Italia 90. Argentina-Brasil: el baile, el bidón, el golazo y el último triunfo sobre una potencia

Barre Dunga y Diego Maradona, siempre grácil, hace equilibrio; el 4 de Brasil intentó derrumbar al 10 argentino en la corrida previa al gol, pero el capitán resistió la embestida.
Barre Dunga y Diego Maradona, siempre grácil, hace equilibrio; el 4 de Brasil intentó derrumbar al 10 argentino en la corrida previa al gol, pero el capitán resistió la embestida. Fuente: AFP
Xavier Prieto Astigarraga
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24 de junio de 2020  • 07:00

Nadie en el plantel estaba vencido de antemano, pero todos se la veían oscura, muy oscura. La Argentina había pasado el grupo con el rabo entre las patas; Brasil, con samba. A falta de certezas futbolísticas, los muchachos del cabulero Carlos Bilardo podían aferrarse a cualquier cosa: antes de irse a la cancha, varios fueron a saludar a la novia de una fiesta de casamiento en el hotel de la concentración. ¿Por qué? Dicen los supersticiosos que las novias dan suerte...

Cada partido del seleccionado en Italia 1990 tuvo lo suyo, pero Argentina 1 vs. Brasil 0 fue el más especial, por clásico, por sorpresa, por épica, por anécdotas, por felicidad... Por habladurías que el tiempo sentencia como mito o verdad. Lleno de condimentos, aquel octavo de final del Mundial, que hoy cumple 30 años, vive en el recuerdo colectivo por esto:

Diego Maradona

Una imagen muy curiosa: la Argentina ganó el clásico, pasó a los cuartos de final y... Maradona festeja con una camiseta de Brasil, que acaba de recibir de su amigo Careca; un desquite tras ser silbado durante los 93 minutos en el Delle Alpi, de Turín.
Una imagen muy curiosa: la Argentina ganó el clásico, pasó a los cuartos de final y... Maradona festeja con una camiseta de Brasil, que acaba de recibir de su amigo Careca; un desquite tras ser silbado durante los 93 minutos en el Delle Alpi, de Turín. Crédito: Daniel Arcucci

Visitante como pocas veces. En ese caluroso 24 de junio, el estadio Delle Alpi (el de Juventus), incompleto con 61.381 personas, tenía amplia mayoría de simpatías verde-amarelas . Nativa y turinesa. Al 10, símbolo de Napoli, símbolo del sur del país, se lo detestaba en el norte, y tanto en la presentación como en cada intervención durante los 93 minutos fue abucheado.

Víctima de 28 infracciones en los tres encuentros previos, Maradona tenía muy averiado un tobillo por una patada soviética en el segundo partido de la zona B. El capitán contaría que por la sangre coagulada, la aguja de la infiltración no entraba, y que él se aplicó la jeringa que el doctor Raúl Madero no podía hundir en esa hinchazón. Hizo poco frente a los brasileños (a los 39 minutos de la mitad final ejecutó su primer disparo al arco en el torneo, y fue un tiro libre), pero lo suficiente...

La superioridad brasileña

¿Fue tal? Por supuesto. ¿Y tan abrumadora? Amplia, muy clara, pero no tan arrasadora como se instaló en el recuerdo general. "Quedó que fue una diferencia muy grande, y mirado más fríamente, vemos que fue menos que lo que se pensó en el momento. En los primeros 30 minutos nos avasallaron, pero después, siempre con predominio territorial de ellos, el juego fue más disputado", afirma ante LA NACION Juan Simón, el mejor argentino del Mundial, hoy analista de ESPN.

Hubo 61.381 espectadores en el estadio de Juventus, en una tarde calurosa de domingo; el francés Joel Quiniou, de desempeño regular, fue el árbitro.
Hubo 61.381 espectadores en el estadio de Juventus, en una tarde calurosa de domingo; el francés Joel Quiniou, de desempeño regular, fue el árbitro. Fuente: LA NACION

Tres tiros en los palos del arco de Sergio Goycochea. Cinco situaciones de gol para la Argentina; 12 para Brasil. Cuatro y nueve, respectivamente, saques de esquina. Pero 24 infracciones verde-amarelas contra 19 albicelestes, con un flojo arbitraje del francés Joel Quiniou. Ése fue el saldo estadístico de un partido que, a partir del gol, tuvo 12 minutos finales de supremacía argentina, incluida la expulsión al capitán Ricardo Gomes por una tremenda zancadilla a José Basualdo cuando el volante se iba solo hacia un mano a mano con Cláudio Taffarel para el 2-0. Era el estreno de la "ley del último recurso", que se incorporó al reglamento pocos días antes de ese mundial. Eso sí: todos los de celeste y blanco sufrieron cuando a los 42 el errático delantero Müller, solo, pifió muy cerca del arco argentino.

Carlos Bilardo

En el vestuario, el doctor no fue el de siempre. "Nos hacía descansar cinco minutos y después nos daba indicaciones, nos decía qué habíamos hecho bien y qué mal. Esa vez estábamos sorprendidos de que no dijera nada. Nos hizo descansar 14 minutos y medio y nos dijo «los de la camiseta amarilla son los contrarios, acuérdense»", le cuenta a LA NACION Ricardo Giusti, titular en aquel domingo. Luego, El Narigón festejaría con una euforia que no se le había visto ni siquiera tras la final gloriosa de México '86.

El bidón y Branco

Dos veces, a fines del primer tiempo, tomó el virtuoso defensor brasileño de lo que le convidaron argentinos, primero cuando el doctor Madero y el ayudante Galíndez atendían en el suelo a Pedro Troglio, a los 39, y en seguida cuando asistían a Maradona, a los 41. La tarde turinesa era muy calurosa. "Galíndez, el masajista, me dio algo. Y tuve problemas serios. Me sentí atontado. Después de un tiempo me encontré con Bilardo en Guatemala y le dije «desgraciado, ¿qué quisiste hacerme?», y me contestó «Branco, en el fútbol todo vale». Eso no influyó en el resultado: Argentina ganó por una jugada genial de Maradona. Si yo hubiese tenido el control antidopaje, podría haber recibido una durísima sanción", se quejaría el lateral izquierdo.

Maradona sabía del chanchullo: lo relató divertido en televisión en 2004. "Yo decía «que tomen, que tomen, que tomen...». Y va el Vasco Olarticoechea y caza y yo le digo «¡Vasco, nooo! ¡Vasco, nooo!». Y se salvó Careca y se salvó Valdo. Yo quería a Valdo. Llevaba a Valdo y le decía «dale, Valdito; dale, Valdito. Tomá, que hace un calor bárbaro». Y se dieron cuenta justo. Branco se la tomó toda. Pateaba los tiros libres y hacía pif...", contó el 10, entre risas generales, con un gesto de caída. "Desde el mundial ese, con Branco no me hablé nunca más. Tenía buena relación, pero... Alguien picó un rohypnol y se pudrió todo", reveló Maradona, por iniciativa propia, sin que se le preguntara. El rohypnol es un sedante.

Pocos estaban al tanto durante aquel 24 de junio. "Te lo digo con honestidad: nunca supe lo del bidón. Tenemos un grupo los del '86, hablamos en todo momento, y nunca alguien, ni en chiste, lo comentó. Galíndez está en el grupo, siempre bromea y nunca dijo nada. Diego era el capitán. A lo mejor sabe cosas que nosotros no", se desentiende hoy ante la consulta de LA NACION Giusti, que entregó a Branco la botella plástica (el bidón no existió como tal) cuando Troglio se reponía del planchazo de Ricardo Rocha. Añade Simón: "Cuatro o cinco jugadores lo sabían. Los demás lo supimos en el vestuario, después. Tampoco sé qué tenía el bidón ni de quién fue la idea. No sé si influyó. Branco terminó jugando el partido". El doctor Madero eludió el tema: "Preguntáselo a Bilardo, no a mí", respondió en 2015 a El Gráfico. Y el director técnico nunca lo negó contundentemente. Más bien, señaló que él nunca permitiría a sus dirigidos tomar agua ofrecida por el adversario.

"FIFA debe investigar ese absurdo. Se trató de una actitud que puede clasificarse como de mal gusto, pero fue una verdadera barbaridad", bramó por entonces, según el diario español Marca, Ricardo Teixeira, el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol. Pero FIFA nunca investigaría: Teixeira no hizo una denuncia formal. Marca indicó que Julio Grondona negó la versión de Maradona. "No estaba en su sano juicio", minimizó el presidente de AFA, citado por el medio madrileño.

Años más tarde, Branco, no obstante la derrota -su única en 12 partidos mundialistas-, la eliminación y las malas artes ajenas, no guarda rencor: "Fue una trampa. Pero yo los perdono, porque la gente hace cualquier cosa en un momento de debilidad. Y ése fue un momento de debilidad de los argentinos".

Claudio Caniggia

Claudio Caniggia ya eludió a Taffarel y está por conseguir el gol más celebrado de la Argentina en los últimos 30 años de mundiales, el que lo inmortalizó como referente del seleccionado.
Claudio Caniggia ya eludió a Taffarel y está por conseguir el gol más celebrado de la Argentina en los últimos 30 años de mundiales, el que lo inmortalizó como referente del seleccionado. Fuente: AFP

El gol más recordado de su vida, aunque el de la semi contra Italia, el anfitrión del arco invicto, sirviera para pasar a la final. Gran ubicación: diagonal de derecha a izquierda para no encimarse con Maradona, que corría hacia él atosigado por varios marcadores escalonados; y todo, evitando siempre el fuera de juego. Perfecta resolución: impecable gambeta a Taffarel y toque preciso, elegante, de zurda. Estelar coproducción con el 10: 50 metros de traslado de pelota, tres gambetas, un caño, un pase, la fina definición. A los 35 minutos de la segunda etapa, golpe al mentón del favorito Brasil. Golpe de nocaut.

"No tengo que recuperar las sensaciones, las tengo intactas. Nunca desaparecieron, es imposible que desaparezcan", sostiene Caniggia después de tanto tiempo. Tres décadas después, se le despierta lo mismo que aquel domingo en Turín, cuando el Pájaro de Henderson se bañó en oro como figura eterna del seleccionado.

Treinta años... ¿son nada?

"Ese partido fue sentir que estábamos como para cualquier cosa. Que podía ponerse cualquiera delante. Ahí empezó el Mundial para nosotros", se retrotrae Simón. Pero la Argentina, aunque llegó a la final, no ganó más en aquel torneo. Un poco más adelante, en 1991 y 1993, disfrutaría las conquistas de la Copa América en Chile y Ecuador, pero serían pocas las satisfacciones desde entonces.

Aquel 1-0 puso dos victorias arriba a la Argentina en el clásico con Brasil (29-27, con 16 empates), cuyo historial se dio vuelta (hoy está 40-42, con 25 igualdades). Y ése es, hasta hoy, el último triunfo sobre una potencia por la Copa del Mundo (en tiempo regular, sin penales). Pasaron 30 años y muchos rivales pesados: Italia, Alemania (cuatro veces), Inglaterra (dos), Países Bajos (tres) y Francia. Once desafíos grandes y ninguna victoria.

En definitiva, más allá de la clasificación frente a Italia en la semifinal (vía penales), ese éxito sobre Brasil tomó carácter de leyenda. Fue lo más festejado en muchísimo tiempo. Pero así como las estadísticas son claras, más difuso es si aquel día fue mayor la injusticia deportiva, la trampa del bidón o la alegría celeste y blanca.

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