Esfuerzo, humor y gol: las claves de Ramón Wanchope Ábila para ganarle la pulseada a Guillermo Barros Schelotto

Wanchope Ábila, feliz en Boca
Wanchope Ábila, feliz en Boca Crédito: Mauro Alfieri
Pablo Lisotto
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23 de abril de 2018  • 11:24

A fuerza de goles y buenas actuaciones, Ramón Ábila logró ganarle la pulseada a Guillermo Barros Schelotto y en la recta final de la Superliga se ganó un lugar en el equipo titular de Boca .

Como nunca lo había solicitado como refuerzo, una vez concretada su compra en julio de 2017 (por decisión unilateral del presidente Daniel Angelici ), el Mellizo dejó en claro que sus variantes como centro delantero eran Darío Benedetto y Walter Bou. Incluso, frente a la rotura de los ligamentos cruzados de la rodilla derecha del Pipa, el DT optó por el entrerriano, e incluso por otras alternativas, como Guido Vadalá, antes del receso de fin de año. Ya en 2018 fue Carlos Tevez quien también ocupó esa posición en el campo.

Pero Wanchope jamás bajó los brazos. Frente a la adversidad que le genera a los futbolistas el hecho de entrenarse toda la semana y no jugar los domingos, el goleador se esforzó aún más para exhibir sus cualidades. Aprovechó al máximo las pocas chances que tuvo y su actitud tuvo premio.

Los dos goles decisivos frente a Newell’s, que pueden valer un campeonato, brillan por ser recientes. De hecho, también fue la primera vez que un centrodelantero de Boca marca por duplicado desde que en octubre pasado Benedetto anotara dos veces en el 4-0 a Belgrano. Pero su aporte va más allá que la cantidad de veces que hace inflar redes rivales. Desde que llegó a la Ribera, entre amistosos y partidos oficiales, el exHuracán jugó 600 minutos, en los que sumó cuatro goles y dos asistencias, aportando al menos una anotación o pase-gol cada 100 minutos. Una cifra importante si se considera que en apenas cinco de los 12 encuentros disputados fue titular, y en cuatro logró completar los 90 minutos.

Los goles de Wanchope ante Newell's

No sólo valen sus festejos. También demostró tener la mente fría en momentos claves, y su generosidad le permitió a Boca sumar cuatro puntos sobre la hora. Ante Talleres jugó apenas 14 minutos. Y eso le alcanzó para lograr un gran control orientado y una asistencia para el 2-1 agónico de Pablo Pérez, que rompió una igualdad que parecía sellada. Y algo similar había sucedido en otra victoria sobre el final, también en la Bombonera, frente a Tigre (otro 2-1). Contra los de Victoria jugó apenas cuatro minutos, suficientes para recibir una buena habilitación de Barrios y asistir a Jara, y cambiar igualdad por victoria.

Otro tanto clave: contra San Martín de San Juan, Spinelli había descontado en un partido que Boca ya tenía controlado, pero con solo cinco minutos en la cancha, Ábila definió con un remate cruzado el 4-2. Y en el amistoso de verano ante Aldosivi (2-2), hizo tres goles, pero solo le cobraron uno.

Jamás me llamaron gordo. Soy grandote. A lo mejor parezco gordo en la tele
Ramón Wanchope Ábila

Con sus ganas y su actitud, Ábila también logró meterse en el plantel. Siempre con una sonrisa, el delantero dejó atrás esas primeras miradas de reojo cuando llegó al club apadrinado por Carlos Tevez, por quien pidió como compañero aún cuando no había pisado el complejo Pompilio. A sus 28 años, el cordobés es uno más del grupo y ratifica cada día que es cierto que soñó toda su vida por esta oportunidad y que lo disfruta desde el rol que le toque ocupar. Que no haberse tomado vacaciones para intensificar en diciembre la recuperación de un desgarro que le impidió despedirse del Globo en la cancha lejos estuvo de ser una puesta en escena para ganarse al hincha. Por sus venas corre sangre azul y oro.

Wanchope Ábila, feliz en Boca
Wanchope Ábila, feliz en Boca

Incluso, como buen representante del humor de su provincia, se ríe de los comentarios en relación a su contextura física. Su peso fue tema de estado cuando llegó a Brandsen 805, e incluso fue el propio Guillermo quien, frente a Talleres, miró al grupo de reemplazos que entraba en calor a un costado del campo y abrió sus brazos mucho más allá de su silueta para señalar que quería hacer ingresar al más ancho de todos: Wanchope. "A lo mejor parezco gordo en la tele", simplificó alguna vez este hombre que, en persona, justifica cada uno de los 92 kilos que reparte en sus 180 centímetros de estatura.

Tampoco le hacen mella las bromas que lo tienen como protagonista. Cuando el último 4 de abril desperdició un penal ante Junior, elevando el balón muy por encima del travesaño, los memes coparon las redes sociales, donde él tampoco pierde oportunidad de manifestar su sentimiento por los colores azul y oro.

"Llevame a Boca. Pagame por gol", le suplicó Ábila a Angelici hace unos años, en medio de un cumpleaños de Carlos Tevez. Aquella declaración de amor descolocó al dirigente, que destacó: "Me gustan esos jugadores, con esas ganas". Con el tiempo le dio el gusto y se lo llevó para la Ribera, aún sin la aprobación del cuerpo técnico. Y aunque finalmente no cobra por gol convertido, Wanchope paga esa confianza de la manera que mejor sabe: inflando redes rivales y contribuyendo, con alegría, en silencio y lejos de toda polémica, a que Boca consiga una nueva estrella.

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