Donde ir a la cancha es un tour

Ver un partido de fútbol en Abu Dhabi es asistir a varios espectáculos en uno: el orden es un culto, no hay insultos, la presencia policial es mínima y todos respetan a rajatabla el horario del rezo; las mujeres tienen un lugar aparte
Francisco Schiavo
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12 de diciembre de 2009  

ABU DHABI.- Una situación atípica en un lugar misterioso, un pintoresco retrato al borde del desierto caliente que a lo lejos engaña con espejos de agua que no lo son. En esta ciudad llueve dos o, a lo sumo, tres veces al año. Y anoche fue una de ellas; en realidad, por momentos cayó un diluvio, como en una sutil bendición para aquellos que veneran el Mundial de Clubes. Dicen los lugareños que, por más que el final del invierno es la época de lluvias, nunca son tan fuertes ni constantes. Un día, una estrella, un oasis en el calendario.

Un partido de fútbol en los Emiratos Arabes es digno de verse casi como un paseo turístico. Ritos, costumbres, formalismos de una respetuosa pasión que se expande. No hay ni que pensar en revendedores de entradas ni en policías ofuscados ni en hinchas con borrachera. Es un placer caminar las últimas cuadras hacia el estadio sin temor a los robos ni a los barrabravas.

No se vende alcohol en la vía pública y ni siquiera en los supermercados. En las góndolas de la cadena Carrefour, las cervezas importadas tienen un aviso: "NA" (no alcohol). Sólo los privilegiados pueden consumirlo: hay que tener una autorización u hospedarse en un hotel 4 o 5 estrellas.

Un partido en Abu Dhabi son varios espectáculos dentro de uno. La custodia es escasa alrededor del estadio Mohammed bin Zayed. Un par de policías en una esquina; un par en otra; un par de agentes a caballo. Lo curioso es la vestimenta de las mujeres de seguridad: uniforme azul y negro, pero también la "sheila", ese especie de pañuelo que les cubre buena parte de la cara.

Cada uno llega con su entrada anticipada. Las filas, cortas y rápidas, sólo se hacen en el ingreso a la cancha. Nada más. Eso sí: cuando llega el momento religioso, nada se interpone a la oración. La hilera se deshace y, de rodillas, se ruega. Aquí se reza cinco veces por día y cualquier actividad se detiene cuando llega el tiempo de la plegaria.

Las mujeres bajan la vista y nunca miran directo a los ojos. Pero también van a la cancha y tienen un lugar asignado donde no las acompañan los hombres. Al ser una población con el 80 por ciento de extranjeros (tiene 860.000 habitantes), las inmigrantes y las turistas pueden mezclarse entre los hombres. Eso ocurrirá con las seguidoras de Estudiantes, por ejemplo, el martes próximo.

La mayor efervescencia se vio el miércoles pasado, cuando jugó el equipo local Al-Ahli, que perdió con Auckland City, de Nueva Zelanda, por 2-0. Pero, anoche, Mazembe (Congo) y Pohang Steelers (Corea del Sur) también tuvieron lo suyo.

El fervor viste "ghutra" (turbante) y "candoora" (túnica), tal el atuendo de los hombres. Ninguno se mueve de su asiento. A veces, aplauden. A veces, hacen silencio. Se entusiasman con los ataques. A veces, se enfervorizan "con respeto", más que nada con algún ademán. Sólo hay un cántico: el nombre el equipo que se vitorea.

Los controles de la FIFA son exigentes y no es fácil mezclarse con el público. Hay detectores de metales en las puertas y no se puede fumar. ¿Qué pasa si se detecta tabaco? Los encargados de la seguridad estrujan los cigarrillos delante de la cara de su dueño.

Se vocifera en inglés. "Run, run, run?!" (corre, corre, corre), es lo que más se escucha entre las butacas rojas, negras y blancas. También hay lamentos: "¡Oh, no!". Casi no se hablan entre sí durante el partido. Hay que pasar con cuidado entre los asientos. Ya de por sí algunas miradas son desafiantes para la ropa occidental. Si hubiera algún pisotón inoportuno, quién sabe? Comen alguna golosina, chocolates y helados, y abunda la gaseosa cola. En el entretiempo sí estiran las piernas y buscan algún tentempié salado. La mayoría elige los tradicionales shawarmas, unos panqueques rellenos con pollo, carne, cebolla, morrones, aceitunas y hasta pasas de uvas.

Al final sobrevienen los abrazos entre aquellos que ganaron y los lamentos entre los que perdieron, hilera de por medio. Nadie maldice. Los insultos están mal vistos en cualquier idioma e, incluso, pueden ser el comienzo de una causa judicial. Una frase se escucha de fondo: "I´m very sad" (estoy muy triste). El público baja sin empujarse ni apretujarse. Nadie espera 30 minutos: salen todos juntos sin ningún operativo adicional de seguridad. La única espera se da en el estacionamiento, donde las 4x4, los Porsche y los Audi parecen un reguero de hormigas con luces titilantes.

Ritos, costumbres y formalismos rodeados las dunas. De religión, cultura y cuentos de fútbol.

  • Barcelona espera a Atlante o a Auckland City

    Hoy se conocerá el adversario de Barcelona: Atlante, de México, que tiene a los argentinos Santiago Solari, Federico Vilar y Gabriel Pereyra y Miguel Martínez, u Auckland City, que jugarán a las 13 de la Argentina, en el estadio Zayed Sports.
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