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La llegada de Gabriel Milito, y sus posteriores decisiones, generaron preguntas en los hinchas de Estudiantes. La opinión de la tribuna no estaba relacionada a algún detalle táctico o estratégico, sino asociada a los mandatos históricos, a costumbrismos que se repitieron hasta transformarse en un sello de la institución por encima de quiénes se ponían la camiseta para jugar o el buzo para dirigir.
Lo primero que miraron de reojo fue el intento de salir jugando desde abajo. Tal fue así que hasta hubo partidos, al principio, en los que los hinchas respondieron con silbidos cuando sentían que la defensa de Estudiantes estaba moviendo la pelota sin demasiado sentido en el fondo. El segundo punto que se le cuestionaba era la defensa zonal en las pelotas paradas, sobre todo en los córners.

Había un dato estadístico para apoyarse en este último ítem. Mientras estuvo Mauricio Pellegrino durante este torneo , de la 1ª a la 9ª fecha, el pincha sólo había recibido un gol de pelota parada (y de cabeza): Vegetti en el clásico con Gimnasia, tras un córner desde la izquierda ejecutado por Mendoza. Estudiantes no se hizo mucho problema: ganó 3-1

Con Milito, desde la 11ª fecha a la actualidad, el equipo había cambiado la forma de marcar, aunque la idea del DT era que cada zona siempre termine siendo hombre, como debe ser: los futbolistas deben, más allá de defender su espacio asignado, seguir la trayectoria de la pelota y controlar las marcas que tengan cerca. Pero así recibió cuatro goles de pelota parada (tres de ellos, de cabeza). Depetris para Atlético de Rafaela, en una segunda jugada de córner; Roger Martínez para Aldosivi, tras un córner de Seccafien (imagen 2, con los diez jugadores de campo pincha defendiendo en el área); Meza para Gimnasia, tras un córner de Ignacio Fernández (imagen 3); y Boyé para Newell's.

El último de Boyé, con un asterisco. Frente al equipo de Lucas Bernardi fue cuando Milito empezó a modificar la forma de tomar las marcas. Y se lo habían remarcado tanto en las conferencias de prensa, que luego del 0-2 ante Newell's dijo: "Reclamaban marcar hombre, hoy lo hicimos y también nos convirtieron. En la pelota detenida no hay un sistema mejor que otro, es sólo una acción de segundos. No estuvimos precisos ahí".
Lo cierto es que ese gol de Boyé (imagen 4) agarró dormido a los defensores, y si uno observa la imagen, sólo estaba tomado Nehuén Paz, como si el equipo estuviera par marcando hombre a hombre y otros en zona, como todavía asimilando la transición entre una forma de marcar y otra.
Ante Sarmiento, en Junín, en el primer córner en contra (a los 34 minutos, imagen 5), Estudiantes defendió así: dos libres (Mendoza + Gil Romero), cinco marcas hombre a hombre (Desábato, Domínguez, Damonte, Sánchez Miño y Jara), dos rebotes (Lucas Rodríguez y Cerutti) y uno se quedó arriba para la contra: Auzqui.

Seguramente los defensores de Estudiantes se sienten más cómodos tomando hombre a hombre. Y las dudas se potencian cuando las decisiones de un DT no dan resultados. Porque el pincha casi no perdió con Milito, pero sí recibió goles de pelota parada. Es cierto que no hay sistema que garantice el éxito, aunque un técnico también debe entender la idiosincrasia de un club (como cuando Claudio Borghi quiso implementar la línea de 3 en Boca) y percibir las sensaciones de los jugadores a la hora de aplicar determinados sistemas. Quizás no haya un esquema o táctica mejor que otra, pero eso sí lo determina el convencimiento que los futbolistas tengan para aplicarlas.
Un sello histórico de Estudiantes también es la pelota parada a favor. En ese rubro, la llegada de Milito le dio continuidad al potencial, ya que con Pellegrino el equipo había marcado cuatro por esa vía (dos de cabeza) y, con Milito, ya suma cinco en el torneo de Primera División, sin contar el que le anotó a Central por la Copa Argentina (Damonte). Pero el foco estaba puesto en las pelotas paradas en contra. Ahí Milito supo ver un déficit y lo modificó, incluso más allá de sus preferencias.
cl/jt
