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"Hay que meterle el pecho. En la vida viví momentos más difíciles. Y bueno?" La voz de Luciano Figueroa se quebró, pidió disculpas, subió a un Peugeot 206 negro y abandonó el Centro de Diagnóstico Dr. Enrique Rossi, de Belgrano. El resultado de la resonancia magnética que le realizaron debido a la lesión que sufrió en la rodilla izquierda, anteayer, en el partido ante Estudiantes, confirmaba los rumores que se habían instalado en el Monumental: la rotura del ligamento cruzado anterior, por lo que estará inactivo al menos por seis meses.
El delantero arribó a la clínica a las 15.49 en compañía de un amigo, mientras que en una camioneta -al mismo tiempo- ingresaron el preparador físico del plantel millonario, Alejandro Kohan, y Rodolfo Cuiña, integrante del consejo de fútbol y quien llevó adelante las negociaciones por la transferencia del atacante, perteneciente a Villarreal, de España, por el que la institución de Núñez desembolsó 2.500.000 euros, por la mitad del pase.
Transcurrieron 55 minutos y Figueroa descendió del primer piso, donde se le efectuaron los estudios. Vestido con bermuda marrón, remera negra, zapatillas blancas y una férula negra que inmovilizaba la pierna herida, con entereza enfrentó a los medios. "Cuando el doctor (Luis Seveso) me movió la rodilla la sintió muy floja. Sé que dijo que son los ligamentos", se lamentó. La vida le dio golpes más contundentes -como la muerte en un accidente automovilístico de su hermano Martín-, y con fortaleza superó el mal momento. "Fe me sobra, la familia y mis amigos me apoyan? Pero la realidad es que fue una jugada rara y sentí un ruido en la rodilla, como que se me trabó. No fue por el mal estado del campo de juego, fue el movimiento. Se me trabó la pierna en el pasto. La cancha estaba muy bien a pesar de los recitales -en River cantaron los Rolling Stones y U2-. Una desgracia", afirmó sin consuelo.
El retorno al fútbol doméstico tenía un único objetivo: pelear por una de las plazas para el Mundial de Alemania. Con goles estaba alimentando la ilusión. "Ahora eso se terminó, apoyaré al que le toque ir. De la selección todavía no me llamó nadie; sí mis amigos, los familiares, aunque la verdad no atendí mucho el teléfono. Estaba muy fastidioso y con mucha bronca. Passarella -el DT- me saludó, me dio mucha fuerza, pero acá no pasa por lo que te digan. Pasa por los resultados y ver para cuánto tengo", dijo afligido.
Las lesiones en las rodillas son un estigma para los delanteros de River. En 98 días los millonarios perdieron a tres atacantes por severas lesiones, y se mantendrán alejados de las canchas hasta la próxima temporada. Primero fue Federico Almerares, el 27 de noviembre último, ante Gimnasia y Esgrima La Plata, luego de un choque con Navarro Montoya. Rotura del ligamento cruzado y lateral, y de los meniscos de la pierna izquierda, fue el diagnóstico; el 18 de enero, durante un entrenamiento en el predio de Ezeiza, Radamel Falcao García -había sufrido la distensión del ligamento de la rodilla el 17 de noviembre, ante San Lorenzo- se rompió el ligamento cruzado y los meniscos de la rodilla derecha. Los dos fueron operados y ya están en la etapa de recuperación: ejercicios en la pileta de natación, largas caminatas y el fortalecimiento de la masa muscular en el gimnasio es la tarea diaria.
"Estaba en la cancha y bajé lo antes posible para estar al lado suyo. Los primeros momentos son duros, porque sabés que tenés algo y siempre imaginás lo peor", dijo el colombiano Falcao García. "De la gravedad de la lesión te das cuenta enseguida. La rodilla se hincha, te duele, se siente como si algo se rompió. Es fundamental el apoyo de la familia, y estar con el plantel ayuda a no pensar en lo larga que puede ser la recuperación", agrega Almerares.
Leonardo Talamonti, que llevó hasta su casa a Figueroa el domingo por la noche, dijo: "Hace 10 años que lo conozco y hoy tengo que apoyarlo más que nunca. Lo que le pasó es lo peor", explicó el defensor, que lo conoce desde la época de las inferiores en Rosario Central.
La lesión golpeó el ánimo del plantel y también a la estructura ofensiva que armó Daniel Passarella. El Káiser tenía dos fórmulas de ataque efectivas: Montenegro-Farías y Gonzalo Higuaín-Figueroa. "Me preocupa", atinó a decir el DT, que ahora deberá encontrarle sustituto a un jugador que con goles se ganó el reconocimiento del público, y con trabajo el de sus compañeros.



