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La serie de cuatro derrotas consecutivas de Lanús había empezado en la Copa Libertadores, con el 1-2 ante Olimpia, en Asunción, de donde volvió con muchas quejas por sentirse perjudicado por el arbitraje. Después vino la seguidilla por el Clausura. Lanús estaba obligado a reaccionar para que la preocupación no se transformara en crisis o prematuros replanteos. En la competencia internacional, donde en los últimos años tuvo más sinsabores que alegrías, corría el riesgo de quedar muy mal parado si anoche no conseguía un triunfo ante el adversario que en los cálculos no debe disputarle la clasificación a los octavos de final.
Hubo alivio para Lanús, aunque se hizo desear más de lo debido y no le permitió aflojarse hasta el pitazo final. La Copa Libertadores lo hace sufrir al Granate, le provoca sustos e incertidumbre.
Cuestión de ansiedad o mala suerte, lo cierto fue que la incredulidad de Valeri era la de todo Lanús cuando en dos minutos, a los 21 y 23 minutos del primer tiempo, sus dos definiciones dieron en un poste y en el travesaño. Lanús necesitaba que su superioridad se reflejara en el resultado para no dejarse llevar por los nervios y la ansiedad. Ya al minuto, un cabezazo de Fritzler, uno de las más empuje y despliegue, había salido desviado.
De entrada, Emelec no se dejó arrollar. Contestó las embestidas locales con algunos ataques peligrosos, uno de los cuales exigió una gran tapada de Marchesín; en otras dos ocasiones, el argentino Lucho Figueroa no llegó a conectar con precisión.
Lanús buscaba con decisión: Araujo se proyectaba por el lateral, Fritzler trataba que la pelota llegara lo más rápido posible a posiciones ofensivas, Valeri distribuía el juego y Pavone exigía con sus desmarques y atropelladas.
Aun sin premio, Lanús realizaba un fuerte trabajo de desgaste sobre un rival al que le fue costando cada vez más cubrir los espacios y no verse en apuros. Emelec debió apelar a recursos extremos para aguantar el empate: a los 36 minutos, José Quiñónez le cometió un foul desde atrás a Pavone cuando encaraba hacia el arquero. La expulsión abrió mejores perspectivas para Lanús, que era superior y sólo debía ajustar la resolución de los ataques. Y también quebrar la férrea resistencia del arquero argentino Dreer (en nuestro país atajó en Arsenal), que con varias intervenciones importantes postergó el festejo local. Emelec intentó rearmar la defensa con el ingreso del zaguero Morante por el delantero Vigneri.
Lanús estuvo cerca con un cabezazo desviado de Braghieri, pero también pudo complicarse si el árbitro sancionaba el penal que le cometieron al ecuatoriano Valencia, a quien le engancharon un tobillo dentro del área.
La entrada de Romero le dio velocidad y desborde a Lanús, que pudo al fin coronar un buen movimiento colectivo con el gol de Pavone. Iban 26 minutos y la ventaja trajo desahogo, aunque Emelec inquietó con un par de remates. Todavía le queda mucho por hacer a Lanús, pero al menos ayer alcanzó una victoria que era impostergable.
El conjunto ecuatoriano no ha podido llevarse nunca una victoria de la Argentina. En ocho encuentros, Emelec apenas empató dos juegos y perdió los otros seis. Además, sólo pudo marcar un gol (en el empate 1-1 ante Vélez, en 1997, en la Copa Libertadores,) y le convirtieron 13.
El entrenador de Lanús selló su vínculo con la entidad granate hasta diciembre de 2012, aun cuando había varias dudas sobre esta posibilidad. Sin embargo, el presidente, Nicolás Russo, que ya había acordado de palabra la continuidad con Schurrer, decidió juntarse con el DT y firmar el nuevo contrato.
Para el juego de pasado mañana ante Argentinos, por el torneo Clausura el DT de Lanús realizará varios cambios en el equipo. Esto se debe a que el domingo próximo viajarán los habituales titulares rumbo a Guayaquil para la revancha ante Emelec, el martes 20 del actual, por la Copa.
El plantel de Emelec se trasladó hasta el estadio en un ómnibus de Chevallier, pero antes de llegar a la cancha de Lanús sufrió un desperfecto (unas siete cuadras antes del destino) y los jugadores del conjunto ecuatoriano debieron acercarse hasta el estadio en varios remises.


