El fútbol tocó fondo; la vergüenza, no

Eduardo Ahmar Dakno
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10 de junio de 2013  

Si alguien quisiera retratar la vergonzosa realidad del fútbol argentino no tiene más que repasar lo sucedido la última semana. La falta de escrúpulos, el desgobierno, los intereses políticos y la entronización de la incapacidad se aunaron para hacer de la antepenúltima fecha del Final un impensado y sorprendente paradigma de la degradación.

El remate fue algo injustificable, desubicado, provocador. Una locura. Una miserable muestra de falta de profesionalismo y desprecio de quienes deben conducir un club y combatir a las barras bravas: la reproducción del tema Te vas desde los parlantes del Cilindro de Avellaneda.

Hace rato el fútbol argentino tocó fondo. Su programación es anárquica. Cambia por conveniencia de la TV. Vuelve a cambiar "para evitar hechos de violencia de grupos que van a provocar disturbios", según denunció el secretario de Seguridad, Sergio Berni. Hizo lo que correspondía. Pero no impidió los incidentes en River, y menos evitó la suspensión de Vélez-All Boys. Tampoco precisó, al menos públicamente, a quién o quiénes respondían "los supuestos infiltrados". Sería bueno saberlo. Independiente-San Lorenzo jugarán este sábado, por ahora, un clásico de mayor riesgo que el de ayer en Núñez. No será su jurisdicción. Debería ser su preocupación.

Del otro lado del Riachuelo, el Aprevide prohibió a los hinchas de Boca en Racing porque Rafael Di Zeo, el ex jefe de La 12, había anunciado gentilmente que tenía 800 entradas para el partido de anoche. "Estoy bajo el derecho de admisión. No quiero ir a la cancha. Por un rumor siembran el pánico. No saben vigilar a 3000 hinchas. Me mato de risa. No sé cuál es el juego", dijo Di Zeo. Un operativo con 900 policías para controlar una sola hinchada no pudo identificar ni detener a quien interrumpió con su presencia, por un par de minutos, el clásico que ganó la Academia. Era un fantasma. Cerrar una tribuna es más sencillo. Sin hinchas, no hay problemas, argumentaron. E ignoraron la impune musicalización de otro disparate.

El temor guía las decisiones de quienes deben brindar seguridad. Nadie quiere pagar el costo político de tener una víctima en su placard. No se castiga a los responsables. Pagan los hinchas, rehenes de la incapacidad, la connivencia y los intereses. Así está el fútbol argentino.

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