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Tras el título de 1961 sobrevinieron campañas sólo discretas para Racing, exceptuando el tercer puesto en el torneo de 1963. El de 1965, certamen que el equipo encaró con la conducción técnica de José García Pérez y Ernesto Gutiérrez, arrancó con resultados muy flojos para la Academia.
Finalizada la primera rueda, Racing marchaba último, por primera vez en su historia. La crisis futbolística y económica desencadenó la renuncia de la pareja técnica y obligó a la dirigencia, con el presidente Santiago Saccol a la cabeza, a buscar otro camino. Se apeló a un hombre de la casa para tomar el timón del plantel: Juan José Pizzuti, pieza clave en el campeón de 1958.
Pizzuti dirigió por primera vez al equipo el 19 de septiembre de 1965; fue un triunfo por 3 a 1 ante River, en Avellaneda, con goles de Carlos Castillo y Juan José Rodríguez (2). Siete días después, Racing cayó ante San Lorenzo 2-0, y en la fecha siguiente se alumbraba una serie que perduraría en la historia. El empate ante Atlanta 1-1 inauguraba una serie invicta de 39 encuentros, récord que sólo superó Boca entre 1998 y 1999.
Pizzuti apoyó a jugadores jóvenes; así comenzaron a tener posibilidades en el equipo Roberto Perfumo, Alfio Basile, Agustín Cejas, Rubén Díaz y Juan Carlos Cárdenas, entre otros, que sumaron su capacidad a la experiencia de hombres como Luis Carrizo, Juan Carlos Rulli, Oscar Martín y el Yaya Rodríguez.
El equipo repuntó y finalizó quinto en el torneo del 65, junto con Estudiantes. El certamen de 1966 arrancó con un triunfo ante Atlanta por 2 a 0; con el torneo en curso, llegó desde Italia un refuerzo clave: Humberto Maschio, el hombre que movía los hilos del conjunto. Los éxitos comenzaron a sucederse, y el equipo de José, apelativo que pasó a la historia desde entonces, alcanzó el título el 29 de noviembre, al igualar 0-0 con Gimnasia, en La Plata. Superó por cinco puntos a River, su escolta.
Para encarar la temporada siguiente se sumaron, entre otros, los delanteros Norberto Raffo y João Cardoso. El debut en la Copa Libertadores fue el 8 de marzo, en el Cilindro, con una victoria ante River por 2 a 0. La etapa clasificatoria y la siguiente rueda, las semifinales, quedaron en manos de la Academia.
El rival de la final fue Nacional, de Uruguay. Los choques en Montevideo y en Avellaneda finalizaron con sendos 0 a 0, y el 29 de agosto, en el estadio Nacional, de Santiago, la Academia se proclamó campeón al vencer a los uruguayos por 2 a 1, con tantos de Cardoso y Raffo. Racing se alzaba con la Copa Libertadores tras una maratón de 20 partidos.
Sólo quedaba un paso para alcanzar la gloria completa. Fueron tres las finales ante Celtic, de Escocia, por la Copa Intercontinental: en Glasgow, los escoceses vencieron 1-0; en el desquite, en el Cilindro, Racing ganó 2-1 (goles de Raffo y Cárdenas). Y el 4 de noviembre de 1967, en el estadio Centenario de Montevideo, la Academia llegó a la cumbre con el ya eterno gol de Cárdenas. Ese día, el equipo de Pizzuti formó así: Cejas; Martín, Perfumo, Basile y Chabay; J. J. Rodríguez, Rulli y Maschio; Cardoso, Cárdenas y Raffo. Racing fue el primer campeón mundial argentino.
Las curiosas particularidades del equipo de José:
–La inolvidable Tita Mattiussi tenía un perro llamado Chester, que acompañaba en todos los entrenamientos a Pizzuti y se convirtió en la mascota del plantel.
–Muchos integrantes del equipo tenían un gran apego al aspecto religioso. Cejas era un asiduo concurrente a la Iglesia de la Medalla Milagrosa, en Parque Chacabuco; Mori asistía a la catedral de Avellaneda; Parenti también era un permanente asistente a misa. Además, en varias oportunidades el plantel visitó la Basílica de Luján.
–En una ocasión previa a un partido, Perfumo padecía fiebre y tiritaba de frío. Entonces, Mori le agregó unas “gotas de alcohol” al té azucarado que estaba tomando el defensor. Ese partido, Racing goleó. Y desde esa vez, Perfumo debió tomar té con las asombrosas “gotas” antes de cada partido.
–Basile usaba un saco a cuadros de franela, que no se lo sacaba ni en los días más calurosos.
–En el vestuario, los jugadores escuchaban y cantaban la marcha de Boca. La precursora de esta insólita costumbre fue Tita, que una tarde apareció con el disco y el equipo triunfó. La cábala parecía tener efectos reales: en el único match en que la canción no sonó, Racing fue derrotado por River 2 a 0, en el Monumental.


