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Tarde de verano. El sol golpea con dureza en Burzaco. Los jugadores de San Martín, equipo de la primera C de nuestro fútbol, se preparan para la práctica. Salen del vestuario y antes de ingresar en la cancha saludan con un beso a Gladys Ruifernández. Se trata de la única mujer que preside un club de la AFA. Y, para mejor, gobierna con la ayuda de Sandra Tort, la secretaria, y Cinda Canedo, la tesorera.
Gladys es separada, tiene 41 años y dos hijos, Matías, de 16, y Valentín, de 3. Es ama de casa y desde hace dos años le falta una materia para recibirse de abogada. Pero su relación con el club demoró que el título llegase a sus manos. Todo comenzó en 2003, cuando era revisora de cuentas de San Martín. Desde ese lugar, advirtió que la entidad iba por mal camino. "Vi manejos que no me gustaban. El club estaba por ser gerenciado, pero ofrecían a cambio sólo obras a futuro. Iba a haber un incumplimiento de contrato a la semana, se iba a cortar la luz enseguida. Además, tenían problemas judiciales, y la comisión anterior lo sabía, pero no le importaba."
El día de la asamblea en que se frustró el gerenciamiento, Ruifernández lo compara con la famosa escena de la película Luna de Avellaneda. Y da su opinión: "Creo que la sociedad actual es muy individualista. No nos metemos en las instituciones como lo hacían nuestros abuelos. Lo que pasa en la película pasa en la realidad. Los clubes son muy importantes porque son un espacio para defender la democracia, pero no son valorados".
Su oposición derivó en que la postularan como candidata a presidir la entidad. En diciembre de 2003 fue electa porque no se presentó ninguna otra lista. Entonces empezó otra lucha. El club tiene 300 socios y cuenta con el presupuesto más bajo de la categoría: 10.000 pesos. "Las únicas deudas que tenemos no son exigibles. Las de gas y luz son las mayores. Pagamos en cuotas, como podemos. Nos mantenemos con algunas donaciones o publicidades de vecinos".
El aspecto económico es el más difícil de sobrellevar en la vida diaria. Una anécdota sirve como ejemplo: "Un día jugábamos contra Bolívar y suponíamos que iba a venir bastante gente. Entonces, les prometimos a los jugadores que les íbamos a pagar. Pero vino menos gente y no pudimos hacerlo. Esa noche yo viajaba con mis hijos a Gualeguaychú, pero estaba tan mal que suspendí el viaje. Por suerte mis hijos lo entendieron". Sandra agrega: "Ella vive postergando cosas personales". Gladys casi que se resigna: "Y sí, ésa no fue la primera vez, ni será la última..."
-Como mujer, ¿es difícil presidir un club de fútbol?
-¡Es difícil ser presidente de un club sin importar de que sexo seas! A mí en las reuniones de la divisional me tratan muy bien. Y nos reunimos un par de veces con Julio Grondona -titular de la AFA- con un problema y nos ayudó: como hay muchos partidos en el Sur nos hacían jugar siempre a nosotros los domingos a la mañana. Ahora, por suerte, se rota.
-¿Cuáles son los mayores problemas con los que se enfrenta a diario?
-En el ascenso se administra miseria. No hay ayuda de nadie. Pedimos subsidios y no nos dan. Nos sacaron un predio donde se entrenaban las divisiones inferiores y ningún político vino a ayudarnos.
En un universo casi exclusivamente masculino como es el fútbol, hoy Gladys festeja un Día de la Mujer especial. Igualmente, responde a sus sentimientos sin distinción de sexos y sin escatimar esfuerzos. Una frase resume todo: "El fútbol me gustó siempre. Pero yo todo lo hago por amor al club".
Si el caso de Gladys Ruifernández es especial, el de Héctor Ostua resulta, por lo menos, curioso. Llegó a San Martín, de Burzaco, el 13 de septiembre último y, consultado sobre su relación con la dirigente, comentó: "Yo ya tuve varios años otra presidenta". Ocurre que Ostua, siempre con Norberto Viegas a su lado como preparador físico, fue técnico de Temperley durante 12 años, desde 1988 hasta 2000, durante la presidencia de Edith Pecorelli, la primera mujer que presidió un club de la AFA.
"El trato que tenemos con la presidenta es muy bueno", explicó Ostua. "No creo que existan diferencias con un hombre. Ella tiene un carácter fuerte y es lo que se necesita para su función". San Martín lucha por no descender y por ahora escapa de la promoción.


