada por una conveniencia o por una lucha de poder... Todo se vuelve más difuso, poco genuino.
Es verdad que Juan Román Riquelme es un hombre de códigos, de valores, que se perdió un Mundial por diferencias con Diego Maradona, pero también es cierto que su negativa a la vuelta a Boca no sólo está vinculada a sentirse vacío . Si eso fuese así, no habría sugerido o preguntado qué pasaba con él al saber que Bianchi y Angelici terminaban su relación con Boca en 2015, así como tampoco hubiera pedido su representante que le ajustasen la cotización del dólar para el año y medio de contrato que le quedaba. Todas situaciones perfectamente valederas en una relación laboral.
Más allá de que en algunas entrevistas Riquelme aseguró no ser especialmente inteligente para declarar, sí lo es a la hora de mover sus fichas. Su palabra tembló ante la propuesta de Bianchi de volver y entendió que dar marcha atrás en su determinación de no retornar estaba la zanahoria de la Copa Libertadores y de la mano del DT que más lo potenció en su carrera. Pero claro, había que pagar un costo por desdecirse y las críticas le iban a caer como flechas. La lupa sobre su cabeza era muy grande. Tenía que lograr algo a cambio, algo que lo mostrase fuerte, así como había logrado sacarse de encima a Falcioni, ahora debía poner a prueba a los dirigentes.
Y el retorno no podía ser gratis , porque se hubiese mostrado débil. Justo él, que desestimó las peleas con Falcioni porque le había ganado una pulseada a Maradona, ahora no iba a aceptar que le dijesen que no a sus dos sugerencias (contrato y dólar) y que, además, el presidente no hubiera corrido para atenderlo cuando su representante lo llamó para reunirse.
Sin duda que para Riquelme su palabra tiene un valor y eso no se negocia, ¿o sí?

