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BELO HORIZONTE.– Al Negro Garay le gustaba treparse a la camioneta de su viejo por la puerta de atrás y acompañarlo por el sur de Rosario en el reparto de mozzarella. Ya tenía 13 años e impresionaba con ese físico fibroso de casi 1,80 metros de estatura.
Cuando llegaba a algún negocio nuevo, el padre de Ezequiel lo presentaba como el custodio… Y ante la duda, varios preferían el silencio. Mejor no contradecirlo a don Garay… A ver si el morrudo centinela se enojaba. Pero la vida del Negro ya estaba orientada hacia el fútbol.
Incluso había aceptado que su puesto era el de zaguero central, aunque sus sueños de goleador no los iba a abandonar de ninguna manera. Es que Ezequiel comenzó a jugar a los 4 años en el Club Sarmiento de Santa Teresita, de Rosario, claro, de centrodelantero, y como les llevaba muchos centímetros a sus rivales, con el arco de enfrente estableció una rápida complicidad.
Hasta que ingresó en las inferiores de Newell’s y Eduardo Fullana, el lateral izquierdo del equipo de Marcelo Bielsa, campeón en el 91, lo ubicó en la defensa. De todos modos, en la Lepra se había ido a probar de volante central porque sabía que todos los pibes sueñan con hacer goles. Ya se estaba alejando del gol… Pero la relación no se iba a interrumpir. El Negro Garay evoca con gratitud: "Jugar de delantero me ayudó muchísimo, porque aprendés a decidir a quién y dónde le vas a dar la pelota antes de recibirla. Un defensor sabe lo que tiene que hacer cuando sabe lo que piensa el delantero", analiza en una pausa que le propone la Copa del Mundo.
Desde el fondo se reinventó. Un gran cabezazo, justeza en los penales y un furioso cañón en los tiros libres le permitieron mantener el pacto con la red. Campeón Sudamericano Sub 17 en Ecuador 2003, campeón con Newell’s el día en que el Tolo Gallego lo hizo debutar en el Apertura 2004, campeón Mundial Sub 20 en Holanda 2005 y campeón olímpico en Pekín 2008. Apenas con 13 partidos en primera, saltó a Europa, a Racing, de Santander, donde festejó 14 tantos en cuatro temporadas.
Después apareció Real Madrid, que se aseguró su pase por 10 millones de euros. Dos años con los merengues le alcanzaron para conquistar la Copa del Rey 2011, pero apenas marcó una vez. Claro, los tiros libres estaban prohibidos porque estaba Kaká y había desembarcado un tal… CR7.
Más tarde llegó Benfica y una catarata de títulos. Y siempre los goles como valor complementario para un defensor de buen anticipo y salida clara. Todas virtudes que desde la próxima temporada trasladará al Zenit de San Petersburgo, porque en pleno Mundial se cerró su transferencia tras un gran año con las Águilas, donde conquistó la Liga portuguesa, la Copa y la Copa de la Liga. Y, fiel a su buena costumbre, conquistó 8 tantos.
Lleva casi una década en el exterior y apenas anda por los 27años. Se marchó muy joven para alimentar la histórica sangría de nuestro futbol. Y siempre en silencio. Hoy confiesa que corre mucho menos, pero mejor. Que disfruta de las siestas y que extraña pescar en el Paraná. Que antes de cada partido en el Mundial le transpiran las manos y le duele el estómago, pero que en la cancha se olvida de todo. Sonríe cuando se le recuerda una frase que entregó hace tiempo, cuando después del debut en la selección, con Basile en 2007, pasaron varios años para que volviera a vestirse de celeste y blanco: "A la selección hay que ir para triunfar, no para aprender". Casi una premonición, porque con Alejandro Sabella se consolidó y mañana jugará la final del mundo.
El primer festejo en la máxima división lo disfrutó frente a Rosario Central, nada menos, el 6 de noviembre de 2005, en el clásico de la ciudad, y además sirvió para triunfar por 2-1. Y en España, el estreno en la red también encerró un simbolismo: al Real, en el estadio Santiago Bernabéu, de tiro libre. Habrá que entender que el gol y Garay se pusieron de acuerdo para escribir varias historias juntas. Un trato que, seguramente, se firmó en la infancia y sin fecha de vencimiento. Pero en la selección todavía no estrenó la red. Si el Negro Garay se motiva con los escenarios épicos y las jornadas inolvidables, la final del mundo en el Maracaná lo está esperando.
"Hubo muchas críticas sobre la defensa y el equipo las calló. Por ejemplo, contra Holanda hicimos un trabajo impecable. Demostramos que Argentina no es sólo cuatro o cinco jugadores".
"Nuestro brillo es el equipo. Tuvimos inteligencia, ganas, orden, tuvimos todo y es merecido donde llegamos. Justamente lo mejor del equipo es el equipo, que es lo que nos trajo hasta la final".
"En este grupo todos tiramos para el mismo lado y queremos lo mismo. No hay egos personales. Defendemos todos y atacamos todos. Quizá no lucimos, pero estamos más cerca del objetivo".
"Sabemos los jugadores que tiene Alemania. Respetamos al rival, ningún partido va a ser fácil. Pero no le tenemos miedo a nadie. Soñé toda mi vida con este momento".
24
partidos suma en la selección; uno con Basile, dos con Batista y 21 con Sabella, el DT que apostó por él.
6,16
es el promedio de LA NACION después de sus 6 partidos en la Copa del Mundo.
44
pelotas recuperó en los 600 minutos que lleva jugados en el Mundial; sólo cometió 8 infracciones.



