Huracán-Independiente: el Globo volvió a festejar después de cuatro meses y profundizó la crisis del Rojo

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Rodolfo Chisleanschi
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2 de marzo de 2020  • 23:59

Huracán cantó victoria después de once fechas. Un gol de Norberto Briasco en el arranque del segundo tiempo le dio al Globo un 1-0 sobre Independiente que no justificó en el juego, pero que le sirve para salir del pozo en el que se hallaba metido.

Siempre hay un roto para un descosido. El viejo dicho sobrevoló la cálida noche del Palacio Ducó desde el inicio. Un Independiente descosido por donde se lo mire y un Huracán roto por una extensa racha negativa que le anticipa sufrimiento con los promedios para la temporada 20/21 no presagiaban un fútbol de alta categoría. La realidad, a veces, confirma los pronósticos.

El primer tiempo desnudó las carencias de dos equipos que en otras etapas de su existencia deleitaron por su fútbol exquisito. Muchas más del lado de Huracán. El Globo fue un equipo deshilvanado y sin el mínimo atisbo de cohesión durante 45 minutos que se le hicieron larguísimos.

La pelota fue de los dirigidos por Pusineri gracias a un simple movimiento. Sánchez Miño se movía de la izquierda al centro, Silva ocupaba el hueco y con un volante más el Rojo fue estableciendo superioridades constantes para progresar en el campo y encerrar al local en las cercanías de su área. Pero ahí mostró que lo suyo está muy lejos de ser una prenda bien confeccionada.

El colombiano Andrés Roa jugó por primera vez en la Argentina una noche en la que el Deportivo Cali se llevó una goleada en la Bombonera, pero su habilidad no había pasado inadvertida. En Parque Patricios dio algunas pinceladas de su calidad y tal vez por sentirse en casa quiso ser el jefe que indicara dónde había que dar las puntadas correctas. Lo consiguió por momentos, pero en líneas generales repitió la falta de toque final que viene arrastrando desde que aterrizó en Avellaneda.

De su mano, y de la capacidad de Silvio Romero para salir a recibir y promover la llegada de sus compañeros, Independiente fue construyendo un fútbol convincente en cuanto a la fluidez para el traslado como carente de profundidad.

Bareiro y Sánchez Miño, en lucha a brazo partido
Bareiro y Sánchez Miño, en lucha a brazo partido Fuente: FotoBAIRES

Israel Damonte habrá pegado un par de gritos en el descanso, aunque sin duda lo más efectivo de su tarea en el vestuario fue el ingreso de Mauro Bogado. Con su presencia, Huracán equilibró el desarrollo y con una búsqueda mucho más directa aprovechó mejor su momento.

El Globo salió en tromba al segundo tiempo. Durante siete minutos pareció recordar los fundamentos básicos del juego asociado, de la intensidad y de la convicción. Se llevó por delante al Rojo, que no esperaba semejante transformación. Los quemeros crearon tres ocasiones claras al hilo y en la cuarta, Briasco recibió por derecha a la espalda de Silva y su remate potente y bajo se metió por el palo de Campaña.

Fuente: Telam - Crédito: Luna Alfredo

En la situación de Huracán, que no había logrado ganar en los cinco partidos jugados al mando de Damonte, un gol es una riqueza incalculable. El conjunto de Parque Patricios se aferró 1-0 con uñas y dientes. Retrocedió, apostó a alguna contra vía Chávez que estuvo cerca de concretar, sonrió cada vez que Independiente tiraba a la tribuna las (pocas) oportunidades que dispuso y acabó festejando.

Igual, Huracán no debería engañarse. El 1-0 apenas le sirve para disimular sus roturas. ¿El Rojo? El Rojo ya no sabe por dónde más seguir descosiéndose.

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