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TOKIO (De un enviado especial).- Llegó para repetir su obra cumbre; aquella que había ensayado hace un año frente a Real Madrid en el mismo escenario y ante tantos espectadores que regresaron sólo para disfrutarlo. Pero el destino, vestido de diablo como el Bayern Munich, se burló de sus condiciones futbolísticas y de sus promesas de un nuevo tributo hacia los simpatizantes xeneizes. Sin piedad alguna le pegó la más dura de las cachetadas y él estalló en llanto. Como un niño, como un hombre. Desconsolado, desilusionado y sin respuesta Juan Román Riquelme cayó...
Allí estaba él, con los ojos brillosos de tanto dolor. Como un boxeador abatido intentó levantarse, pero sus músculos no pudieron vencer tamaño desencanto. Como queriendo esconder su dolor, se sentó de espaldas a sus fieles xeneizes, que desde el alma y con una ovación intentaron levantarlo. No pudo ser y avergonzado por haberlos traicionado escondió su cabeza entre las rodillas y allí se quedó. En silencio. Buscando explicación en el monótono color verde del césped y llorando desconsoladamente. Poco le preocupó que su imagen apareciera en la pantalla gigante y se transmitiera hacia todo el mundo. Allí se quedó.
Los integrantes del cuerpo técnico y algunos dirigentes intentaron levantarlo para ponerle fin a su sufrimiento y quitarle de una vez la pena que cargaba, pero él no aceptó. Sólo Carlos Bianchi lo puso de pie, aunque Román aguantó poco y volvió a caer.
Es que para él, el choque con Bayern Munich era algo especial. No era una final más. Desde hace meses se había preparado para el enfrentamiento con los alemanes. Con un nuevo título, quería devolverles a los hinchas todo ese cariño que recibe día tras día. Tal vez habrá pensado en que ya no le quedará más tiempo para dar una vuelta olímpica con el club del que es hincha fanático porque Europa lo espera. Entonces lloró.
Solamente se levantó cuando tuvo que recibir la medalla en manos de los organizadores y el camino hacia la tarima le resultó un verdadero calvario. Allí, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, le colgó la medalla que él no quería ver ni tener, pero que con el tiempo, seguramente, tomará el valor que hoy no tiene.
En su encuentro con Blatter, el hombre más poderoso del fútbol tuvo un gesto con Riquelme que no mostró con otro jugador: lo besó en la mejilla y le dio una palmada para animarlo; pero su llanto continuó. Después de agradecerle y pedirle perdón a la hinchada de Boca, encabezó el regreso hacia el vestuario, donde llegó primero y con una trompada a la pared intentó desprenderse del dolor que lo atormentaba.
Su duelo continuó y ni él sabe cuándo terminará. En silencio, como es su costumbre, dejó el estadio donde vivió su mayor felicidad y su mayor tristeza.Ya no tenía fuerzas para calmar a sus compañeros como lo había hecho con su amigo Marcelo Delgado durante el entretiempo, cuando se encontró con él llorando por haber sufrido la infantil expulsión en el primer tiempo.
Quién sabe, tal vez aquel encuentro con el árbitro Kim Nielsen antes de comenzar el partido marcó un indicio de lo que el destino le tenía reservado. Fue allí cuando el dinamarqués le pidió a Román que se quitara la cadena; la misma que lo acompañó en la conquista del Mundial Sub 20, la que fue testigo de tantos títulos locales, la que compartió lugar con las medallas doradas de las dos copas Libertadores, la del triunfo sobre Real Madrid..., la que recuperó en el aeropuerto de Ezeiza cuando alguien se la arrebató minutos antes de volar hasta aquí.
La noche se cerró como la peor condena para el ídolo de Boca , que espera encontrar en Buenos Aires la felicidad que perdió en el estadio que lo vio brillar hace un año. Allí llegará con su cadena y una segunda -indeseada- cruz a cuestas.
El partido entre Bayern Munich y Boca marcó el cierre de la Copa Europeo-Sudamericana, que en 1980, gracias al auspicio de la empresa automotriz Toyota, reemplazó a la Copa Intercontinental, nacida en 1960. La FIFA aún no resolvió qué sucederá con el clásico choque entre europeos y sudamericanos.
TOKIO (De un enviado especial).- Serio, tras la caída con Bayern Munich, aunque no disconforme con la actuación del equipo, Mauricio Macri, presidente de Boca, elogió al plantel xeneize: "Fue una derrota digna, porque Boca jugó todo el segundo tiempo con un hombre de menos y a Bayern le costó quebrar el cero. Me voy satisfecho con la entrega y el sacrificio de los jugadores", comentó el titular de Boca minutos después de la consagración de los alemanes.
Consultado sobre la actuación de Marcelo Delgado, Macri fue terminante: "No se puede cargar la responsabilidad en Delgado y él no es el culpable de la derrota. Son circunstancias de una final y hay que tomarlas como tales. Lo importante es que Boca jugó un buen partido y que participó por segundo año consecutivo en una final del mundo. Y eso es un privilegio de pocos. ¿Qué pienso del arbitraje? Prefiero tomar distancia y hacer un análisis más en frío", manifestó Macri.


