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NUEVA YORK (enviado especial).- “Hola presi. ¿Cómo estamos para el domingo? Para mí, España gana 2-1”. La escena ocurre este viernes por la tarde en los pasillos del hotel Waldorf Astoria de Manhattan. El portugués Luis Figo, figura de Barcelona, Real Madrid y el Inter de Milán, y ganador del Balón de Oro, se cruza en un saludo afectuoso con Mauricio Macri, quien vive aquí su segundo Mundial bajo el rol de titular de la Fundación FIFA.
Minutos después, mientras se acomoda para hablar con LA NACION en una mesa del restaurante de la planta baja del hotel ubicado en Park Avenue en Midtown Manhattan -uno de los íconos de la era dorada de la ciudad de Nueva York-, en el lobby se ve una verdadera colección de leyendas del fútbol mundial.
Ahí están con impecables trajes los brasileños Ronaldo y Cafú, el inglés Steve Gerrard, el español Fernando Hierro, el italiano Fabio Cappello, y varios más. Entre los argentinos conversan animadamente de la final del domingo “Cuchu” Cambiaso, “Pupi” Zanetti, David Trezeguet y Javier Pastore. Vozinha, arquero de Cabo Verde que casi amarga a la selección, forma parte de la comitiva que se subió a un micro en la puerta del imponente hotel que alojó a reyes y mandatarios para ir a unas cuadras hasta la Trump Tower, donde asistieron a la recepción que dio el presidente estadounidense en el marco del Mundial 2026.
En un rincón de la planta baja, construida en estilo Art Déco con columnas de mármol y el famoso reloj de la Feria Mundial de 1893, el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, se saca una selfie con Alejandro Domínguez, titular de la Conmebol.

En la previa de la gran final del domingo, Macri se prepara para asistir a su segunda final consecutiva. Cuenta que no fue a muchos Mundiales. Algo que lamenta. “Siempre tuve mucho trabajo y no supe definir mis prioridades en la vida. Perdí cosas únicas siendo un amante del deporte, perdí señales únicas, como los Mundiales. Siempre privilegié el tema del deber ser. Qatar fue la primera experiencia en la que viví todo un Mundial y lo disfruté completo. En este volví diez días a Buenos Aires pero lo estoy viviendo con mi familia”, cuenta.
Lejos de la política argentina y de las fuertes internas, el expresidente se siente a gusto en este ambiente. Durante el último mes, vio casi todos los partidos de la selección argentina. En la primera parte, lo acompañaron dos de sus hijos mayores, Agustina y Francisco. Gimena, madre de su único nieto, no pudo llegar porque “es pintora y tenía una exposición”. En la segunda parte lo acompañaron su hija menor, Antonia, y Valentina, hija de Juliana Awada de una pareja anterior. “Ahora estamos en la final junto a Lola”, dice sobre su nueva pareja, Dolores Teuly.

-¿Cómo califica esta Copa del Mundo?
-En cuanto a organización, todo mejoró. Pero Qatar fue algo muy especial y va a quedar como único. Porque haber estado todo el mundo siguiendo al fútbol en una única ciudad es algo que no vamos a volver a vivir. Yo como miembro FIFA podría ver hasta tres partidos por día. Este es un país tan grande que cuando te movés y vas a un aeropuerto el 99% de la gente está viajando a otro lugar por otra cosa.
-¿Es la mejor de la historia como dicen?
-La modificación que hizo Infantino de proponer 48 equipos demostró ser un éxito total.
-¿Estuvo de acuerdo con el torneo extendido?
-Tenía mis dudas. Pero entendí la idea y ahora la comparto. Es una idea central que movilizó la gestión de Infantino, que es lograr equiparar la competencia. La única manera de equilibrar la competencia es ayudando a los peores a competir con los mejores. ¿Por qué tenemos la selección que tenemos? Porque los jugadores juegan en las mejores ligas del mundo. Mal que nos pese, si jugasen solamente en la liga argentina, que está entre las peores del mundo, no tendrían este nivel de competitividad.

-¿El 2030 será un Mundial de 64 equipos?
-No creo que eso pase, no está tan hablado. Son cosas que se dicen, pero no lo creo.
-El domingo estarán Pedro Sánchez y los reyes de España en el estadio. Javier Milei lo verá en Olivos. ¿Por qué los presidentes argentinos en ejercicio no vienen al Mundial?
-Porque los argentinos somos cabuleros.
-¿Solo es por eso?
-Si Alberto Fernández pudiese volver para atrás, creo que por lo único que volvería no sería para portarse mejor en otros aspectos personales de la vida, sino para no perderse esa final de Qatar. Me parece que fue un momento muy único.
-¿En 2018 le hubiera gustado viajar al Mundial de Rusia? Usted anticipó que solo iría a una final.
-Pero no nos dio, no nos daba la nafta. No llegábamos. Además estábamos en medio del lío, después de las 14 toneladas de piedra, irme al Mundial sin que sea la final era mucho. Habíamos vivido el ataque bestial del kirchnerismo.

-¿Cómo define a este equipo argentino?
-Es como la excelencia de un grupo humano que sabe combinar las fortalezas de cada uno de sus integrantes a partir de dos datos claves. Un cuerpo técnico con un liderazgo muy sano y que transmite todo el tiempo sus actitudes. Y acá no se aceptan egos descontrolados.

-¿Qué representa Messi?
-En los estadios más de la mitad de la gente que tiene la camiseta argentina no es de Argentina. Eso es el fenómeno de idolatría que generó Leo a partir de su actitud en la vida. Es un excelente ganador y un excelente perdedor. Un hombre de familia, un hombre que transmite que su foco está en ser el mejor profesional posible y vencer la finitud de la vida. Lo está haciendo a los 39, a la misma edad que sus excolegas están comentando el Mundial por televisión.

Todo eso es algo que generó una energía especial porque a esta altura nadie puede negar que tuvimos partidos muy malos. El técnico dijo que con Suiza jugamos mal. Y desde ahí el grupo se sobrepuso a su situación técnica, a su competitividad en ese momento. Yo invito a los argentinos a decir gracias porque no es solo este Mundial. Es la Copa América 2021, es Qatar, es la Copa América 2024 y ahora esto. Hay que disfrutar de todo esto porque el lugar que nos dio este equipo en el mundo, el lugar que nos dio Leo en el mundo… El fútbol tiene una centralidad absurda que a algunos intelectuales todavía enoja.
-¿Cómo vio el tema de la bandera Las Malvinas son argentinas en el festejo?
-Y pensé… hicieron una de más.
-¿Por qué?
-Si nosotros ya sabemos que son argentinas y lo estamos reclamando, van a ser argentinas, los tiempos de la geopolítica no son los tiempos de nuestro día a día, pero van a volver a ser, la verdad, reconocidas y aceptadas por el mundo entero incluyendo Inglaterra. Y si dijimos que esto es un partido de fútbol, es un partido de fútbol. No hay que mezclar, a pesar que nos gusta cantar a todos, y me incluyo ‘el que nos salte a su inglés’, que es nuestro canto de combate, pero ese no era el momento. Pero bueno, ya está. Fue un momento. No se puede exigir la perfección.

-¿No le parece que sirvió para que el reclamo alcance a esas generaciones a las que llega la selección?
-No subestimemos a los chicos, están informados de todo. Hoy las redes actualizan todo en tiempo real.
-¿Qué siente cuando lee que la FIFA ayuda a Messi?
-Me causa mucha gracia porque la comunicación te vende teorías conspirativas. A mí me tocó ser protagonista en muchos momentos de cosas parecidas, y las cosas pasan porque pasan, no es porque uno lo pensó. En el caso del suizo que simuló la falta de Paredes, lo obliga al VAR a participar porque le sacan la amarilla a Paredes. Ahí cambia la psicología del partido. La estábamos pasando re mal y los suizos se fueron para atrás.
-¿Cómo evalúa la injerencia de Trump con Infantino? Hasta influyó en cambiar una decisión del tribunal de disciplina.
-Yo tengo buena relación con los dos. Con Trump teníamos una amistad de mi época empresaria, justamente acá en Nueva York. Mi papá tenía un proyecto y me tocó a mí hacer la negociación final con Trump. Yo tenía 24 años y él 38. Tiene la misma personalidad compleja que tenía en aquella época. Es avasallante en su forma de comunicar y siempre quiere protagonizar todo lo que sucede. En ese caso, los organismos técnicos de FIFA ya habían decidido algo y él se lo apropió.

-¿Lo vio a Trump?
-No, nos vamos a ver el domingo.
-En el palco estará también Claudio Tapia, ¿cómo se lleva con él?
-No me llevo. Es público que no comparto la forma en que maneja el fútbol argentino, las cosas que pasan en la liga, todas las denuncias que tiene. Yo tengo otras formas de ver la vida. Más allá de que él tuvo un acierto dejando a Scaloni como interino y después como el DT definitivo.
-¿Acá se cruzan?
-En el primer partido él me saludó después del segundo gol. Yo le di la mano. Educadamente. Pero bueno, eso no significa que yo crea que lo que hizo junto a Toviggino está bien. Me canso de ver las denuncias en su contra. Si el 10% de lo que dicen es verdad, es una catástrofe
-¿Llegan hasta la FIFA esas denuncias?
-Sí, claro que llegan. Infantino hizo una labor impresionante en recuperar la imagen de FIFA. Él asume porque Blatter estaba preso y toda la cúpula más importante estaba denunciada. Hoy en la FIFA nadie toca un peso que no le corresponde. La FIFA paga muy bien y la plata va a las federaciones. Se espera que cada federación utilice correctamente el dinero para difundir más el fútbol.
-¿Se va a meter otra vez en política? ¿O en el fútbol argentino?
-La verdad es que estoy en una posición en mi vida para ayudar y para protagonizar menos. Dedicarle más tiempo a mis afectos. Fueron 20 años que dediqué a la Argentina, más 12 años que dediqué a Boca. Yo soy un amante de la libertad, siempre fui un liberal. Y ahora por suerte se están comprendiendo más las ideas liberales en la Argentina. Creo que como un liberal, mi libertad personal es algo maravilloso. Cuando estás expuesto públicamente, hoy más con los tiempos que vivimos y las redes sociales, es como que todo el mundo te invade. Y también complica a tus seres queridos.
-¿En la Argentina sigue siendo más difícil ser dirigente de fútbol que político? ¿O lo dice de la boca para afuera?
-Sigo creyendo que es más fácil o menos complejo gobernar un país. Pero en situación normal y no en minoría con el kirchnerismo en su máximo momento de poder. Manejar un club muy popular como Boca Juniors es complejo porque el fútbol es una locura que te invade las 24 horas del día. A todo el mundo le interesa. Desayuna, almuerza y cena hablando de fútbol. A la mayoría de la gente no le interesa la política. Cuando le tocan el bolsillo ahí reaccionan contra los políticos.

-¿Qué le dio y que le sacó el fútbol?
-Te cuento una anécdota que casi me cuesta que mi mujer en ese momento, Isabel Menditeguy, se vaya a buscar un novio nuevo. Me abandonó... Este cuento fue muy largo, es más íntimo. Yo venía hablando desde que salí de la cancha... y ella manejando, me esperaba dando vueltas. Y yo no podía cortar el teléfono con Eduardo Gamarnik, un representante de jugadores al que quise mucho. Literal, me pasé una hora y cuarto hablando con él para ver si dejábamos ir a Pineda o al Vasco Arruabarrena porque teníamos oferta por los dos. ‘Este ataca mejor. Aquel cabecea mejor. Este cierra mejor’. Una hora y cuarto hablando y mi mujer manejando… Soy un tipo que me considero inteligente y no podía dejar de hacerlo. Te pasas el día entero como un loco. El fútbol es increíble, es una droga difícil de dejar. Me costó mucho dejarla. Igual le agradezco a Boca todo. Aparte, también significó separarme de mi padre. Me significó un montón de cosas. Yo hacía de presidente. De gerente general. De gerente de fútbol. De gerente de obra. De gerente de marketing. Copiando a los buenos clubes de Europa. Y lamentablemente la actual gestión destruyó todo eso que se había hecho. Es un dolor enorme. Porque Boca es un hijo.
-Usted viene seguido a Estados Unidos, ¿ve que hay un cambio desde la mirada hacia la Argentina con el nuevo gobierno?
-No. Lo que hay es una expectativa. Acá tienen una atracción, una simpatía por nuestro país. Pero de golpe van a Bariloche, los americanos dicen qué lugar maravilloso pero yo no voy a volver más. Es un país donde si salgo del hotel, tardo un día y medio en hacer cuatro kilómetros. Porque no han podido hacer una autopista que conecte el Llao Llao con la ciudad, o la ciudad con el aeropuerto.
Entonces tenemos que mostrar que somos capaces de progresar, de desarrollar el país, de construir buena infraestructura. Uno viene acá y ve estos aeropuertos, ve las autopistas. ¿Y por qué no lo vamos a tener nosotros? Porque en vez de administrarnos bien, sin déficit, hay que invertir. Entonces creo que ellos esperan que hagamos las cosas bien porque les gusta nuestra gente, les gusta nuestro país, y hay una expectativa. Ojalá que esta vez confirmemos el rumbo y hagamos todo lo que falta hacer.



