

Encontrá resultados de fútbol en vivo, los próximos partidos, las tablas de posiciones, y todas las estadísticas de los principales torneos del mundo.
TRIPOLI, Libia (De un enviado especial).- Se sabía que era un viaje imprevisible, que algo extravagante podía ocurrir en cualquier momento. En la cancha fueron las rarezas de Saadi Khadafy, el sorteo de tres automóviles en el entretiempo, lo curioso de ver un partido de la selección nacional sin gritos desde las tribunas y pudiendo escuchar cada una de las cosas que gritaron los jugadores y el cuerpo técnico argentino. Pero la fiesta en la que ambos equipos se juntaron tras el partido fue increíble. Inolvidable.
Saadi Khadafy, el dueño de este capricho de un millón de dólares, no podía quedarse sólo con los 84 minutos de trote (y algún lujo de por medio) entre las estrellas europeas. Primero estaba prevista una gran fiesta en una fortaleza que el hijo del líder libio tiene en las afueras de esta capital. Finalmente, la reunión se efectuó en uno de los salones del fastuoso hotel Corinthia -donde estaba alojada la delegación albiceleste-, inaugurado hace apenas un mes, y que es casi un oasis.
Además de las delegaciones completas de ambos seleccionados, estuvieron Fosi Isawi (un jugador retirado al que Khadafy le regaló un Volkswagen Passat -antes del partido-, y un botín de oro en la celebración), el embajador argentino en Libia, Manuel Fernández Salorio, y los vicepresidentes de Barcelona (Anton Pareda) y de Valencia (Jaime Molina Herrera), ambos en busca de nuevas relaciones comerciales con este enamorado del fútbol (Al Ittihad, el club de Khadafy Junior, jugará un amistoso en Mestalla, la cancha de Valencia, en los próximos meses).
Poca luz, mucha comida típica, música árabe con toda la fuerza y luces rojas y verdes disparándose por todo el salón como en una discoteca, mientras en dos pantallas se exhibían imágenes de varios partidos de fútbol de Saadi Khadafy. Así comenzó esta celebración de más de dos horas y que finalizó a la 1 de la mañana del jueves 1° de mayo en este país.
Apenas finalizada la comida, comenzó la hora de Khadafy, que -siempre custodiado por seis hombres vestidos con impecables trajes- comenzó a ser el conductor de la fiesta. Primero, el ingeniero Saadi solicitó la presencia del capitán argentino Juan Pablo Sorin para cortar una enorme torta con los escudos de la Federación de Fútbol de Libia y de la Argentina.
Fue entonces cuando el organizador de esta excursión insólita dejó traslucir su mayor debilidad. Sirvió la porción de torta en un plato y, como si se tratara de uno de los mozos, se la llevó hasta la mesa a Javier Saviola (ya habían cenado juntos en Barcelona, tras un amistoso que Al Ittihad jugó en Barcelona).
A continuación, se dirigió a una enorme mesa donde descansaban decenas de regalos para sus invitados. Uno de sus ayudantes comenzó a llamar a los jugadores. Cada uno de ellos recibió un hermoso balón de cristal con una base de madera, platos con inscripciones de Libia y collares de rosas rojas y blancas.
En ese momento fue cuando los jugadores argentinos empezaron a disfrutar más de la noche. Entre las bromas por la pronunciación de algunos jugadores ("Locas Castromán") y la ocurrencia de alguien que, cuando le tocó el turno de acercarse hasta la mesa a Gabriel Heinze, gritó desde el fondo: "Regalale unas canilleras", en referencia a la infracción que el defensor de Paris Saint Germain le cometió a Khadafy durante el partido. Las carcajadas estallaron cuando llegó el turno del último jugador: Diego Placente. Ya no quedaban balones de cristal, y recibió uno de... madera.
Después, cada uno de los integrantes de la delegación pasó a recibir regalos: desde el sonriente Marcelo Bielsa, hasta el sorprendido jefe de prensa, Andrés Ventura. También hubo una copa de oro para Tariq Taib, que fue considerado el mejor jugador del partido. Cuando los jugadores libios empezaron a vivar a su compañero premiado, Saadi los miró y levantó una mano algo enojado. Todos se callaron de inmediato. Julio Grondona (h.), presidente de la delegación, le entregó a Khadafy un maletín y un banderín de la AFA.
Después, Khadafy -nunca se escuchó su voz por los altavoces- le dictó algunas palabras a un interlocutor que hizo la correspondiente traducción. Agradeció a sus nuevos amigos y, así como comenzó esta locura, la terminó. Salió rápidamente y su corte lo acompañó con gesto preocupado. Fue el fin de la aventura a las puertas del desierto.
TRIPOLI, Libia (De un enviado especial).- Una de las atracciones del partido fue ver jugar a Saadi Khadafy. Pero antes también hubo curiosidades. Fue el único de los once jugadores que durante el himno de Libia no se llevó la mano al corazón. Tampoco participó en la foto del equipo; prefirió quedarse fuera de la cancha.
A los dos minutos, tocó la pelota por primera vez y lo encaró a Esteban Cambiasso; el Cuchu se frenó y el libio le tiró un caño que despertó la ovación de la gente. Se notó que es hábil, pero muy lento. A los 15 minutos llegó el primer horror del árbitro tunecino, Addek Zahmul, porque Khadafy Junior salió de la cancha sin permiso para cambiarse los botines. No le dijo nada. Después, salió dos o tres veces más, se sentó en un costado, tomó agua y luego volvió cuando quiso. Físicamente no está bien. Por quedarse parado quedó en posición adelantada tres veces.
En una de las pocas pelotas que recibió solo, libre de marca, intentó un pase de cinco metros y lo único que consiguió fue dejar el balón en el pecho de Fabricio Coloccini. Se perdió dos goles. Uno por una pifia en el primer tiempo, y otro a siete del final, cuando pateó por arriba del travesaño, cuando estaba mano a mano con Pablo Cavallero. Pudo ser el empate. El balance no fue tan malo. Menos en un partido como éste.



