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El mundillo del fútbol habilita un sinfín de ridiculeces. Entonces las mentiras, los misterios, las desmentidas forzadas y los hipócritas que se hacen los ofendidos apestan. Cuánto más sencillo es hablar con franqueza y asumir los riesgos de esa sinceridad. Por eso vale resaltar algunas declaraciones que en los últimos días regalaron situaciones reparadoras. "Levanté la mano para que no jugara y eso llevó a la confusión. Fue un error, si tengo que ser castigado, adelante", admitió el árbitro Juan Pablo Pompei. Sí, se equivocó en la gestualidad del fallo que precedió al tiro libre goleador de Abelairas y lo aceptó. Sin eufemismos ni culpas en terceros.
Hay que revolver, pero entre la pestilencia siempre se pueden rescatar discursos impulsados en la sinceridad. "Me preocupa la falta de actitud que mostramos. Parece que los futbolistas se conformaran con jugar en la mitad de la tabla", disparaba Antonio Mohamed el año pasado luego de una derrota de Colón. Hugo Tocalli, todavía en Vélez, explotaba tras una tarjeta roja para Víctor Zapata: "Esta expulsión no es una actitud digna de un profesional". Claudio Borghi, al despedirse de Independiente, no evitaba la autoflagelación: "Lo único que me molesta en la vida es defraudar... y, esta vez, he defraudado". Diego Simeone tampoco se hacía el distraído frente a los turbulentos días riverplatenses: "Me hago responsable de este momento. Haremos autocrítica porque no estamos pudiendo transmitirles el mensaje a los jugadores". Sólo la adversidad revela los verdaderos valores de cada uno.
El triunfo de River sobre Banfield, más allá de estimular la primavera millonaria, permitió descubrir que Néstor Gorosito no se miente cuando juega al solitario. "Si yo sanateo y digo que el triunfo fue espectacular sería un mentiroso", asumió. Reconfortante. "El domingo no jugamos bien. No podemos engañar a nadie", agregó Abelairas. Vivificante. Y Miguel Russo también desatendió las frases caseteras que han anclado en el fútbol cuando le preguntaron sobre su culpa en las tres caídas del Ciclón: "Asumo la responsabilidad del mal momento". Reconstituyente.
Muchas veces, la gente que tiene disposición al debate y descarta las excusas de su vocabulario es observada con desconfianza por el entorno del fútbol. Hasta con algo de desprecio. Son peligrosos. Hace algunos días, el DT Claudio Vivas se mostró arrepentido por sus críticas a Pezzotta, quien dirigió el domingo pasado el choque que San Martín le igualó en el descuento a Argentinos. "Cuando vi otra vez el partido, me di cuenta de que no se había equivocado. Pido disculpas por mis palabras, que fueron desafortunadas", confesó. Se sabe que en la búsqueda de un éxito o una justificación, los recorridos del fútbol contemplan atajos sombríos. Pero buenas dosis de autocrítica e integridad dulcifican el camino hacia la solución.



