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OPINIÓN

¿De qué se ríe Chiqui Tapia?

El presidente de la AFA, señalado por la Justicia, subió su perfil en Estados Unidos al ritmo del avance de la selección

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Chiqui Tapia, en uno de los posteos recientes
Chiqui Tapia, en uno de los posteos recientes @Chiquitapia
Ariel Ruya
Por Ariel RuyaLA NACION
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La selección argentina jugó tres finales con Julio Grondona como presidente de la AFA. México ‘86, Italia ‘90 y Brasil 2014. Murió pocos días después de la definición en el Maracaná, a los 82 años, luego de estar durante 35 temporadas al mando del fútbol argentino. Era, también, el vicepresidente senior de la FIFA.

El ámbito local -y el equipo nacional- eran una moneda al aire cuando asumió Claudio Chiqui Tapia como presidente de la AFA, el 29 de marzo de 2017. Construyó poder, minimizó a los críticos y conserva el sillón, al menos, hasta 2028. El prólogo de su carrera como dirigente deportivo fue como presidente de Barracas Central en junio de 2001.

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El estadio lleva su nombre, el equipo ascendió inesperadamente hasta instalarse en primera división, la mayoría de sus partidos son seguidos con lupa y jugó por primera vez la Copa Sudamericana. Sin embargo, el valor central de Tapia es la selección. La apuesta por un joven Lionel Scaloni (era uno de los ayudantes de Jorge Sampaoli en el desbarranco de Rusia) es su principal virtud.

El entrenador cambió la historia, superó a César Menotti y Carlos Bilardo, salió campeón del mundo, acaba de alcanzar otra final, consiguió dos títulos de Copa América y hasta la Finalissima. Bajo su aura, Lionel Messi cumplió todos los sueños de su vida (podría llevarse un bonus track el domingo) y todas las estructuras de los equipos nacionales recuperaron la seriedad de otra época. Mayor, juvenil, olímpica, hasta levantó las banderas de la Argentina femenina.

Tapia, siempre con Messi
Tapia, siempre con Messi@Chiquitapia
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Messi y Rodrigo De Paul se sacan con Tapia una foto-cábala antes de cada partido: al presidente le gusta ser uno más del grupo de jugadores. Chiqui es, de algún modo, el otro finalista. En el camino, lo sigue de cerca la Justicia en múltiples causas. Esas investigaciones se suman al ojo escrutador que desde hace años lo señala como el culpable de cómo gestiona todo aquello que no se llame selecciones. Para ser lo suficientemente gráficos: destruyó el fútbol argentino.

La forma de los torneos, la competencia interna. Las sospechas, la mano de la tecnología, el grupo de árbitros señalados por todos. El título donado a Rosario Central en un abrir y cerrar de ojos. La falta de recursos de la mayoría de los 30 equipos que se amontonan en la Liga Profesional -algunas veces, por la propia incapacidad de cada entidad-, mientras en la AFA rebasa el oro por las múltiples ganancias de la selección. Un modelo en el mundo, en comparación con las migajas que ofrece la estructura del fútbol local.

El saludo de Trump con Tapia, en una capura de DSports
El saludo de Trump con Tapia, en una capura de DSports

La fuga de talentos no solo se deben a los malos manejos dirigenciales y penurias económicas locales: el campeón de la Copa Argentina 2025 recibió un premio de 200.000.000 pesos (unos 145.000 dólares al tipo de cambio oficial). El campeón de la Copa Brasil se llevó un premio récord de aproximadamente 18 millones de dólares (unos 101 millones de reales).

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El último campeón argentino de la Copa Libertadores fue River en 2018. Desde una temporada después, todos los campeones son brasileños. Es el título que obsesiona a todos en esta parte del mundo: no es casualidad.

En los últimos meses, un mar de críticas y melodías de insultos recorrió todas las canchas, hasta recitales de música, acontecimientos culturales. Tapia consiguió un imposible: la mirada negativa que tienen los hinchas del fútbol argentino es prácticamente unánime.

Más allá del incomprensible torneo argentino (cualquiera le gana a cualquiera, lo que aumenta la emoción en los cruces directos), en que la segunda división tiene un certamen de dos zonas de 18 equipos y los cambios en las reglas de juego pueden ocurrir en el medio de la competencia con la complicidad de casi todos los dirigentes, lo sigue la Justicia.

Lo sigue de cerca con múltiples causas. La principal: está procesado por presunta evasión impositiva de 19.000 millones de pesos por falta de pago de aportes en la AFA; la causa está en el fuero penal económico. Otra, muy sensible: en la causa de la quinta de Pilar se investiga si sus dos propietarios oficiaron de testaferros de Pablo Toviggino, su mano derecha. Se investiga una maniobra de lavado de dinero.

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Por algunas de estas cuestiones, tuvo que pedir permiso para salir del país y, en las últimas semanas, no solía mostrarse festivamente en público. Es más: en un par de partidos de selección, evitó hacer pública esa suerte de cábala con Messi, De Paul, el mate y el termo.

Sin embargo, rodeado de las principales figuras del fútbol mundial, como Gianni Infantino, presidente de la FIFA y Alejandro Domínguez, de la Conmebol y, sobre todo, el exitoso andar de la selección hasta el final del Mundial, su imagen apareció más seguido. Hasta con Donald Trump, en las últimas horas. Toda una celebridad.

Chiqui Tapia y la chicana con Nakis, al que sus detractores tildan de "secanucas"
Chiqui Tapia y la chicana con Nakis, al que sus detractores tildan de "secanucas"Instagram Chiqui Tapia
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Fotos, posteos, sonrisas, el mate con Leo y hasta una ocurrente imagen en vivo, mientras el genio de 39 hablaba con los medios. Un paso de comedia en el que recreó una imagen que recorrió el mundo. Una cámara de televisión captó el momento en el que Luciano Nakis le secaba la nuca. Todo entre risas, claro. A la distancia, Messi no lo podía creer.

¿De qué se ríe Chiqui Tapia?

Tal vez, de todos nosotros.