Joseph Blatter y dirigentes de Alemania agitan la idea de boicot al Mundial de 2026 por las políticas de Donald Trump
El expresidente de la FIFA se sumó al llamado de no viajar a los partidos en Estados Unidos; políticos y dirigentes alemanes cuestionan las políticas del país del Norte
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La posibilidad de un boicot político-deportivo al Mundial 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá, sumó en las últimas horas un nuevo respaldo de peso: Joseph Blatter, expresidente de la FIFA, llamó a “mantenerse alejados” de los partidos que se disputen en territorio estadounidense. La declaración del dirigente suizo coincidió con el fuerte malestar que atraviesa al fútbol alemán, donde diversas voces plantean abiertamente la posibilidad de renunciar al torneo como forma de protesta por las políticas del presidente Donald Trump.
Blatter, quien estuvo al frente de la FIFA entre 1998 y 2015, citó en su cuenta de X una reciente entrevista del abogado Mark Pieth, ex presidente del Comité de Gobernanza Independiente del organismo, en la que recomendó un boicot de hinchas a los partidos en suelo norteamericano. “Creo que Mark Pieth tiene razón al cuestionar esta Copa del Mundo”, escribió Blatter, al apoyar los dichos del especialista suizo, quien advirtió que quienes viajen “deben esperar que, si no complacen a los oficiales, serán enviados directamente en el próximo vuelo a casa. Si tienen suerte”.
"For the fans, there's only one piece of advice: stay away from the USA!” I think Mark Pieth is right to question this World Cup. #MarkPieth #GianniInfantino #DonaldTrump #FIFAWorldCup2026 #USA
— Joseph S Blatter (@SeppBlatter) January 26, 2026
En la Argentina, el antecedente inmediato que despierta ecos de este debate es el Mundial de 1978, realizado bajo la dictadura militar, que motivó intensos cuestionamientos en Europa. Pero a diferencia de aquel entonces, cuando los gobiernos optaron por el silencio institucional, el contexto de 2026 muestra una exposición pública creciente del vínculo entre deporte y geopolítica, amplificada por el propio accionar del presidente estadounidense.
El epicentro político del debate actual está en Alemania. Allí, la conducta de Trump —particularmente sus restricciones migratorias, su ofensiva diplomática contra Europa y su intento de anexión de Groenlandia— provocó que diversos referentes del ámbito político comenzaran a debatir abiertamente la posibilidad de no participar en el torneo. “Si Trump cumple sus amenazas y lanza una guerra comercial contra la Unión Europea, difícilmente puedo imaginar que los países europeos participen en el Mundial”, advirtió Roderich Kiesewetter, referente en política exterior del partido Unión Demócrata Cristiana (CDU), en declaraciones al diario Augsburger Allgemeine.
Desde el partido Los Verdes, el diputado Boris Mijatovic fue incluso más contundente. “No es seguro para los aficionados viajar a este Mundial”, dijo al semanario Stern. Mijatovic citó como ejemplo los recientes disparos letales de agentes de inmigración contra civiles en Minnesota y señaló: “Solo puedo aconsejar a cada hincha que boicotee los partidos en Estados Unidos”.

Las declaraciones políticas encontraron eco también en parte del mundo del fútbol. Oke Göttlich, vicepresidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB) y presidente del club Sankt Pauli, aseguró que “ha llegado el momento de discutir el boicot”. En una entrevista con Hamburger Morgenpost, comparó la situación actual con los antecedentes históricos de boicots deportivos en los Juegos Olímpicos de los años 80. “La amenaza potencial es mayor ahora que entonces”, afirmó.
Göttlich remarcó que el escrutinio hacia Estados Unidos debería ser equivalente al que recibió Qatar antes del Mundial 2022. “¿Qatar era demasiado político para todos y ahora somos completamente apolíticos?”, se preguntó, y criticó la pérdida de capacidad del deporte para establecer límites frente a gobiernos autoritarios. “La vida de un jugador profesional no vale más que la de innumerables personas que están siendo atacadas directa o indirectamente por el anfitrión de la Copa del Mundo”, sentenció.
A pesar de la fuerza de estas declaraciones, las máximas autoridades del fútbol alemán se apresuraron en desmarcarse de la iniciativa. Bernd Neuendorf, presidente de la DFB, afirmó que se trata de “la opinión de un único representante” del presidium y consideró que el debate es “completamente errado en este momento”. Agregó que la federación prefiere dejar en manos de la política una evaluación más profunda de la situación.
En la misma línea, Hans-Joachim Watzke, presidente de Borussia Dortmund y vicepresidente primero de la DFB, aseguró que el tema “está completamente fuera de lugar ahora”. Por su parte, Jan-Christian Dreesen, director general de Bayern Múnich, recordó que ni siquiera se boicoteó el Mundial de Rusia 2018 tras la anexión de Crimea. “No sabría por qué no deberíamos participar este año. El deporte debe concentrarse en jugar al fútbol”, señaló.
También el gobierno alemán adoptó una postura neutral. La ministra de Estado ante la Cancillería Federal, Christiane Schelderlein, sostuvo que las decisiones sobre participar o no de eventos deportivos “recaen exclusivamente en las federaciones correspondientes” y que el gobierno “aceptará esa evaluación”.

En este contexto, la aparición de Blatter como voz opositora al Mundial organizado por Estados Unidos refuerza una narrativa que vincula los valores del deporte con los derechos civiles. El exdirigente, alejado del fútbol por denuncias de corrupción pero todavía con capacidad de influir, apuntó contra el trato a inmigrantes, las políticas de exclusión y los antecedentes recientes de violencia institucional como razones suficientes para cuestionar la sede.
En diciembre, el gobierno de Trump implementó restricciones migratorias que afectan directamente a los hinchas de Senegal y Costa de Marfil, que no podrán ingresar a Estados Unidos salvo que ya posean visas. La medida se sumó a una primera versión de la prohibición de ingreso a ciudadanos de Irán y Haití, ambos países clasificados al torneo. En palabras de Pieth: “De todos modos, lo verán mejor por televisión”.

El torneo de 2026 será el primero con 48 selecciones y el primero organizado por tres países. Aunque Estados Unidos solo albergará parte de los partidos, es el centro logístico, económico y simbólico del certamen. La violencia institucional, las tensiones diplomáticas y la figura polarizante de Trump plantean un escenario inédito para la FIFA, que tradicionalmente ha buscado evitar conflictos políticos de este tipo.
Mientras el ente rector del fútbol mantiene el silencio, las grietas entre política y deporte vuelven a evidenciarse. Como en 1978, cuando el fútbol ignoró las denuncias de derechos humanos en la Argentina, el Mundial de 2026 corre el riesgo de desarrollarse entre cuestionamientos y divisiones. Esta vez, sin embargo, las advertencias llegaron antes de que se juegue el primer partido. Y la presión internacional podría escalar.
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