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BUDAPEST (AP).- Nandor Hidegkuti, legendaria figura del fútbol húngaro e integrante del seleccionado de ese país que deslumbró en el Mundial 54, falleció ayer a los 79 años, en esta ciudad, como consecuencia de problemas cardíacos.
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Algunos historiadores dicen que fue el primer centrodelantero retrasado, lo que a la vuelta de los años puede no importar demasiado. Es que Nandor Hidegkuti integró aquella mágica selección magiar que deslumbró en la década del 50 y la referencia habla por sí sola: no existían puntos débiles en aquel conjunto, menos aún si de sus piezas ofensivas se trataba.
Con una especial habilidad para atraer al defensor central adversario y así habilitar con precisos pases a sus compañeros Sandor Kocsis y Ferenc Puskas, Hidegkuti era, además, la fuerza física necesaria en un equipo de estrellas.
En 1953 resultó un factor preponderante en el triunfo sobre Inglaterra en el mítico estadio de Wembley. Ese día, los húngaros ganaron por 6 a 3 (Hidegkuti marcó tres goles) y le pusieron fin al invicto que hasta entonces los británicos tenían en el templo del fútbol.
El Mundial 1954, disputado en Suiza, lo mostró al mundo. Hungría ya se había consagrado campeón olímpico en Helsinki 52, pero la Copa del Mundo era la oportunidad de alzar el trofeo más preciado. El ballet húngaro llegó sin apremios hasta la final, pero en el partido decisivo apareció la tozudez de Alemania y lo dejó con las manos vacías. De un cómodo 2-0 se pasó a un 2-3 impensado y adiós ilusiones.
Como a toda Hungría, aquel 4 de julio le hizo notar a Hidegkuti (pieza clave en los clubes Voros Logovo y Honved, y 68 veces internacional), lo cruel que pueden ser las estadísticas, incluso con aquellos que le pusieron ribetes de oro a la historia del fútbol.



