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Fabián Cubero lo tiene todo. Amor, dinero, salud. Fama, trabajo, futuro. Fabián Cubero no es sólo un campeón futbolero: es tapa de revistas desde que su vida es la misma vida que la de Nicole Neumann, la bellísima modelo. Exitoso cuando patea pelotas al aire, pleno en el calor de su casa, Fabián Cubero es un hombre que tiene el corazón abierto. A los 33 años, horas después de una nueva consagración con Vélez, bajo un refrescante árbol en el abrasador mediodía de Ituzaingó, dice cosas como ésta: "En mi vida conseguí todo lo que quería. Consolidarme con mi pareja, tener hijos, formar una familia. Todo lo que quise lo fui consiguiendo... Bueno, el hecho de estar con la mujer con la que estoy no lo soñé, no te voy a mentir, fue algo que se dio...se dio mucho más de lo que esperaba, eso es una realidad, ¿no? Y en el fútbol, busqué salir campeón. Una vez, dos veces, tres veces, cuatro veces? Me faltaba el quinto. Y ya lo tengo ... Tengo todo lo que siempre soñé".
Símbolo, capitán y referente de Vélez, con 465 partidos no hay nadie más que él con la camiseta de la V azulada sobre sus latidos. Un dato, apenas un dato. La historia la escribe sin números: con sudor en la frente. "Tenemos mística ganadora. Se fueron varias figuras, llegaron chicos con hambre y seguimos arriba. Es un orgullo ser parte de este club", le pone acento a la felicidad. Suerte de sinónimo de campeón. Así lo describe: "Yo soy Vélez. Nací en este club, la gente me dice Vélez, antes de llamarme por mi nombre. Y orgulloso estoy de que sea así".
Cuál es el secreto del éxito . "Llegué a lo que soy focalizándome en el trabajo. Con sacrificio, entrega, descanso, buena alimentación, con todo eso, se consiguen las cosas", cuenta, con una voz que transmite paz. Alejado de la efervescencia que lo envuelve en el campo de juego. Se ríe. "Soy el mismo. Es como que me voy cambiando los chips que tengo en la cabeza. Así soy yo. Trato de saber diferenciar los momentos. La euforia es para el deporte, en la cancha. En mi casa soy otro, muy tranquilo, bromeamos con mis hijas, me hago el payaso; ese temperamento lo dejo afuera", advierte, casi de entre casa.
-Tenés doble personalidad. Un bromista en la vida y un huracán en la cancha.
-Siempre me gustó hacer bromas. A mis hermanos les hacía de todo. Salíamos a la noche, yo volvía dos horas después, en la madrugada, y los volvía locos para no dejarlos dormir. Siempre fui de hacer maldades. Nunca hice bromas pesadas, sólo graciosas, para que todos la pasaran mejor. Yo creo que sirve mucho para integrar grupos, para mantener el vestuario alegre. Sobre todo, cuando las cosas no salen, descomprimís situaciones. A través del buen humor, se arman los mejores grupos.
-¿La exposición desde que estás con Nicole te cambió la vida?
-Y...?Fue fuerte. Mucha gente no me conocía, porque jugaba en Vélez. Y a partir de conocerla, pasé a tomar una exposición mayor. Siempre lo controlé, soy la misma persona, nunca lo tomé para mal. Mi objetivo es mantener la familia unida y en el fútbol dejar todo. No hay secretos.
-¿En qué se transformó tu vida?
-Yo sé que ahora me ven diferente en la calle. Fue un momento, fue una ráfaga de tres o cuatro meses, pero después me fui a México y se frenó un poco. Y... te piden autógrafos, fotos, te saludan más de cuando "sólo era un jugador de fútbol". A la gente le gusta. Yo en su momento le pedía fotos a Chilavert? o quería cruzarme con Francella, por darte un ejemplo. ¿Sabés en qué me cambió la vida? En que pude formar una familia. Lo que siempre soñé lo soñé con ella.
Papá de Indiana, de cuatro, y de Alegra, de casi dos, suele llevarlas a equitación, natación y danza, sus pequeñas distracciones. O, juntos, celebrar el título en Liniers, suerte de campeón familiar de domingo por la tarde. Y no cree en terapias. "Nunca fui al psicólogo, charlo con amigos y con la familia. Yo no necesito, soy tranquilo. Entiendo el juego mediático en el que estamos metidos. Soy un tipo equilibrado, sé que hay cosas que puedo controlar", advierte, relajado, piernas estiradas, en el oasis de la villa olímpica. El caos sigue afuera: aquí es tiempo de una charla distendida.
Recuerda de dónde viene. Una pausa en el camino de la gloria siempre es buena consejera. Mirar hacia atrás: a aquellos días de olas, ojotas y arena. "¿Sabés qué me enseñaron en mi casa? A ser respetuosos. A ser sacrificados y solidarios", sugiere de aquellos días marplatenses. El viejo laburaba en el casino y manejaba taxis, según la época. La vieja laburaba en el hogar. Envolvía en bromas a Cristian y a Soledad, sus hermanos. No pudo terminar la escuela secundaria. Y cuando llegaba la temporada...?"Trabajaba los veranos en una estación de servicio, hacía de todo, era para juntar algo de plata para salir, para comprarme cosas. Y en los partidos de verano acomodaba gente en la platea, juntaba para pasarla bien en las vacaciones", explica hoy, varios años más tarde.
-¿Y qué más de aquellos días? ¿Playa y fútbol, así eran tus días?
-Íbamos a la playa Varese, yo era de la zona del puerto. De aquellos años me queda la imagen de los fines de semana familiares, con amigos, abuelos, tíos, mis viejos, todos alrededor de una mesa. En mi casa se respiraba fútbol marplatense, mi viejo jugó en Aldosivi y Alvarado, mi hermano jugaba en varios equipos, yo estuve en Aldosivi, en Kimberley, pero todos al poco tiempo se hicieron de Vélez, porque yo estoy acá desde muy chico. No miraba mucho fútbol, yo quería jugar al fútbol.
Cubero juega al fútbol. No es un artista, pero creó su propio mundo de fantasía. Amor, dinero, salud. Un nuevo título. Cubero es un hombre exitoso. "El título lo celebro. Pero sólo hasta mañana, eh...", insiste. Cubero ayuda a la suerte: hace todo lo posible para que no se le vaya nunca jamás.
Vélez siempre anda por las alturas. Cubero asiente con la cabeza. Y lanza un par de vocablos que reafirman la sentencia demoledora: quién mejor que la entidad de Liniers en los últimos diez años. "Vélez no es reconocido como debería serlo. Hace cuatro años que estamos en los primeros planos, en el marco nacional y en el internacional, con dos semifinales de Copa. Nosotros obligamos a que se hable de Vélez.?Basta saber, en la intimidad, que estamos escribiendo la historia. La historia de una institución prestigiosa y ganadora, sobre todo luego de los años 90", afirma Poroto.
-¿Y cómo se hace para mantener esa mística?
-Nosotros queremos mantener todo eso, es un trabajo de todos los días. Pero esa etapa es muy difícil de volver a conseguir. La gente se acostumbró a eso y exige. Siempre estamos arriba, ésa es nuestra meta: los cuatros primeros, siempre.
-¿Y vos? ¿En qué te cambió el récord, los 465 partidos en el mismo club?
-Me dio mayor reconocimiento. Un poquito más, al menos. Siempre el hincha de Vélez me halagó, pero a partir de ahora se demostró lo que conseguí en todos estos años. Y es algo muy valioso. Yo siempre me pongo objetivos, pateo para adelante. Apunto al próximo título, siempre, ésa es la mentalidad ganadora que uno tiene que tener en la vida. Logramos un nuevo título, a pesar de que muchos creían que era una etapa de transición. Ahora, no hay que conformarse. En breve, voy a pensar en la Libertadores y así...
-¿Y cuán lejos está el retiro? ¿Cuántos años más?
-No sé, tal vez dos años más. Lo que sé es que yo me voy a retirar acá, salvo que aparezca una locura de afuera.

