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El Cuti Romero es un personaje muy especial. Capaz de publicar videos en las redes sociales derrochando ternura en familia, mostrando una faceta totalmente distinta a la que exhibe en las canchas, cuando deja el alma en cada cruce, anticipa a los rivales o incursiona en ataque con convicción, buscando el gol, tal como lo hizo con éxito en este Mundial en los partidos frente a Cabo Verde, por los 16avos. de final, y contra Egipto, por los octavos.
Un Mundial al que llegó con lo justo físicamente, producto de una recuperación de una lesión en la rodilla derecha durante un partido del Tottenham Hotspur por la Premier League. Le ha tocado entrar y ser reemplazado y ha preocupado tanto al cuerpo técnico como a sus compañeros y a los hinchas, claro.
“Vuelvo en tres o cuatro días”, llegó a decir, convencido, luego del partido de la etapa de grupos contra Austria, cuando fue sustituido por Nicolás Otamendi en los primeros minutos del segundo período, cuando parecía que todo se complicaba a futuro para él como consecuencia de un esguince de grado dos en el ligamento lateral de la rodilla derecha. La misma que se había lesionado antes del Mundial.

Su titánica actuación en la final de Qatar ante Francia incluyó quites notables, pierna fuerte y una recordada acción en medio de su duelo con Kylian Mbappé, autor de los tres goles del conjunto galo, dos de ellos de penal. Pero antes de la definición por penales sellada por el remate de Gonzalo Montiel, Romero tuvo una reacción sorprendente en el momento en que Messi convirtió el tercer tanto argentino, en el suplementario: se paró delante del atacante del Real Madrid y le gritó el gol en la cara, en una descarga inusual y que puede interpretarse como provocativa. Mbappé ni se inmutó.

Pasaron cuatro años y este martes, en el dramático partido contra Egipto por los octavos de final, disputado en Atlanta, se vio un nuevo capítulo de los alocados festejos de Cuti. Ya había señalado uno de los tantos argentinos (el primero, el que motorizó la reacción de la selección) y transcurría el tiempo adicionado cuando Enzo Fernández convirtió el tercer y decisivo gol para el 3-2 con épica. Un momento inolvidable.
De fondo, se ve a los jugadores corriendo para festejar con Enzo, a Paredes desplomándose mirando al cielo justo en el círculo central y al Cuti Romero pasando por delante de Mo Salah festejando la conquista con puñetazos lanzados al aire y gritos desde el alma. Nada le impide festejar, está claro. Sólo que todo ocurrió demasiado cerca del delantero egipcio y a la carrera, en un momento caliente del partido por eliminación directa. Al igual que Mbappé aquella vez, Salah no se tomó a mal la efusiva manera de celebrar del defensor argentino y en vez de eso, empezó a reclamarle algo al referí francés François Letexier. Supuestamente, lo que entendía como una infracción de Julián Álvarez en el arranque de la jugada. Algo que, en rigor, no ocurrió.
Por las dudas, en medio de los puñetazos al aire de Cuti Romero repentinamente apareció Dibu Martínez para abrazarlo y llevárselo para un costado, ignorando todavía que Salah había optado por volver hacia su campo para reclamarle a Letexier y que no tenía en mente entrar en conflicto.

Tiempo atrás, decía Lionel Scaloni sobre Cuti Romero: “A veces le decimos al Cuti que no suba, pero él va igual, lo tiene en sus genes. Hizo una cabalgata como cuando estaba en el Atalanta. Tiene ese potrero que no lo podés controlar y a veces a nosotros nos da sus frutos”.
Es el hombre que hace sentir seguro al mismísimo Lionel Messi (“Me deja tranquilo saber que Cuti está ahí atrás, no me tengo que dar vuelta para mirar”). El defensor que está considerado en la trilogía de mejores en el puesto de zaguero junto con Daniel Passarella y con Oscar Ruggeri. El titán que, en la cancha, deja de lado la ternura paternal y no duda en festejar los goles de manera muy particular, sin importarle los pergaminos de sus adversarios.




