La revolución roja: los jugadores de Independiente que revivieron con Ariel Holan

Sánchez Miño, Maxi Meza, Gigliotti, Rigoni, Nico Domingo, Amorebieta, Jonás Gutiérrez, Rodríguez y Benítez rindieron a pleno
Jonathan Wiktor
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20 de diciembre de 2017  

Emmmanuel Gigliotti, un delantero que se volvió vital con sus goles
Emmmanuel Gigliotti, un delantero que se volvió vital con sus goles Fuente: Reuters

Independiente es un equipo reconstruido desde las cenizas. Hace un año, cuando Ariel Holan firmó su contrato, Gabriel Milito acababa de irse por la puerta de atrás después de haberse convertido en una enorme decepción. El plantel estaba muy golpeado por las malas campañas. La sensación que flotaba en el aire era que ninguno de los jugadores, salvo algunas excepciones, estaba capacitado para vestir semejante camiseta. Holan, antes de asumir, sabía que, aunque nadie lo creyera, había margen para el renacimiento.

Juan Manuel Sánchez Miño había sido sentenciado por los hinchas luego de fallar un penal ante Chapecoense, que dejó al Rojo eliminado de la Copa Sudamericana del año pasado en octavos de final. Había llegado al club como uno de los refuerzos más prometedores pero durante sus primeros días no podía hacer pie. El penal desperdiciado en Chapecó fue la daga: Sánchez Miño, antes de la llegada de Holan, estaba a un paso de irse. Su ánimo había sido arrasado.

Diego Rodríguez Berrini tuvo un arranque estelar en Independiente. Pocos futbolistas se habían adaptado con tanta facilidad como lo había hecho él. No había pasado ni siquiera dos semanas cuando el uruguayo ya era dueño de un lugar en el mediocampo. Pero el 11 de abril de 2015, en uno de sus mejores momentos, se fracturó el peroné izquierdo ante San Lorenzo, en el Nuevo Gasómetro. A partir de ahí, y tras una recuperación física que le demandó casi seis meses, su nivel se fue al piso. Estaba empantanado: la obsesión por recuperar el tiempo perdido lo había encerrado en un círculo negativo del que no podía salir. Parecía el final.

Martín Benítez, tras una venta frustrada a Turquía, navegaba todavía en la irregularidad que había caracterizado gran parte de su carrera profesional. No podía el misionero sostener su talento a lo largo de los partidos. Combinaba rendimientos categóricos con actuaciones para el olvido. Iba de un extremo al otro sin escalas: un día era ovacionado por el público y a la semana siguiente se retiraba entre silbidos.

Maximiliano Meza había sentido el impacto de pasar de Gimnasia de La Plata, en donde era la figura excluyente, para ser un actor de reparto. Entre que Milito no le encontraba la posición en el campo y sus pocos destellos cuando le tocaba entrar, la impaciencia popular llevó a que se hiciera un análisis definitivo antes de tiempo: Meza, hace un año, deambulaba en una zona gris, lejos de lo que marca su presente.

Gigliotti en la Copa Sudamericana

Emmanuel Gigliotti jugaba en China, una liga donde los futbolistas suelen ir a retirarse, cuando Holan pidió que lo contrataran. Lejos de la exigencia argentina, el ex delantero de Boca había pasado dos años en una competencia que había reducido sus condiciones. Fuera de ritmo, alejado de su plenitud física y con un pasado cercano que lo había expulsado del conjunto xeneize, Holan vio lo que nadie.

River había descartado a Nicolás Domingo. El mediocampista nacido en Totoras, Santa Fe, buscaba una nueva oportunidad en un grande del país. Independiente le abrió las puertas durante el receso de invierno, luego de que el entrenador del Rojo insistiera por su contratación. Cuando Domingo firmó su vínculo, en Avellaneda no entendieron para qué venía. Muchos creyeron que su mejor momento había pasado.

Jonás Gutiérrez, en la etapa final de su carrera, tuvo un buen campeonato en Defensa y Justicia. Lo que nadie imaginaba era que el ex Vélez iba a estar a la altura de un club de la magnitud de Independiente. Sumado a eso, el Galgo no podía jugar la Copa Sudamericana, por lo que sólo tendría rodaje en los torneos domésticos. Su contratación hizo ruido.

Juan Manuel Martínez estuvo a horas de jugar en Arsenal, que en los últimos dos años sólo piensa en seguir en primera. Vélez le había dado la espalda cuando levantaron el teléfono desde Avellaneda y generaron el primer contacto. El Burrito tenía una posibilidad de regresar a la MLS, pero el Rojo era una motivación de peso como para descartarla.

Fernando Amorebieta, en España, ocupaba sus tardes en el banco de suplentes del Real Sporting de Gijón. Todo indicaba que había pasado su cuarto de hora. Lo mejor lo había dado en aquel Athletic de Bilbao de Marcelo Bielsa que llegó, en 2012, a la final de la UEFA Europa League. Pero todavía le quedaba un capítulo más, en un país lejano y en otro continente.

Holan los recuperó a todos, incluido a Emiliano Rigoni, que en agosto fue vendido al Zenit, de Rusia. En distintas proporciones, cada uno se ganó un lugar en el plantel. Cada pieza del sistema que parecía oxidada pasó por las manos reparadoras del entrenador. La conquista de la Copa Sudamericana y el buen rendimiento en la Superliga durante el 2017 significaron, en cierto modo, la revancha de los olvidados. Tras un excelente año, ahora los miran distinto, como con un aire de admiración.

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