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LA PLATA.- Si el 7-0 del torneo anterior había sido un ballet futbolístico, este nuevo triunfo de Estudiantes en el clásico le hizo honor a la frase de cabecera que inmortalizó el Cholo Simeone en su época de jugador: fue con "el cuchillo entre los dientes". Ahora, de director técnico, parece haber sumado espuelas para que su equipo esté siempre despierto, dispuesto a entregar lo máximo, sin renunciamientos. El campeón no se duerme en los laureles ni se da por hecho. Festejó a lo grande en los últimos dos clásicos por vías diferentes. Aquél fue obra de estilistas y éste fue producto de un combate de trincheras.
Demasiadas circunstancias hubo como para esperar un partido normal. La primera fue el estado del campo, con agua en varios sectores y pantanos en los costados. Más allá de la buena voluntad, no había manera de combinar tres o cuatro pases seguidos a ras del piso. La fórmula inevitable pasó a ser el pelotazo, tanto para avanzar como para aprovechar la segunda jugada o las equivocaciones. El otro dato insoslayable fue la expulsión de Calderón a los tres minutos, luego de una agresión a Landa advertida por el juez asistente Rodolfo Otero. A Estudiantes le quedaba por delante un encuentro casi completo con un jugador menos en una cancha que consumía muchas energías. Gimnasia también sufrió prematuramente un perjuicio con la salida por lesión de Ignacio Piatti, su mejor volante, por panorama y distribución.
No es casual que Estudiantes haya impedido que se reflejara la diferencia numérica. Se trata de un equipo armado, que tiene muy asimilado un libreto en el que la solidaridad, la entrega y las ganas de ganar son las líneas argumentales. Gimnasia está bastante lejos de esa dimensión. Está tratando de sacar la cabeza de un cataclismo deportivo e institucional. Y le tuvo bastante respeto al campeón. Impedido de establecer diferencias futbolísticas, salvo por algún intento individual de Cornejo y Leal, Gimnasia tampoco creó superioridad por empuje.
Estudiantes pasó a ocupar más su campo, pero no renunció al ataque, a que los volantes llegaran para acompañar a Pavone; incluso, Pablo Piatti se ubicó como un media punta. El terreno no estaba propicio para Verón, en duda hasta último momento por una contractura muscular, pero igual hizo una demostración de liderazgo y amor propio. En tres trabadas sucesivas, la Brujita dio el mensaje de que estaba preparado para una batalla en la que nadie tenía más galones ni experiencia que él.
Los choques, las fricciones, los forcejeos y los derrapes sobre el barro no dejaban espacio para las situaciones de gol. Sólo un error o una jugada con la pelota detenida podían modificar ese cerrado panorama. Lo consiguió Gimnasia en un córner, tras un rechazo de Andújar y la definición de Landa. El Lobo no tuvo tiempo de trabajar el partido desde la victoria. Enseguida, Verón, con la precisión y el golpe de vista que lo caracterizan, vio un hueco para la entrada de Pavone, derribado por Semino.
Con el 1 a 1, Estudiantes sumó a otro delantero (Lugüercio), mientras Gimnasia, tácticamente, no cambiaba nada para sacar ventaja. El empate sólo se iba a romper por algún detalle o descuido. Más aplomado y seguro Estudiantes, la falla la cometió Gimnasia, en una devolución de cabeza de Verón que encontró mal parado a Gentiletti y aprovechó Pavone con un derechazo cruzado.
Con el 2 a 1, Estudiantes convirtió en gladiadores a Ayales y a Mosquera. Mientras Gimnasia apostaba al mayor manejo de Pacheco, Estudiantes sacaba a relucir la vena épica que lo llevó al título. Recurso que mantiene vivo y le permitió adueñarse de un clásico muy sanguíneo.
Mariano Pavone volvió al gol tras cuatro partidos. El Tanque no celebraba por duplicado desde octubre del año último, cuando marcó dos tantos en el 3-0 ante Lanús, por el Torneo Apertura.
Era de esperar: en la tribuna de Estudiantes, hubo decenas de banderas y pancartas con el número 7, en obvia alusión a la goleada (7-0) del Apertura del año último.
El árbitro Gabriel Favale tuvo una mala actuación: dio la impresión de que se apresuró en la expulsión de Calderón, y después no juzgó con la misma severidad en muchas jugadas. Por caso, debió echar a Braña por una fuerte falta, y ni siquiera lo amonestó.
Con el triunfo alcanzado ayer, el equipo pincha estiró a tres partidos la ventaja que lleva en el historial del clásico. Disputados 141 encuentros, Estudiantes ganó 47, contra 44 de Gimnasia y 50 empates. El último éxito del Lobo fue en el Torneo Apertura de 2005, por 4-1.



